Semanario Cultural

¡Escritores en ruta! (El largo periplo de Uclés)

El pasado viernes, por la mañana, en la Cadena Ser entrevistaron a David Uclés, el autor de la novela que lleva vendidos más de cien mil ejemplares desde su publicación (marzo de 2024), titulada La península de las casas vacías, una historia ambientada en la Guerra Civil española, narrada en clave de lo que se ha venido en llamar “realismo mágico”. Allí contó cómo ha recorrido España dos veces, una para documentarse para su novela y otra para promocionarla por librerías, casas de cultura y ayuntamientos. 

David Uclés y Fulgencio Argüelles en la librería Cervantes de Oviedo (F: Pablo Nosti/El Comercio)

Uclés, por cierto, reseña esta semana en Cultura/s la última novela de Fulgencio Argüelles, escritor poco conocido, pero al que admira y ha recomendado en cada una de las muchas presentaciones de su novela, de La península, no la de Argüelles. Del éxito inesperado de Uclés charlan esta semana en Abril Juan Cruz y Ofelia Grande. Cruz, autor de la entrevista, es un periodista cultural de larga tradición que pasó la mayor parte de su vida laboral en el Grupo Prisa. Ofelia Grande es en la actualidad la editora jefe de Siruela, la que ha publicado La península… Otro éxito reciente de la editorial fue El infinito en un junco, de Irene Vallejo. A Siruela llegó Grande muy joven, según cuenta, sin haber cumplido aún los treinta. Lo hizo animada por su tío Germán, que tenía una participación en la editorial de Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, conocido coloquialmente por Jacobo Siruela. A German, el tío de Ofelia, Cruz le conoció en una feria del libro de Fráncfort, a finales del siglo pasado, porque Germán también era editor. De Anaya. Germán Sánchez Rupérez fue también quien resucitó el diario El Sol en su última etapa, aunque duró poco. Allí, en Fráncfort, hablaron Germán y Juan de los primeros vaticinios que se empezaban a hacer sobre el fin del libro “tal como lo conocíamos…”, cuenta este último. El libro, sin embargo, ahí sigue, se publican cada día novedades, y, como se puede comprobar con las ventas citadas, también algunos venden mucho. Esó sí, con la irrupción de las redes sociales los mecanismos de venta sí que han cambiado, y mucho. Lo explica Grande: “Tenemos que saber dónde está quien quiere recibir la información de lo que hacemos. Están la tele, Instagram, Facebook, Tik Tok…, llegas a todas partes… Y cada vez somos más conscientes de que tenemos que hacer un esfuerzo por llegar a donde está el destinatario de nuestro trabajo…”.

Y en el arduo trabajo de promoción y venta los escritores ya no pueden limitarse a lo suyo, a escribir; no, tienen que ir con su libro bajo el brazo de plaza en plaza. “A los autores les costaba mucho más asumir que parte del trabajo de ser autor es vender su libro, entre comillas, ayudar a difundirlo, que al fin y al cabo es venderlo… En el caso de los libreros, también es esa su tarea, vender, pero además ahora atraen al lector llevando a la librería a los autores… En aquella época los autores consideraban que su trabajo era escribir los libros, no difundirlos… Ahora es muy raro que un autor se niegue a hacer la promoción que en este momento es una tarea universal, de todo el sistema. Ahora están deseando, además, hacer presentaciones, acudir a la radio, ir a la tele, que los llamen de cualquier sitio…”. Palabras de Grande, que apostilla Cruz: “Se va muy rápido en el mundo editorial ahora…”, que ella ratifica: “El mundo va muy rápido, todo va muy rápido, las cosas se agotan en seguida. Y todo debería ser más pausado, empezando por lo que nosotros mismos hacemos. Deberíamos publicar menos novedades, para promocionarlas con más sosiego, con más tiempo… Creo que los libros deberían durar más en las librerías”. Y de paso, añadimos por nuestra parte, los autores podrían descansar, pausar sus giras promocionales y dedicarse a escribir con sosiego “en el silencio del escritorio”, alejados de selfies y dedicatorias.

El silencio como arte 

Sarah Anderson (F. Sebastian Latala)

Recuerda Mauricio Bach, en Cultura/s, que, además de dedicarse a la escritura, Sarah Anderson fue la fundadora de la librería especializada en literatura de viajes Travel Bookshop, en el barrio londinense de Notting Hill, la librería que aparece en la película protagonizada por Hugh Grant y Julia Roberts. Además de regentar la librería, Anderson estudió chino y psicología de la religión, ha sido profesora de escritura de viajes y dedica todo el tiempo que puede a viajar, y “en esos recorridos por el mundo busca el silencio”. Precisamente acaba de publicarse en España El arte olvidado del silencio.

En la entrevista, Anderson explica que “en el pasado había más silencio, ya que, hasta hace relativamente poco, si estabas solo no podías romper el silencio. Ahora podemos pulsar un botón en nuestros teléfonos, portátiles, etcétera, y escuchar toda la música o hablar todo lo que queramos, probablemente más de lo que necesitamos”. 

En el libro se aborda el silencio en la literatura, el arte y la música. Le pregunta Bach sobre qué artistas o escritores son los que mejor lo reflejan, y ella admite que le es imposible elegir al autor que mejor entiende el silencio: “Escribo sobre varios autores que han escrito sobre el silencio en inglés, ya que lamentablemente no hablo español. Por ejemplo, los poetas románticos: Wordsworth, Shelley, Keats y escritores posteriores como D.H. Lawrence y T.S. Eliot. Creo que los cuadros pueden ser un camino hacia el silencio… Si contemplas con atención los cuadros, por ejemplo, los maravillosos bodegones españoles, las palabras son innecesarias. Y la música: a menudo son las pausas entre las notas las que hacen la gran música”. 

Mirar cuadros, en silencio, para inspirarse

J.M. Coetzee y Olga Tokarczuk

J. M. Coetzee, Olga Tokarczuk, John Banville y Chloe Aridjis son los escritores que han participado hasta la fecha del programa internacional de residencias literarias “Escribir el Prado”, un programa puesto en marcha por el museo en 2023, del que se hace eco en su último número Abril con un reportaje de Laura Revuelta. La invitación del museo anima a los escritores invitados a “campar a sus anchas por las galerías, salas y pasillos donde moran, desde hace siglos, como reyes absolutos de esta casa, los más importantes maestros de la pintura”, escribe Revuelta. Es una invitación que hasta el momento todos los convocados han aceptado, a los que se ofrece “libertad para solicitar lo que se les ocurra, por imposible que parezca, para el mejor discurrir de esta experiencia única”. Valerie Miles, editora de la revista Granta, y una de las responsables del proyecto, explica que a los escritores “se les diseña un traje a medida. Se acercan a cuadros que conocen desde la escuela y luego se sienten como si estuvieran delante de una rock star, llámese, Velázquez, Goya, de una estrella a la que pueden pedir un autógrafo”. Es una experiencia que, dice, “se aproxima a lo litúrgico”. Se les permite que puedan “contemplar los cuadros a cualquier hora del día, haga sol o llueva… porque son experiencias muy distintas. Los cuadros no son estáticos. Son pura narrativa”.

Chloe Aridjis y John Banville

Dentro de esa libertad para moverse por donde les plazca, unos puede que quieran mezclarse con las multitudes que se arraciman delante de Las meninas o disfrutarlas a solas, hasta el último detalle, como hizo Banville”. De esa observación del escritor irlandés, quien le acompañó a ver el cuadro, comenta que lo que más le llamó la atención del famoso lienzo fue “el suelo de la estancia palaciega donde está reunido el grupo familiar y toda su corte”. Tan memorizado tenía Banville el cuadro que señaló “cómo la infanta Margarita, situada en el centro de la escena, parece que levita”. Increíble, fíjense, porque, de verdad, no toca suelo. Cuentan también que Banville resultó ser el más imprevisible de todos los residentes: En la conferencia final, titulada Arte en nuestro nuevo mundo feliz, se saltó el guion una y otra vez jugueteando con las ideas que le lanzaba la moderadora del encuentro, la propia Valerie Miles, para referir que la pintura le fascinaba “porque es el arte en superficie y en la superficie está la profundidad”.

Definen a Banville como “el más díscolo” y a Tokarczuk como “la más psicoanalítica”; a la mexicana Aridjis, al hablar español, como “la más cómplice”; y a Coetzee como “el más serio”. Él fue el primero en aceptar la invitación lo que para los organizadores supuso “todo un lujo y una puesta en marcha del proyecto excepcional”. Y recuerdan del escritor sudafricano “su obsesión por las Pinturas negras de Goya, en concreto por el Perro semihundido, que centra el cuento que escribe bajo el título de El vigilante de la sala, en el que hace un cameo su alter ego femenino, Elizabeth Costello”.

Helen Oyeyemi y Mathioas Enard

Los próximos invitados, este mismo año, serán la nigeriana Helen Oyeyemi, en junio, y el francés Mathias Enard, en noviembre.

Mirar un rodaje y contarlo

A Milena Busquets ya la hemos traído en otras ocasiones a este Patio (no será la última), por ejemplo, cuando citamos su novela También esto pasará, en la que evoca la relación con su madre, la escritora y editora Esther Tusquets, tras fallecer esta. Al publicarse, varias productoras de cine se mostraron interesadas en llevar a la pantalla la historia. Diez años después se produjo el rodaje y la escritora ha aprovechado la ocasión, y utiliza la experiencia, como trama de su último libro: La dulce existencia.

Reseña esta novela en El Cultural Santos Sanz Villanueva, en la que se hace eco de la declaración de la propia Busquets cuando afirma que “tiene el propósito de convertir esta mínima anécdota en un libro, ceñido a esa pequeña y trivial materia”. Para ello asiste a los preparativos y rodaje de un guion que ni se ha molestado en leer, si bien termina opinando sobre los actores con los que termina compartiendo opiniones, mesa y mantel.

Milena Busquets (F: Gregori Civera)

Este contenido en cierto modo anecdótico –escribe Sanz Villanueva– puebla el leve argumento con una atractiva fauna humana que produce gran sensación de veracidad, amén de un tono familiar al hacerse acompañar la autora de su hijo Héctor. También elogia el crítico que la autora demuestra tener una “buena mano en algo que suele evitar, las descripciones, que aquí vuelca en un casi costumbrista y sentido retrato del ambiente de Cadaqués, escenario principal de la película”. 

Pero en realidad la historia que se cuenta no va de eso, nos advierte, porque enseguida se ve que a Busquets lo que le importa es “colocarse ella misma en el foco de unas escuetas peripecias para reflexionar sobre la vida y deducir algunas conclusiones. Este propósito no queda en un plano solo insinuado porque abiertamente confiesa su desconcierto mental a partir de dicha novela: estaba escindida entre la escritora profesional que se mataba por una frase, la escritora pública que pensaba que nunca más volvería a escribir y la mujer normal que seguía con su vida libre, a veces muy feliz y a veces muy desgraciada”. Y así aborda un abanico de reflexiones sobre “querencias, sentimientos y perplejidades que traman la vida de muchas personas: el amor, el deseo, la amistad, el trabajo, la familia, el egocentrismo de los escritores, los hombres, o el gran motivo soterrado de siempre en Busquets, las complicadas relaciones con los demás y con el círculo de los suyos”. Y concluye la crítica advirtiendo al lector de que, “aunque se trate de una obra menor, La dulce existencia tiene mayor espesor del que aparenta”, mientras “lanza una auténtica proclamación vitalista y a favor de la felicidad”. Pero sin enojosas pretensiones doctrinales, de lo que se congratula.


E. Huilson

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