Semanario Cultural

‘Prohibido morir aquí’. La literatura no es lugar para viejos

“No es que la vejez sea mala; lo malo de la vejez es que dura poco”, escribió el filósofo y politólogo Norberto Bobbio en De senectute, un lúcido ensayo sobre esa época tardía de la vida llena de memoria, experiencia, renuncia y escasa esperanza. 

Sirva la cita para adentrarnos en nuestro resumen de las páginas literarias de algunos suplementos semanales que comenzaremos con las reseñas de una novela –“imprescindible”, “pequeña obra maestra”, leemos– que aborda con ironía el asunto de la vejez: Prohibido morir aquí, de la escritora inglesa Elisabeth Taylor

La escritora Elizabeth Taylor

Apunta en Abril Luis M. Alonso que “las historias sobre la avanzada madurez interesan a medias en la literatura hasta que dejan de interesar del todo”; y en Babelia, consciente de que una historia sobre un personaje afrontando su vejez puede ser poco atractiva, el crítico José María Guelbenzu nos anima a desechar tal prejuicio: “El asunto no invita a la felicidad, desde luego, pero sí a la felicidad de leer. El libro es una pequeña obra maestra, un placer en el que lo deprimente sería perdérselo”. 

Quien consigue que así sea es la voz literaria de Taylor, una de las mejores escritoras inglesas del siglo XX, siglo en el que ha sido “más que notable la calidad media de las novelistas”, como demostraron Daphne du Maurier, Margaret Kennedy, D. J. Stevenson o Muriel Spark, sólo superadas por las más grandes: Jane Austen o Virginia Woolf

Guelbenzu sitúa a Taylor entre aquellas. Es autora de novelas destacadas, como Angel, Una visita al puerto o esta que ahora se publica en España, Prohibido morir aquí, cuyo título original es Mrs Palfrey at the Claremont.

La protagonista, la señora Palfrey, es una abuela viuda que se instala en un hotel-hogar londinense para ancianos acomodados, el Claremont. Siente cierta vergüenza de que nunca la visite nadie por lo que hace pasar a Ludo, “un escritor atractivo que atraviesa dificultades, por su hijo. Ludo, a su vez, tiene su propio secreto: está escribiendo una novela inspirada en el Claremont”, nos resume Alonso.

En la reseña de Babelia se transcribe la descripción que la autora hace de la viuda Palfrey: “una mujer alta, corpulenta, de rostro noble, cejas oscuras y mandíbula de contorno firme. Habría podido ser un hombre apuesto y distinguido y, a veces, cuando se ponía un traje de noche, parecía un general ilustre disfrazado de mujer (…) Aun en sus tiempos de recién casada en Birmania, cuando vivía en condiciones extrañas, por no decir alarmantes, se había mostrado majestuosa…”. Ahora, a esa mujer majestuosa, en el hotel para viejos, “la habían destinado a una de las habitaciones traseras donde se alojaba a las ancianas de pocos recursos que se parecía bastante a la habitación de una criada”. Ese mundo, el que se desarrolla en ese lado del hotel, “es el caldo de cultivo convincente y variado de esta novela”.

A través de sus personajes, y con “una mirada comprensiva”, Taylor hace un retrato soberbio de la clase media inglesa, lo que la convierte en una creadora certera de personajes, de las relaciones entre ellos ante la existencia de sus penosos conflictos. Una clase media a cuyos personajes “retrata y acompaña con extrema lucidez, un fino sentido del humor que apela a la sonrisa más que a la risa y una generosa comprensión, pero les obligará a hacer el ridículo cuantas veces lo exija su condición y su realidad sin refocilarse en ello porque sus pequeñas y tristes vidas sólo tienen valor gracias a la soberbia escritura de la autora”, escribe Guelbenzu. 

Taylor observa y recrea la decadencia inevitable de la vejez con gente reducida al recuerdo de “su orgullo perdido, que late en esa última etapa vital a la que ronda el final y la muerte. Solo que esta realidad no es deprimente en manos de la escritora por más que ella no se engañe sobre lo que está contando: “En este libro brilla especialmente esa lucidez, ese humor y esa compasión que iluminan la decrepitud de los personajes y convierten el texto en una obra de arte que sólo puede suscitar admiración y gratitud en los lectores”. 

Esta novela fue la última que publicó la autora en vida y llegó a ser nominada al Premio Booker. Cuenta Alonso en Abril que finalmente no consiguió el premio porque el juez invitado, el escritor Saul Bellow, se quejó de haber escuchado de manera demasiado insistente para su gusto “el tintineo de las tazas de té” en las páginas del libro. Una ironía que el crítico contrarresta afirmando que Bellow “desconocía, al contrario que Jane Austen, que esa práctica de la domesticidad esconde en ocasiones las verdades más terribles. Son las tazas de té, el fricasé de pollo y esas mínimas copas de jerez (…) las que contribuyen a ejercer una crítica implacable de la Gran Bretaña post-imperial”.

Guardias civiles que también envejecen, pero menos

Lorenzo Silva (F: Carlos Ruiz B.k./Planeta de Libros)

Hace tiempo que Lorenzo Silva se hizo con un merecido reconocimiento en la novela policiaca española por la creación de esa pareja de guardias civiles formada por el subteniente Bevilacqua y la brigada Chamorro, investigadores de homicidios que llevan casi tres décadas trabajando juntos, cuyas andanzas han dado para trece novelas por las que han pasado muchos de los temas que preocuparon a la sociedad española. Llega ahora la decimocuarta entrega, Las fuerzas contrarias, de la que se hacen eco en Abc Cultural y Babelia. En el primero, Pozuelo Yvancos afirma que esta entrega “acusa de varias maneras (y para bien) el paso del tiempo”, pues tiene un tono más melancólico, cambia el modo de relacionarse del teniente y la brigada, que en algún momento de sus andanzas vivieron ciertas “tensiones sexuales”, y también ha cambiado la sociedad española. 

Hay además otro punto que entronca con el inevitable paso del tiempo: la investigación se desarrolla en plena pandemia, con un homenaje explícito “a las mujeres y hombres de la conocida eufemísticamente como Tercera Edad que se despidió entonces en silencio, sin hacer ruido”. 

Hay otras referencias a esa “tercera edad”, con descripciones de las dificultades para manejarse con las nuevas tecnologías impuestas por “la fiebre tecnológica” a la hora de llevar a cabo gestiones por “no solo los bancos, también la administración, incluso el ambulatorio”. Es en ese contexto en el que se desarrolla el caso a resolver. 

Un caso criminal que según el crítico “queda en segundo plano casi, incluso en la etapa final de persecución de la sospechosa me ha parecido algo demorado y prolijo”. Pero que compensa el interés que despierta, para sus seguidores, el que “Bevilacqua se ha hecho mayor y no acierta siempre en su modo de relacionarse con unos guardias jóvenes a los que la novela mira con cariño, pues esas generaciones de nuevos guardias son excelentes. También acusa la novela que la teniente Chamorro anda sumergida en soledad. Los dos se hacen mayores y están solos”. 

Y señala otro acierto, la descripción de “los contextos de la vida social, esas urbanizaciones de adosados de los pueblos manchegos cercanos a Madrid, esa vida de sacar al perro o comprar en el supermercado, y aquellas cosas que, rememoramos todos, no debían hacerse. Abrazarse, tocarse, visitar al enfermo en el hospital, siendo como era tu padre o madre”. 

En Babelia, Juan Carlos Galindo abunda en estas características. “Bevilacqua y Chamorro, los dos guardias civiles con los que Lorenzo Silva ha entrado en la historia de la novela negra española. Están cansados…”  Pero añade un dato en la reseña al que deberán estar atentos los seguidores de la saga. En las páginas finales – cuenta Galindo– se deja intuir por donde irá una posible decimoquinta entrega. El propio Silva comenta a EL PAÍS que el subteniente pasará a tener un destino en la UCO, “lo que quiere decir que podrá intervenir en otras investigaciones, no solo homicidios, aunque con Chamorro seguirá colaborando en ese ámbito. Atentos, por si aparece Ábalos u otros.

De pigmeos y exploradores “hijos de puta”

Albert Sánchez Piñol (Wikipedia)

Las tinieblas del corazón es la última novela de Albert Sánchez Piñol, un título con el que hace una explícita referencia a las aventuras africanas coloniales que Conrad narró en su celebérrima El corazón de las tinieblas. Aquí los corazones en tinieblas son los de los exploradores. En la reseña de la novela en El Cultural, Sanz Villanueva señala el gusto de Sánchez Piñol por “inventar historias, incluso exageradas, y referir anécdotas curiosas y llamativas. Esta afición al relato aventurero y al jugueteo con la fantasía impregna también Las tinieblas del corazón”

Estamos ante una historia con personajes y hechos reales donde se relatan las peripecias de destacados aventureros que exploraron el continente africano, franceses, alemanes y norteamericanos (nos ahorraremos la lista de nombres), en busca de los legendarios pigmeos. “Sánchez Piñol detalla sus muchas peripecias en busca del mito que solían identificar con tribus aborígenes africanas. De ahí sale un repertorio de riesgos mayúsculos y sucesos espectaculares por exóticos o dramáticos que incluye matanzas tribales, genocidios, canibalismo, esclavitud, ritos primitivos…, amén de toda clase de injusticias causadas por las inhumanas ambiciones del colonialismo” resume Sanz Villanueva, unas peripecias contadas con abundante documentación. Esto tiene en sí su interés, aunque a juicio del crítico es mayor el que despierta la pasión malsana,  y la enfermedad del alma de aquellos exploradores: “En realidad, todas esas biografías convocadas constituyen una galería de fanáticos, de mentes calenturientas y dañinas. Lo que vemos son las tinieblas del corazón de esos insignes científicos”, explica.

Y cifra el encanto del libro en cómo lo escribe el autor, que no esconde sus opiniones en una comunicación directa con el lector. De hecho, esa presencia “apabullante en el texto” la muestra sin disimulos escribiendo en primera persona expresiones como “me resulta muy desagradable”, hablando de un personaje, o calificando a otro: “era un hijo de puta”.

Desde esta complicidad coloquial y humorística, concluye la reseña, “convierte Sánchez Piñol su examen de ese puñado de tipos excepcionales en un cuento que imanta. Se disfruta mucho con Las tinieblas del corazón, con esta novela de unas vidas novelescas, aunque a uno le traigan sin cuidado los pigmeos”.

Otras reseñas de andar por casa

Por no alargarnos mucho, dejar constancia que en Babelia también pueden encontrar la reseña de la novela que acaba de publicar el periodista de El País Ruiz Mantilla y una entrevista con Juan José Millas, articulista en ese mismo diario, que recientemente publicó Este imbécil va a escribir una novela, de la que ya nos hicimos eco en estas páginas. Y en Abc Cultural, Karina Sainz Borgo reseña la primera novela (¿o reportaje?… Se pregunta la reseñista) del que fuera consejero delegado del grupo Vocento hasta hace un año, Luis Enríquez, al parecer de gran interés. Está prologada por José F. Peláez, experto en marketing, al que pueden haber leído en su faceta de articulista en ABC o El Norte de Castilla. C’est tout.

E. Huilson


Un comentario en «‘Prohibido morir aquí’. La literatura no es lugar para viejos»

  • Interesantísimo. Pobre Taylor, Bevilaqua y Millás. Y el imbécil q escribe sus novelas…

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