Relatos con música

El monje austero con su guitarra

Foto de principios del siglo XX de la calle Desengaño, donde se encontraba el convento de San Basilio, hoy desaparecido

Miguel García (bueno, llamémosle por el nombre con el que era archiconocido en los ambientes musicales del Madrid de la época, el padre Basilio), era un monje de la orden del Císter, que practicaba la regla de la austeridad, el trabajo manual y la vida contemplativa en el convento que la orden tenía en la calle del Desengaño en Madrid. El convento era conocido también como el de San Basilio, y de ahí el cariñoso alias con el que ha pasado a la historia de la música. Si bien hay que decir que en las enciclopedias y tratados de historia su entrada es más bien magra, pues no se conocen demasiados datos tanto de su vida como de su obra, la actividad que desarrolló entre los años finales del siglo XVIII y los de principios del XIX, le hacen merecedor de una mención honorífica.

La guitarra, en aquella época, era un instrumento menor, máxime si caía en manos de un religioso, cuyo destino musical debía estar vinculado al órgano o a los instrumentos más nobles, propios de acontecimientos religiosos. La guitarra estaba destinada a ser instrumento de tabernas para acompañar seguidillas y tiranas. Incluso Machado llegó a menospreciar este instrumento, cuando escribió:

Guitarra del mesón
que hoy suenas jota
mañana petenera,
según quién llega y tañe
las empolvadas cuerdas

Guitarra del Mesón
de los caminos
no fuiste nunca ni serás
poeta.

Pero vayamos a lo nuestro. El padre Basilio se enamoró de este instrumento y comenzó a cortejarlo como quien corteja a un ser querido.  Al monje se le atribuye la inclusión de la sexta cuerda –antes, sólo disponía de cinco órdenes- y la modificación a la hora de hacerla sonar: cambió el rasgueado por el punteado. 

Su fama llegó a oídos del rey Carlos IV, quien lo hizo llamar, nombrándole maestro de capilla y organista del monasterio de El Escorial. Pero el padre Basilio seguía apegado a su guitarra y no quería saber nada de otros instrumentos, aunque los investigadores musicales dicen de él que era también un excelente organista y compositor. Tan austero era el monje cisterciense, que decidió no guardar ninguna de sus composiciones y se han perdido casi todas. Hay por ahí tres o cuatro partituras en forma de sonata y una de ellas de rondó que se le atribuyen. Pero nada científicamente solvente.

Luigi Boccherini (retrato anónimo)

Su apego a la guitarra era tal, que la reina María Luisa de Parma, esposa del rey Carlos IV le pidió que le enseñara a tocar el instrumento, nombrándole profesor de la corte. 

Si bien es cierto que el monje siguió manteniendo rectos sus preceptos religiosos, tal y como manda la regla cisterciense, mucho más rígida que la benedictina, el padre Basilio saboreó los manjares de la Corte, aunque nunca se vio tentado por ellos. 

Y en esa relación cortesana, conoció a Luigi Boccherini. Algunas de las obras del músico toscano llevan el sello del padre Basilio. Tanto es así que en una de ellas, el Quinteto opus 40 número 2, el compositor italiano reconoce que está escrito “A la manera de tocar del padre Basilio”

Lo reconocerán rápido. La música se ha hecho muy popular, máxime si tenemos en cuenta que el último movimiento es el famoso Fandango.

Gabriel Sánchez

Alumnos de la Facultad de Cuerda de la UMBC, la Universidad de Maryland, Condado de Baltimore, interpretan Quinteto en D Major Op 40 No 2, de Luigi Boccherini:

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