Relatos con música

Tocata, fuga y leyenda

Ógrano de la Catedral de Halberstadt, Alemania

Fernando Argenta introdujo en el programa Clásicos Populares, de RNE, una sección que tituló “Si lo llego a saber, compone su padre”. Trataba, con la alegría y el humor que Argenta le daba al programa del que era creador, presentador y alma mater, de aquellas partituras que habían pasado a la historia de la música sin pena ni gloria y que tanto la obra como el autor habían caído en el olvido y eran completamente desconocidas. Tanto esfuerzo del autor, decía Argenta, para que luego nadie se acordara de su composición. 

Relativizando un poco, algo así podría haber pasado con una de las obras más populares del barroco, compuesta por uno de los más grandes músicos que ha dado la historia: Juan Sebastián Bach. Nos referimos a la famosa Tocata y Fuga en re menor, BWV 565.

Un joven Bach pintado en 1715 por Johann Ernst Rentsch the Elder

Leyendas, historias paralelas, poca o ninguna ortodoxia histórica hacen de esta pieza tan conocida una auténtica incógnita. Tanto es así que, a poco que unos pocos se hubieran descuidado, la Tocata hubiera muerto al poco tiempo de nacer.

Los historiadores datan la composición hacia 1704, año en el que Bach era un mozalbete de 19 años, que acababa de conseguir un trabajo estable: maestro de capilla de la Neuekirche de Arnstadt. Al parecer, gustaba al joven Bach probar instrumentos para saber si estaban en óptimas condiciones para ejecutar las piezas que se habían escrito para ellos: violines, cellos, clavecines, órganos…

La Tocata y Fuga la compuso, parece ser, para que cumpliera esta función fiscalizadora de instrumentos. Por eso, en opinión de los analistas, su  partitura es simple y está llena de extrañas anotaciones, poco comunes en la música barroca. Pero es que no se trataba de una partitura al uso, sino de una especie de plantilla para examen: cadencia plagal, es decir una forma de cerrar una parte de la partitura de forma armónica y suave, frente a la tensión que ofrece la cadencia auténtica; octavas paralelas, es decir, dos voces se mueven al mismo tiempo, lo que provoca que se pierda independencia sonora; uso del pedal sin acompañamiento de otras voces, algo inusual en el órgano. Se dice que la primera cosa que hacía Bach al probar un órgano era usar todos los registros y tocar con la máxima tesitura, para ver si el órgano tenía, según sus propias palabras,  «buenos pulmones», es decir, si soplaba lo suficiente como para proporcionarle viento a todo el instrumento. Si no había suficiente viento, la calidad de los tonos se veía afectada. El inicio de la tocata, con sus tres semitrinos iniciales y el uso masivo de acordes arpegiados, serviría como una buena prueba para el sistema de viento de un órgano. 

Felix Mendelson

Pero hay algo más: otros historiadores piensan que esta obra tal vez no estuviera compuesta para órgano, sino para violín. De ahí esas transgresiones extrañas que los expertos han observado en una partitura para órgano. Además, si Bach compuso la pieza con 19 años, no es de extrañar su falta de experiencia en el arte de la composición, pues acababa de terminar sus estudios de música en Lüneburg y se había independizado de la familia recientemente, buscando un trabajo de músico, sin que, hasta ese momento, hubiera nacido en él la pericia como compositor.

La pieza, fuere cual fuere su destino, murió en el mismo año de su composición. Nada se supo de ella hasta el año 1833. Felix Mendelssohn la encontró en un manuscrito, propiedad de un tal Johannes Ringk, compositor y organista alemán, treinta años más joven que Bach. Hay quien osa atribuir la Tocata y Fuga a Ringk, pero queda claro que la partitura lleva la firma de Bach, aunque no la fecha.

El propio Mendelssohn la presenta en sociedad en un aclamado concierto en 1840. A partir de ese momento la obra comienza a ser popularmente conocida y reconocida, todo hay que decirlo. A partir del siglo XX, la Tocata y Fuga en re menor es pieza de culto y de leyenda, como queda patente. Mejor la intriga. Le da más solemnidad a la obra y resplandece la calidad. ¿O no?

Gabriel Sánchez

Tocata y Fuga en re menor, interpretada por el concertista Jean-Baptiste Dupont en el órgano Cavaillé-Coll de la basílica Saint-Sernin, en Toulouse (Francia):

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