Semanario Cultural

Martín Gaite en el año de Trump y Musk

(La lectura como terapia)

Como reza el título del programa de fin de semana de RNE, “hoy no es un día cualquiera”. No, no lo es porque hoy Donald Trump se convierte en el 47º presidente de los Estados Unidos ante un mundo expectante y el aliento contenido. Una manera arriesgada de empezar este año en el que se cumplen cien del nacimiento de Carmen Martín Gaite. Del porqué traemos aquí su nombre a colación, a ella y a su obra literaria, con Trump, en este particular vagabundeo por los suplementos literarios lo van a comprender según vayan avanzando en la lectura. De momento empecemos con libros que hablan de presidentes norteamericanos o altos cargos de su administración. Abril recoge en sus páginas esta semana un reportaje sobre obras emblemáticas, y otras más recientes, que abordan las peripecias de figuras como Alexander Hamilton, Abraham Lincoln, John Fitzgerald Kennedy y Barack Obama. Escribe Irene Benedicto: “Son los elegidos de la historia –y la literatura– americana, los que forman parte del imaginario popular por liderar el cambio en mitad de la agitación social, o incluso causándola, y pagándolo con la muerte. Como Hamilton, Abraham Lincoln y John F. Kennedy, que fueron asesinados e inmediatamente convertidos en mito, con 100 años de diferencia y motivos similares. Sus biografías ya están escritas hace décadas, pero el hallazgo de nuevos datos hace que todavía haya capacidad de sorpresa en las obras más recientes, bien por la revelación de documentos inéditos, bien por la inventiva en las formas de contarlo”.  Un ejemplo son Equipo de rivales: El genio político de Abraham Lincoln, de Doris Kearns Goodwin y Cartas de John F. Kennedy, de Martin W. Sandler (correspondencia entre otros con Martin Luther King y Nikita Jrushchov), 

Se ha escrito ya mucho asimismo sobre Trump. Destaca entre todos el maestro Bob Woodward (ya escribió sobre los escándalos de la Administración de Richard Nixon en la trama del Watergate) arremetiendo contra Trump en su trilogía Miedo, rabia y peligro

De la incertidumbre que provoca la inminente acción presidencial de Trump, Branko Milanovic escribía hace unos días en Letras Libres: “Nadie, ni él mismo, sabe adónde llevará a Estados Unidos, al Occidente político y al mundo esta amalgama de ideas que ha reunido. Dentro de unos años, veremos su lógica. Puede que Elon Musk sea quien mejor las represente. Pide la creación de una élite global, desvinculada del nacionalismo ideológica, sentimental y psicológicamente, pero que lo utilice con fines políticos para apaciguar a las clases bajas. Es el cesarismo global: rinde tributo a las clases bajas, recoge sus votos, paga las facturas pendientes de sus tarjetas de crédito, pero les da trabajos mal pagados y los ignora como participantes activos en la política salvo en intervalos de cuatro años”. 

Una élite que nos pudre el cerebro (brain rot)

Tim Wu, Michel Desmurget y Bruno Patino

De esa élite global que anhela Musk, de la que, además de él, forman parte tipos como Zuckerberg o Bezos, es el negocio causante de lo que se ha venido a llamar brain rot. ¡Ah!, ¿que no saben de qué estoy hablando? ¡Mejor!, pues según The New York Times, “si sabes lo que significa brain rot es posible que ya lo padezcas”.

Para ignorantes del asunto (yo mismo) es ilustrativo el reportaje que firma José María Robles en La Lectura bajo el título “Libros para curar tu cerebro podrido”. Nos recuerda que El Oxford English Dictionary registró brain rot (coloquialmente “cerebro podrido”) como palabra del año 2024. La expresión hace referencia al “supuesto deterioro del estado mental o intelectual de una persona como resultado del sobreconsumo de material trivial y vacuo, sobre todo en línea”. Alude tanto al tipo de entretenimiento en sí, ya un subgénero masivo, como a los efectos sobre la cognición, y que podría traducirse como podredumbre mental. Es un fenómeno de erosión del que cada vez hay más libros publicados de autores psicólogos, neurocientíficos y críticos del tecno-empacho y la adicción a los minivídeos. Citamos algunos: de Tim Wu, Comerciantes de atención; de Michel Desmurget, La fábrica de cretinos digitales y Más libros y menos pantallas; de Bruno Patino La civilización de la memoria de pez; de Jenny Odell, Cómo no hacer nada, y Reconquista tu tiempo; y un casi bestseller de Jonathan Haidt, La generación ansiosa, que figura en casi todas la listas de recomendaciones sobre lo mejor de 2024. 

Jonathan Haidt y Jenny Odell

El libro de Haidt (profesor de la Universidad de Nueva York) se centra “en las distintas formas en que una infancia basada en el móvil provoca enfermedades mentales”. Argumenta que cuando se publicó el libro (en marzo 2024), subestimó en gran medida los daños, porque las consecuencias para la capacidad de concentrarse y pensar pueden ser mayores de lo que creía: “Mis estudiantes me dicen cosas como: `Leo una línea de un libro, me aburro y saco el móvil´.  Dado que éste es casi siempre más entretenido que cualquier cosa del mundo real, una generación está perdiendo la capacidad de prestar atención completa y profundamente a lo que sea durante más de unos minutos. Esto es lo que significa para mí la podredumbre mental: la pérdida de la capacidad de prestar atención, concentrarse, y estar completamente presenta en las interacciones con las personas, el mundo actual y, por supuesto, los libros”. 

Dice que una posible cura está en retomar la lectura en soporte papel y apunta como prueba que muchos colegios están deshaciéndose de los dispositivos táctiles de aprendizaje para recuperar los libros de texto de toda la vida.

No todos los estudios son tan apocalípticos. Emile Maeve Owens, investigadora en la Universidad de Oslo, ve preocupante que alguien se entretenga durante horas y horas con contenido banal pero no lo reduce a los adolescentes: “los adultos a veces dedican fines de semana enteros para darse atracones viendo series como Mujeres ricas en de Beverly Hills o Las Kardashian. Todos necesitamos apagar nuestros cerebros para relajarnos de vez en cuando. (…) Lo que considero preocupante desde la perspectiva de la salud mental es cuándo y por qué nosotros –no solo los adolescentes– sentimos la necesidad de interactuar con este tipo de contenido vacío. ¿Será porque nos sentimos ansiosos por el estado del mundo y nuestra falta de control sobre eventos aterradores como la guerra, el hambre, los incendios o la crisis climática?”.

Literatura como antídoto

El brain rot termina siendo causante de la falta de atención, de concentración. En el reportaje se alude a cómo universitarios de Standford, Columbia o Princenton son incapaces de meterle mano a tochos como el Ulises de Joyce, Crimen y castigo o La broma infinita. O cómo en los planes de estudios se ha sustituido Moby Dick (688 páginas) por Bartleby el escribiente (112), e incluso que, por atrofia o por apatía, a estos universitarios ya les cuesta leer los 14 versos de un soneto sin distraerse un segundo. En consecuencia, aplicaciones que ponen al alcance resúmenes de libros, como Blinklist, Headway, etc., están desplazando a los docentes.

Por todo ello, resulta que ahora leer una buena novela no sólo amplía tu experiencia, sino que alivia la cretinización que provocan los contenidos vacuos de las redes. Lo argumenta Raymond Ma, profesor de la Universidad de Toronto: “sumergirse en una narrativa sostenida particular, como la ficción de una novela, es como ir a un gimnasio de empatía”. La explicación está en que esa lectura “fomenta la identificación con personas muy diferentes a nosotros porque nos las estamos imaginando. Eso no sucede si sólo ves grabaciones de 30 segundos en TikTok de gente resbalándose con una cáscara de plátano o de gatos cayéndose por la ventana, concluye el periodista y divulgador, Johann Hari.

Martín Gaite y la libertad

Carmen Martín Gaite (Siruela)

Ese “gimnasio de la empatía”, ese fomento de “la identificación con personas muy diferentes”, nos lleva a Carmen Martín Gaite, de la que escribe Andrea Aguilar en Babelia: “Escribía para llegar a otro, para compartir, para crear un vínculo que ella también sentía como lectora”. En un ensayo donde dejó constancia de sus ideas narrativas, El cuento de nunca acabar, dejó escrito: “No basta con querer que unos ojos nos miren y unos oídos nos escuchen: también nosotros tenemos que mirar esos ojos y aprender a graduar el ritmo de nuestra voz para adaptarlo a esos oídos”.

Martín Gaite es portada esta semana en Babelia y también en El Cultural al cumplirse, como decíamos, los cien años de su nacimiento. Nacida en Salamanca, al terminar sus estudios, y tras una breve estancia en Cannes, se trasladó a Madrid, donde, según cuenta Ascensión Rivas en El Cultural, volvió a coincidir con Ignacio Aldecoa (fueron compañeros de estudios en Salamanca) y se integró en un grupo de amigos que con el tiempo configurarían la llamada Generación de los 50, agrupada en torno al Café́ Gijón, grupo del que también formaron parte Josefina Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Medardo Fraile, Carlos Edmundo de Ory y Rafael Sánchez Ferlosio, con el que se casaría 1953. Unos pocos años después publicaría Entre visillos, una novela esencial para entender la literatura del medio siglo, con la que obtuvo en 1957 el Premio Nadal. Apunta Rivas de Entre visillos: “es una obra en la que Martín Gaite refleja el provincianismo que tan bien conocía de su tiempo en Salamanca, y centra su argumento en las relaciones entre distintos jóvenes y sus anhelos vitales dentro de una sociedad hipócrita y mojigata en la que las mujeres raramente cursaban estudios superiores y solo abandonaban la casa familiar para casarse”. 

Fue una figura clave en la literatura española del siglo XX, y muy premiada. Además del Nadal, obtuvo el Premio Café Gijón en 1955 con su primer libro, El balneario. En 1978 obtuvo el Nacional de Narrativa por El cuarto de atrás, y el colofón lo puso el Príncipe de Asturias diez años después. Cuenta Aguilar que el editor Jorge Herralde la bautizó como la “reina de la Feria del Libro de Madrid”. Hoy se mantiene como una de las voces más escuchadas de la llamada generación de los cincuenta.

Martín Gaite y Sánchez Ferlosio en una imagen de los años 50

Para esos nuevos lectores el primer encuentro –escribe Aguilar– llega de la mano de Miss Lunatic y Sara Allen, los personajes de Caperucita en Manhattan. Precisamente este jueves se estrenará en el Teatro de la Abadía la adaptación teatral del libro que ha realizado Lucía Miranda, y el mes que viene, el 27 de febrero, también lo hará el montaje de Rakel Camacho sobre El cuarto de atrás en el mismo espacio. 

Y en marzo llegará a las librerías Carmen Martín Gaite, una biografía, de la que es autor el filólogo José Teruel, y que ha sido la ganadora del Premio Comillas de Tusquets para libros de historia, memorias y biografías. 

Teruel también es el prologuista y quien ha hecho la selección del libro Páginas escogidas, publicado por Siruela y del que se ha dicho que es “una suerte de biblioteca portátil para nuevos lectores de Martín Gaite”. De este libro, el último por ahora publicado de la escritora, el crítico de Abc Cultural, Pozuelo Yvancos, escribía en noviembre, cuando acababa de llegar a las librerías: “Mira que la he leído veces, y cada vez que la leo, como en estas ‘Páginas escogidas’, descubro cosas que nunca había visto. Hasta de un discurso ante el entonces Príncipe de Asturias al recoger su premio compartido con Valente, logra sacar punta fina, dirigiéndose al que sería Rey con la verdad fundamental de la defensa de la palabra, forma y escenario de libertad verdadera”.

Un buen motivo para leer (o releer) a Martín Gaite y paliar, de paso, un posible brain rot del que, ahora sí, ya tienen noticia.

E. Huilson
                                                                                                               

2 comentarios en «Martín Gaite en el año de Trump y Musk»

  • Una columna, llena de buenas reflexiones ,enfocadas a tener un mayor conocimiento de nosotros mismos a través de la literatura, señalando así, su importante función terapéutica. Que indudablemente la tiene.

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  • Brain rot !! Esta forma de consumo que nos convierte en cretinos sin capacidad de pensar ni de estar presentes y atentos a un libro largo pero tampoco a las relaciones. La potencia adictiva y embrutecedora de lo fácil y rápido es peligrosa. Tomo nota y mil gracias por la reflexión.

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