Semanario Cultural

‘Oxígeno’, respirar y novelar

La escritora madrileña Marta Jiménez Serrano estuvo a punto de morir en noviembre de 2020 a causa de una fuga de gas de la caldera del piso que tenía alquilado con Juan, su pareja. En unos meses se publicaría su primera novela, Los nombres propios, que cosechó buenas críticas. El azar hizo que durante la imperceptible fuga de gas Juan saliera un momento para comprar un fármaco contra el dolor de cabeza y que a la vuelta llegara a tiempo para asistir a Marta, que, ya inconsciente, se había caído intoxicada por el monóxido de carbono, y golpeado la cabeza. Cinco años ha necesitado la escritora para contarlo en forma de novela. Lleva por título Óxigeno. Con motivo de su publicación la han entrevistado en Babelia y reseñado el libro en algunos suplementos, entre ellos, El Cultural.

Marta Jiménez Serrano (F: Twitter)

En la entrevista del suplemento de El País, Sergio C. Fanjul califica la novela como de “no ficción”, pues se relatan los hechos como ocurrieron, aunque la autora aprovecha para abordar asuntos tangenciales como “la peripecia de una pareja que busca piso de alquiler en Madrid, la reflexión sobre la propia muerte y la muerte de los seres queridos, los desorbitados precios de la vivienda, el trato con la casera lejana (que, aun siendo real, parece una villana inventada), las peripecias de las continuas mudanzas o las dificultades para encajar un trauma en la apresurada realidad circundante”. 

Cuenta la novelista que para ella el reto era sacar de la anécdota un relato universal, “por muy bestia que fuera para mí, porque no deja de ser una anécdota”. 

El suceso le provocó una larga reflexión sobre la muerte: “Con la muerte pasa como con el amor y otras palabras grandes, que solo tenemos un término para englobar muchas experiencias distintas (…) Comparado con morir ahogado, morir quemado, morir enfermo; morir por el monóxido es relativamente grato. Lo doloroso fue más bien el volver a la vida, no el ir quedándome dormida”. Y se lamenta de lo frustrante que fue la incomprensión de los demás, que enseguida daban por despachado el asunto, dada la supervivencia de la víctima, y que no sabían acompañar un dolor que iba a ser mucho más largo y requerir no poca terapia y reposo: “Toleramos muy mal la tristeza ajena: había mucha prisa porque yo estuviera bien”.

Autoficción para superar el dolor

Fanjul escribe de Oxígeno que es un libro “híbrido y fragmentario, a la manera contemporánea”, como es contemporánea la literatura del yo: “las redes sociales nos hacen protagonistas de un mundo, dueños de un relato, y también los lectores están ávidos de conocer otras peripecias vitales, y reales, con las que identificarse, indignarse o asombrarse. Hay quien lo ve como el signo de los tiempos (…) hay quien lo ve como gente sin capacidad de fabulación contando batallitas”. 

En la crítica de la novela que publica Santos Sanz Villanueva en El Cultural no habla tanto de “no ficción”, sino que utiliza un término más contundente: “autoficción absoluta”, para aclarar a continuación que, “aunque este tipo de escritura suela acompañarse de elementos imaginativos o ficticios, ella (la autora) no recurre a nada inventado. Solo se refiere a un suceso traumático del que fue protagonista y que cuenta ella misma con su nombre propio”. El accidente ocupa muchas páginas de una obra poco gruesa y de letra grande, explica el crítico, y es el centro anecdótico de una narración que se extiende hacia antes y hacia después de aquel fatídico sábado cuando se produjo el accidente: “El pasado recrea la historia sentimental de la pareja y rescata noticias familiares. El futuro se fija en las consecuencias traumáticas, en los temores que obligaron a Marta a tratamiento psicológico”.

Resalta Sanz Villanueva que, de los materiales adyacentes al núcleo principal, el accidente, lo más notable es la relación de Marta y Juan. “Esta línea presenta una hermosa historia de amor, algo romántica e idealista, pero equilibrada por un lúcido análisis de cómo se fragua un trato personal abocado al establecimiento de una pareja sentimental. Hay deslumbramiento y pasión, y una fina observación de los matices que sedimentan el trato”.

De Juan, su pareja, no se dan los apellidos, pero se trata del escritor Juan Gómez Bárcena, explica el reseñista, hoy expareja de la escritora madrileña, según se revela en la entrevista de Babelia.

El crítico de El Cultural valora que “algo tan real y simple, aunque dramático, como un percance doméstico adquiere empaque narrativo en la intimista crónica verbal de Marta Jiménez, quien sabe convertirlo en un relato cálido y emocionante que se lee de un tirón”. Pero fiel a su tesis de que la narrativa española adolece desde hace algún tiempo de un exceso de “autoficción”, vuelve sobre el asunto y critica “la extendida afición de muchos escritores actuales a aprovechar cualquier materia privada como motivo para escribir un libro”. Y para estudiosos del fenómeno cita un “interesantísimo ensayo de Carlos Clavería, No me cuentes tu vida”. Una prueba más, dice, “del serio déficit de fuerza inventiva que lastra nuestra prosa narrativa desde hace tiempo”. 

Venezuela en las portadas y los libros

Con el ánimo de mantenerse apegado a la actualidad, y no solo literaria, Cultura/s ha tenido la feliz idea de dar cuenta de algunas novelas, más o menos recientes, que nos pueden ayudar a “entender la Venezuela actual”, con un reportaje que firma Mey Zamora, y que inicia recordando la autoría de Cortázar del concepto “libro latinoamericano”, que fue acuñado por el argentino en una charla impartida en la Universidad de Berkeley en los años ochenta. Hacía referencia el término “al estrecho vínculo que unía la escritura y la exploración de la realidad y de los problemas sociales y políticos de sus países de origen por parte de los autores latinoamericanos”. Escribía sobre esto recientemente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos la venezolana afincada en España Michelle Roche Rodríguez, autora de la novela Malasangre, de 2020, en la que recogía la época de la dictadura de Juan Vicente Gómez.

De los publicados recientemente en nuestro país por autores venezolanos que abandonaron su tierra, el reportaje destaca hasta cinco novelas que “permiten acercarnos a estampas de esa nación, hoy en horas inciertas”. 

En La hija de la española, de la que es autora Karina Sainz Borgo, se narra el desasosiego vital de Adelaida Falcón. La narradora, que ha perdido a su madre, se queda sin nadie –no conoció a su padre y su pareja ha muerto por represalias del régimen– ni nada–el hambre y la falta de recursos se han extendido–. En el marco de una Caracas desolada, la protagonista, que ha visto de cerca el miedo a un régimen que impone su ideología y siembra el terror de la mano de “los hijos de la revolución”, abandona el país y sus recuerdos ayudada por la hija de una española que emigró a Venezuela durante la Guerra Civil. 

También transcurre en una Caracas violenta como escenario, la trama de The night, de Rodrigo Blanco Calderón, considerada por la crítica como “una obra clave sobre el chavismo, en la que juega con el lenguaje y la intertextualidad”, actuando como metáfora de la realidad del país.

Por su parte, María Elena Morán en Volver a cuándo (la novela obtuvo el Premio Café de Gijón 2022) relata el drama de tres generaciones de mujeres: “La abuela cuidará a la nieta mientras la madre, Nina, se irá a Brasil en busca de nuevas oportunidades y medios que le permitan rescatar a su hija. Hay escenas conmovedoras que plasman la miseria que se ha instalado en sus vidas, con escasez de alimentos y cortes de suministro eléctrico”.

El sueño del jaguar, reciente y muy aplaudida

Miguel Bonnefoy (F: Aurelie Lamarchere/Libros del Asteroide)

Recibida con entusiasmo por la crítica, premiada por la Academia Francesa, la novela El sueño del jaguar, de Miguel Bonnefoy (parisino, hijo de padre chileno y madre venezolana), de la que ya dimos cumplida cuenta en estas páginas, relata con aires de realismo mágico las vidas de superación de sus abuelos en Maracaibo. Cuenta la historia de Antonio Borjas Romero a quien crio una mendiga tras ser abandonado a las puertas de una iglesia y de cómo terminará convirtiéndose en un reputado cardiólogo, y su mujer, Ana María Rodríguez, ginecóloga y primera mujer médica del estado de Zulia.

La historia de ambos tiene como telón de fondo la historia de Venezuela y llega hasta nuestros días. Se menciona cómo la extracción de petróleo propició un desarrollo y unos cambios espectaculares, a los que después seguirían políticas dictatoriales que acabarían sumiendo al país en un caos.

Miriam Reyes (Librújula)

Y para terminar no podía faltar la más reciente de las citadas, La edad infinita, de Miriam Reyes, un relato autobiográfico en el que interpela y cuestiona a un país, Venezuela, que pasó a ser parte de su identidad. La niña protagonista tenía ocho años cuando sus padres la llevaron a Venezuela desde España. La pequeña hizo aquel viaje con pesar, pero acabó amando e identificándose con esa nación –sus padres nunca lo hicieron– donde se hizo adulta. En un tono poético y de confidencia este volumen explica una historia personal e íntima pero también el devenir de Venezuela. Con la revolución cubana como espejo y la música de Silvio Rodríguez, creía encarar un futuro esperanzador. Sin embargo, en 1989, al poco de llegar allí, lo que se impuso fue el toque de queda, la suspensión de derechos, los saqueos y el ejército en las calles. Reyes declara su amor por un país donde se volvió imposible seguir viviendo y que la hizo regresar a España.

Noticia del Premio Nadal

Del mundo editorial llegó el día de Reyes la noticia de que el Premio Nadal se lo habían dado a David Uclés, el escritor estrella de 2025, que lleva vendidos unos 300.000 ejemplares de La península de las casas vacías, editado por Siruela. 

David Uclés (Esquire)

En El País escribía a las pocas horas de conocerse la noticia Nadal Suau un divertido artículo en el que interpretaba el premio como un episodio más de la guerra editorial en España: “Ahora mismo, Uclés no necesita el premio, el empuje de su marca personal se basta para convertir una nueva novela en un acontecimiento, y aunque a los números del Nadal les sentará de maravilla uncirse al carro victorioso de La península de las casas vacías, la auténtica explicación del veredicto estriba en el fichaje de una estrella de la competencia”. A la par, argumentaba como éxitos como el de Uclés “no se explican ni dejan de explicarse por lo literario (o lo musical, cinematográfico, etcétera), sino por la construcción de una presencia pública. Esto no es exclusivo de Uclés, sino signo de los tiempos, y dice tanto de nosotros como de su protagonista convertido en espejo. A fin de cuentas, no sabemos quién hay realmente detrás de una celebridad más allá de lo que su personaje deja ver”.

El director de Abc Cultural, Jesús García Calero escribía sobre el particular sin citar expresamente el premio, aunque sí uno de los mecanismos que acompañan a un fallo, la plica. Escribe Calero un ingenioso cuento del que extraemos unos párrafos: “La plica tiene vocación de incógnita, pero se despeja como un ente de ficción. Refleja un lejano temblor infantil: el desvelo en la noche de Reyes. Si te pillan… La plica representa una verdad lacrada, un secreto portátil, discreto, una pequeña fórmula escondida que desemboca en un acto de fe (…) Es una representación –la plica–, su lacre es transparente, pero no importa, porque es liturgia de los premios literarios, de los nervios finalistas que se deshacen como nuditos gordianos de juguete con una espadita de madera. La plica es compatible con el secreto a voces en el baño, que se autopercibe narrador sentado sobre un váter y lo cuenta, mientras hay comensales que están en el ajo, como ascensoristas que saben y callan, o periodistas que otorgan, porque queremos creer que los tiempos están cambiando”. 

Finalmente damos cuenta de la opinión al respecto del director de Abril, Álex Sàlmon: “Los premios que da Planeta están bien ordenados”; así “el último Premio Planeta a Juan del Val está encajado a la perfección en la serie histórica de galardonados, sobre todo teniendo en cuenta cómo ha cambiado la realidad social de la literatura de este siglo (… ) y ahora la lógica de la opinión editorializante está en los programas de máxima audiencia”. 

Y siguiendo esa lógica el Premio Nadal a David Uclés es coherente: “Un premio muy literario, cuyos seguidores –o sea, compradores– son lectores de novela al uso y no de estrellas de televisión. La coherencia del jurado fue evidente, y la alegría de incorporar al autor de moda en los dos últimos años, con ventas decentemente millonarias por su La península de las casas vacías, también”. 

Amén, pues.

E. Huilson

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