‘El detalle’, final low cost para un matrimonio

UNA LECTURA PARTICULAR DE SUPLEMENTOS LITERARIOS
Las novelas que elegimos cada semana para estas páginas de entre las que aparecen reseñadas en los distintos suplementos inevitablemente llevan un orden cuyo sentido no siempre queda claro: ¿calidad literaria? ¿relevancia del autor? ¿críticas elogiosas…? El criterio suele cambiar; esta semana vamos de lo más cercano, por estar escrita en español y sobre un tema bastante común (El detalle), hasta lo más lejano, una novela que podríamos denominar punk y destructiva (El amo del corral), pero pasando antes por un asunto de denuncia política (y desde la autoridad literaria de estar escrita por un premio Nobel) como es Herscht 07769, de László Krasznahorkai.
En El detalle, el escritor extremeño Jesús Carrasco narra la historia de Felipe y Leticia, un matrimonio que después de 23 años hace aguas “por aburrimiento de materiales”, en expresión del marido ingeniero, que intenta, teniendo con su mujer “un detalle”, recobrar la pasión en la pareja. Ese detalle no es otro que un viaje sorpresa a Novo Mesto, la ciudad eslovena donde se dieron el primer beso cuando el azar los emparejó durante una estancia de estudios Erasmus. Pero la sorpresa terminará derivando en una infausta “aventura” que, tiempo después, recordará Felipe mientras echa la mirada atrás para repasar la vida de la pareja.

En El Cultural, Santos Sanz Villanueva explica cómo “Carrasco vincula varios hilos argumentales distintos. La excursión ocupa un buen espacio y la describe con minuciosos apuntes acerca de un modo actual de viajar. En ella aplica un procedimiento que se convierte en el gran rasgo narrativo de la novela, un costumbrismo testimonial y crítico amenizado con brochazos humorísticos. De tal modo, y tentando un tanto las fronteras del absurdo, aunque sin rebasar nunca la verosimilitud, describe el caos de un aeropuerto y las humillantes mortificaciones que sufren los viajeros; y, sobre todo, se ceba con los vuelos low cost, que dibuja con tintas quevedescas e hipérboles tan ingeniosas como divertidas”.
De este nuevo registro el autor sale airoso, dice el crítico: “luce en estas lides un satírico notable”. No obstante, nos avisa que el tono bufo de dichas escenas no son las dominantes, “sino la nostalgia del bien perdido y la tristeza por el fracaso de los proyectos vitales que la ceguera, el egoísmo y la incomunicación arruinan. Estas percepciones se vuelcan sobre el doble motivo central de la novela, el amor y la pareja”.
El matrimonio elegido por Carrasco para su novela se situaría en la clase media, profesionales licenciados, él un ingeniero asalariado, ella autónoma y ahora funcionaria, con vivienda habitual en Triana, Sevilla, apartamento en la playa, varias hipotecas y un coche más potente de lo necesario. La familia la completan los hijos, “que absorberán, confiesa el narrador, su energía y atención más allá de lo aconsejado por la biología”. Se plasma con fuerza “el paso del amor al hastío. Y ofrece una estampa demoledora del matrimonio al sumar lo testimonial (las averías en el trato íntimo) y lo mental (la alegría primitiva convertida en insatisfacción absoluta)”. La novela capta mejor el desastre emocional en el último trecho, “a raíz de que ella explote”. Antes de eso hay un cierto exceso de costumbrismo que alarga la novela, según Sanz Villanueva, por lo opina que si hubiese recortado en esa parte, “podría, o debería, haber sido una intensa y honda nouvelle”.
Asumir un reto

En Abc Cultural, Pozuelo Yvancos también destaca el riesgo asumido por el autor de El detalle en un registro diferente al suyo habitual: “Jesús Carrasco, que tiene bien ganada reputación como escritor, se mide en esta novela a otro reto: solventar una trama de tema menor y superar el lastre de un asunto tan consabido como la crisis de relación de una pareja de profesionales de clase media (…) Me he pasado la novela pensando qué hacía un escritor de su excelente trayectoria metiéndose en un tema así, pues resulta obvia la dificultad de sortear lo mucho que tiene de esperable”.
Para el crítico, el escritor ha salido “bastante airoso, por dos procedimientos que no le conocía: el sentido del humor, desatado en parodia, y la habilidad narrativa que implica el imaginado desenlace, que añade una emoción no esperable en los momentos anteriores de la trama”.
Le reconoce también, pues, ese rasgo desconocido en Carrasco, lo bien que solventa “la parodia por la vía que cumple el género: la de exacerbar condiciones muy reconocibles del tipo de fila según tarifa contratada, y los derechos o no de equipaje que tal tarifa incluye” (en los vuelos low cost). Todo ocurre de tal modo que al final, ese detalle para con Leticia resulta ser un infierno de molestias que, como era de esperar, no sirven para unir a la pareja sino todo lo contrario. Un historia, dice Pozuelo Yvancos, de la que “bastante bien ha salido Jesús Carrasco, y en hacerlo se nota que es escritor de recursos, pero sigo pensando en la oportunidad de embarcarse un novelista como él en un viaje como éste”.
Krasznahorkai, maestro del apocalipsis
Acaba de llegar a las librerías un nuevo título del último premio Nobel, László Krasznahorkai, Herscht 07769, novela en la que sigue haciendo honor a la definición que le aplicó Susan Sontag: “Maestro del Apocalipsis”.

La novela la reseña para Abc Cultural Mercedes Monmany, de la que escribe (¡atento, lector!): “La brillantísima y sorprendente novela de una sola frase que ocupa 400 páginas Herscht 07769, traducida como siempre de forma magnífica por Adan Kovacsics, y publicada originalmente en 2021, podría representar una síntesis concentrada de los temas y obsesiones que alumbraron su trayectoria”.
Cuenta de él su admiración por Kafka y Beckett, y lo sitúa como “continuador de una línea literaria que iría de Bernhard al ruso Gógol; su amigo, el también Nobel de Literatura húngaro Imre Kértesz, lo definió de forma lapidaria: Desde Nietzsche, la obra de Krasznahorkai representa el único consuelo metafísico posible”.
En esta novela, Krasznahorkai sustituye las pequeñas ciudades húngaras donde “aplicaba ferozmente su humor negro y su ironía”, por esa tierra desolada que se extiende más allá de Berlín, en el Este de la antigua Alemania Democrática, “donde anidan no pocos siniestros grupos neonazis que sueñan con un Cuarto Reich, y en la que la frase lúgubre más exacta que se puede aplicar es la que encabeza esta novela: `La esperanza es un error”.
El protagonista de la historia, Florian Herscht, es un muchacho “grandullón, inocente y de escasas luces que siente pasión por Bach” al que un tiránico “Jefe” tiene “semiesclavizado en una pequeña empresa de limpieza local, dedicada sobre todo a borrar grafitis. Pronto, en medio de ese humus emponzoñado, Krasznahorkai traslada sombríamente el miedo de algunas partes de la Europa Central a caer de nuevo en las peores pesadillas de antaño. Amenazas bíblicas, conspiraciones en la sombra, presagios a través de animales como lobos rodeando la población o aves que se toman su venganza, anuncian catástrofes no solo políticas sino también medioambientales o del cosmos”.
Ese personaje, al que llaman Jefe, es un antisemita nostálgico de Hitler, que dirige un grupo de neonazis locales y quiere que Florian se tatúe como él una Cruz de Hierro en el pecho o al menos “un escudo con el águila coloreada”, a lo que el muchacho se resiste, pues solo anda “interesado en mandarle cartas a la canciller Angela Merkel, ya que como científica lo entenderá, advirtiéndole de una próxima catástrofe o caída en el más absoluto vacío, que él ha descubierto gracias a las enseñanzas de un profesor de física retirado”.
La narración transcurre durante los últimos años de gobierno de la canciller Merkel. Kana es, en el momento de la acción, una pequeña ciudad desesperanzada y asustada, un espacio donde, como en muchos otros lugares de la antigua Alemania del Este, se da un resurgimiento de grupos neonazis escudados en las condiciones laborales, económicas, sociales… No son pocos los que salen adelante trampeando con trabajos ocasionales y recibiendo el célebre subsidio Hartz 4, resume Monmany.
Un oscuro futuro

En cuanto al extraño título, se nos aclara que Herscht 07769 es el número del apartado de correos de Florian, que asustado por una posible catástrofe planetaria escribe sucesivas cartas a la canciller Merkel, que envía desde la estafeta de correos de Kana, esperando una respuesta política e incluso una convocatoria del Consejo de Seguridad Mundial y, sobre todo, que sus cartas no se pierdan en el laberinto burocrático.
La razón por la que escribe esas cartas es porque un profesor de física y meteorólogo, el señor Köhler, a cuyas clases asiste Florian en la escuela para adultos, “le ha explicado la paradoja de que el universo surgiese desde una gran explosión después de que la lucha entre partículas de materia y de antimateria se desempatase a favor de las primeras, algo inesperado, originado desde una especie de vacío”, e incluso viaja a Berlín con la esperanza de ser recibido por la canciller.
Y esta es la metáfora que subyace en el libro, la oscuridad que puede cernirse sobre todos a nivel planetario (por la “indefensión y absurdo del universo”) y la amenaza real, la “gran fuerza destructiva” de estos nuevos lobos que reaparecen para acabar con el sistema y con las libertades que esperan “el día X” para manifestarse plenamente. “Diferentes atentados contra edificios que tienen en común la figura de Bach, grafitis sobre muros de museos, iglesias, molinos o en la fachada de la casa natal del gran músico… suponen el detonante”, con lo que Krasznahorkai traza la gran caricatura y una sátira social, pero también expresa con seriedad la necesaria denuncia del posible regreso de estos “patriotas” tatuados en el pecho con águilas y cruces de hierro.
En El Cultural, Ernesto Calabuig destaca de la novela el gran manejo que hace el autor del ritmo narrativo, su oído afinado para el lenguaje coloquial y los modos de hablar cotidianos, un excelente retrato de la manera de ser y de pensar de los atemorizados miembros de la pequeña comunidad, con sus hipótesis, sus secretos, sus silencios. Y como “la música de Bach aparece como consuelo, como reino y camino hacia el reino, como estructura estable y eterna, sin mácula, frente a la inestabilidad general de los seres humanos”.
El amo del corral

En la edición del 3 de abril de Abc Cultural ya leímos una primera reseña de El amo del corral, la novela de Tristan Egolf, publicada en 1998, y de la que decía Rodrigo Fresán tener una primera edición. Novela que se elogiaba en periódicos europeos y ninguno “Made in USA”, decía Fresán, a pesar de que el autor era norteamericano. Norteamericano, aclaremos, pero nacido en San Lorenzo del Escorial, en 1971 (“por circunstancias familiares”, es lo poco que hemos podido averiguar). Además de escritor era músico. Escribió El amo del corral y ninguna editorial americana se la quiso publicar. Recaló en París, se ganaba la vida como músico callejero y conoció a una joven; se enamoraron, ella era hija del reputado escritor Patrick Modiano… y El amo del corral terminó siendo publicada por Gallimard. Éxito en Europa… y las editoriales USA, entonces sí, la publicaron. Egolf no disfrutó mucho del éxito, a los 33 años se pegó un tiro.
Decía Fresán que Egolf escribía “agitando las memorias de William Faulkner y Mark Twain y John Steinbeck y Sinclair Lewis y Jack Kerouac y John Kennedy Toole, añadiendo truenos y rayos de Kurt Vonnegut y J. P. Donleavy y Edward Abbey y Thomas Pynchon y del por entonces chico maravilla David Foster Wallace”, que no es una mala cosecha de autores.

En Babelia, Laura Fernandez nos cuenta que ese amo del corral se llama John Kaltenbrunner, “un niño prodigio del establo —a los 10 años ya tiene un pequeño imperio de palomas mensajeras y pollos de corral— al que la vida pone la zancadilla una y otra vez. Pero ¿qué pasa cuando a Kaltenbrunner la vida le pone la zancadilla? Que él se venga bestialmente, es decir, recibe el golpe pero lo devuelve multiplicado. Provoca altercados, destruye cosechas, acaba con quien sea que trate de fastidiarle”.
¡Basura de mundo!
“La gran peripecia de la novela (una huelga de basureros) no es más que la excusa para poner de manifiesto el verdadero asco que Egolf sentía por un mundo-basura”, escribe en Abril José C. Vales. La basura es lo único que hace bien el mundo occidental; y la basura no acarrea más que infecciones, insectos, pestilencia y animales carroñeros. El punk, añade, no se distingue por plantearse formulaciones literarias muy elaboradas: la alegoría es tan evidente como reveladora. Y poner de manifiesto esta realidad no es justicia poética, sino “terrorismo poético”.
Al final todo es guerra y enfrentamiento, y así lo ve Egolf, maestro “para arrasarlo todo y desmontar el ridículo mito del sueño americano poniendo en primer plano la vida de la morralla social que sustenta el sistema, con una desesperación combativa, tal vez ingenua, pero honradamente brutal”.
E. Huilson
