Cambio de planes por un recital en la Casa Blanca

El compositor Enrique Granados

La invitación no podía ser rechazada. El presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson tenía el placer de invitar al compositor español Enrique Granados para que ofreciera un recital de piano en la Casa Blanca, aprovechando su estancia en los Estados Unidos. ¡Nada menos que el presidente de los Estados Unidos!  Amparo, la esposa del afamado músico, no sabía a qué tienda acudir para lucir su mejor vestido. Tú, Enrique, le decía, tendrás que volver a sacar el frac del baúl. Manda que te lo planchen en el hotel, y que te almidonen la camisa y la corbata de lazo, que está muy arrugada.

Había cierta euforia en la habitación de los Granados, en el hotel de Nueva York en el que estaban alojados desde el mes de noviembre de 1915. Habían llegado a la gran ciudad norteamericana  para estrenar la ópera Goyescas, convertida en libreto y pentagrama después del éxito obtenido con las impresiones musicales del mismo nombre, divididas en siete partes y que se habían estrenado completas en París en 1914. Tal fue el éxito de la partitura, que la República Francesa concedió al músico español la Legión de Honor, y el teatro de la Ópera le encargó la transcripción de la obra en una ópera. Fernando Periquet se encargaría del texto y Granados haría los retoques necesarios para la transcripción de la partitura de un género a otro.

Cuando la obra estuvo finalizada, Europa estaba en guerra y hubo que suspender el estreno en París.  Y entonces surgió el ofrecimiento del Metropolitan Opera House de trasladar la primicia a Nueva York. 

El bueque Sussex

No era amigo Granados de largos viajes, pero el reto merecía la pena. El compositor se trasladó a la ciudad norteamericana y comenzó los preparativos del estreno. A última hora faltaba el intermezzo, que debió componer deprisa y corriendo el músico español Pablo Casals. Goyescas se estrenó el 28 de enero de 1916. Sólo contó con cinco representaciones y hubo opiniones para todos los gustos. La crítica neoyorquina fue amable. Sólo amable. Pero el músico catalán estaba moderadamente contento. A fin de cuentas, la obra se había estrenado en uno de los templos sagrados de la ópera y su música era reconocida en los Estados Unidos. Por eso recibió la invitación del presidente Wilson con especial entusiasmo. La cita quedó cerrada para el 7 de marzo.

La visita a la Casa Blanca trastocó sus planes iniciales. Granados y su esposa tenían previsto viajar a Barcelona el 8 de marzo de 1916, a bordo del buque español Antonio López, que hacía la ruta Nueva York- Barcelona.  El viaje debió retrasarse y hubo que cambiar el itinerario. Desde Nueva York, el matrimonio Granados viajó a Falmonth (Gran Bretaña), el día 11 de marzo, a bordo del buque de bandera holandesa SS Rotterdam. Los Granados llegaron a la ciudad británica el 19 de marzo. Tras una estancia de cinco días en Londres, partieron del puerto de Folkestone, con rumbo a la ciudad francesa de Dieppe, a bordo del buque Sussex. Esta ruta era más larga que la tradicional Dover-Calais, pero más segura. Las circunstancias especiales por las que atravesaba Europa aquel año recomendaban viajar por zonas poco transitadas por los buques de guerra. Desde Dieppe, tenían previsto llegar a Barcelona en tren.

El buque dañado tras ser torpedeado por el el submarino SM-UB 29 (IWM).

A las tres de la tarde del 24 de marzo, un torpedo alemán, lanzado desde el submarino SM-UB 29  alcanzó de lleno al Sussex, partiendo el barco por la mitad. La proa se hundió inmediatamente; la popa logró mantenerse a flote y pudo llegar remolcada al puerto francés de Bouloigne. El camarote del matrimonio Granados se encontraba en popa, y en él fueron hallados muchos objetos personales y su equipaje. Pero ellos no  estaban en el momento del ataque en la habitación, sino en la otra punta del navío. Más de la mitad de los pasajeros fueron evacuados rápidamente en botes salvavidas. Entre ellos, Enrique Granados que, paradójicamente, no sabía nadar. Cuando ya estaba a salvo en el bote, vio a su esposa Amparo que intentaba mantenerse a flote entre las fuertes olas. Se lanzó en su auxilio. Logró llegar hasta ella, pero estaba exhausto. Testigos presenciales narraron más tarde cómo vieron los dos cuerpos abrazados desaparecer bajo las heladas aguas del Atlántico.

El gobierno alemán se limitó a condenar el ataque, calificándolo de simple confusión. El submarino había confundido el Sussex con un dragaminas. Eso sí: en la nota explicativa manifestaba sus condolencias por la muerte del compositor español. Y ahí quedó toda responsabilidad. 

En el siniestro perdieron la vida 80 personas. Enrique Granados tenía 49 años. Amparo, 42.

GABRIEL SÁNCHEZ

El director David Hattner interpreta el Intermezzo de ‘Goyescas’ de Enrique Granados en la Sala de Conciertos Arlene Schnitzer (Portland, Oregon, EEUU)

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