Relatos con música

Una cuadra para Mozart

Casa de Mozart (Salzburgo/Andreas Kolarik)

Se cumple este año el centenario del comienzo de las obras de uno de los edificios ubicados en Europa donde mejor se puede ver, escuchar y disfrutar de la ópera. Y viene a cuento este recuerdo porque es una sede completamente olvidada, que sólo se disfruta durante el  verano o en fechas muy concretas en las que se conmemora algún acontecimiento puntual. El recinto para escuchar ópera debe contar con unas características especiales. No todos los teatros sirven para este fin, pues la puesta en escena, la tramoya, la particular acústica de cantantes –solistas y coros-, la ubicación de la orquesta y otras particularidades propias de este género musical, conforman una serie de características que no todos los recintos cumplen, aunque se utilicen para este fin.

Retrato de Mozart (1789), obra de la pintora alemana Dora Stock

Mozart nació en Salzburgo y, aunque gran parte de su  corta vida la pasó en Viena, la ciudad que le vio nacer ha estado siempre unida a la vida y la obra de uno de los compositores más importantes de la historia de la música. 

Pero en Salzburgo no había un recinto apropiado para representar las óperas que Mozart había compuesto, más de veinte, ni las que habían salido de la pluma de los grandes creadores de este género. 

Hace cien años se decidió construir un recinto que fuera capaz de dar cabida a las óperas. Había que buscar un lugar apropiado, que fuera céntrico, que tuviera detrás cierta historia, que fuera fácilmente identificable y que atrajera el interés de todos.

Y  se pensó en las cuadras del palacio de los príncipes arzobispos de Salzburgo, un edificio abandonado, en el centro de la ciudad y que había servido, años atrás, como escuela de equitación.

Postal de 1928 donde se ve el vestíbulo con los murales de Faistauer (placa de vidrio/Carl Juricheck/Archivo Lars Kroiss)

En 1925 comenzaron las obras. Dos años después, en 1927, el recinto acogió la primera obra que se representaba en su escenario: Fidelio, de Beethoven.

Pero aquella experiencia dejó varios puntos oscuros que había que subsanar. En 1937 se le dio un giro completo de 180 grados al edificio para ganar acústica. La nueva estructura duró poco: en 1939, las autoridades alemanas que se habían anexionado el país alpino un año antes, también quisieron meter mano en el recinto operístico. Les parecía que su estructura y decoración  no eran acordes con el nuevo orden que el nazismo quería implantar en toda Europa. La cultura y la arquitectura también debían de pasar bajo la bota dominante. Para empezar, los nuevos directores de la casa de la ópera se deshicieron de todos los cuadros de uno de los pintores más significativos de Austria, Anton Faistauer, perteneciente a la escuela modernista, caracterizada por su actitud radical frente al conservadurismo de la época y defensor de la pintura como expresión artística, no como negocio. Faistauer y todo lo que significaba, fuera. Se amplió el patio de butacas y se le quitaron metros al escenario, lo que provocó pérdida notable de acústica. Se veía mal y se  escuchaba peor. El público quedó muy desencantado y el edificio apenas se utilizó durante los años de la guerra. No servía para nada. 

Vestíbulo Faistauer de la Casa Ópera de Mozart (2013)

En 1962 hubo que recomponer el desaguisado provocado por los nazis.  Pero la gran remodelación llegó a principios de este siglo: entre 2003 y 2006 la Casa de Mozart, como se llama al edificio, vivió una remodelación total. Se eliminaron todos los ángulos muertos y, en la actualidad, se puede disfrutar de las obras desde cualquier parte del recinto. Se redujo la altura y la profundidad, se acercaron todas las butacas al escenario y los cuadros de Anton Faistauer fueron colgados de nuevo en las paredes del hall de entrada y en las de los pasillos que conducen a los palcos.

La Casa Mozart tiene capacidad para 1.580 localidades, 1.495 butacas y 85 plazas para disfrutar de las obras de pie. El 26 de julio de 2006, coincidiendo con el 250 aniversario del nacimiento de Mozart, la nueva casa de la ópera fue reinaugurada con Las bodas de Fígaro, bajo la dirección del austriaco, aunque nacido en Berlín, Nikolaus Harnoncourt. Nunca una cuadra fue tal útil. 

Gabriel Sánchez

Obertura de Las bodas de Fígaro, con la Francfurt Radio Symphony dirigida por el joven director finlandés Tarmo Peltokoski (2023):

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