Los poemas del patio

Brisa marina

La ráfaga (1680). obra del pintor neerlandés Willem van de Velde

La carne es triste, ¡ay!, y todo lo he leído. 
¡Huir! ¡Huir! Presiento que en lo desconocido 
de espuma y cielo, ebrios los pájaros se alejan. 
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan 
sujetará este pecho, náufrago en mar abierta 
¡oh, noches!, ni en mi lámpara la claridad desierta 
sobre la virgen página que esconde su blancura, 
y ni la fresca esposa con el hijo en el seno. 
¡He de partir al fin! Zarpe el barco, y sereno 
meza en busca de exóticos climas su arboladura. 

Un hastío reseco ya de crueles anhelos 
aún sueña en el último adiós de los pañuelos. 
¡Quién sabe si los mástiles, tempestades buscando, 
se doblarán al viento sobre el naufragio, cuando 
perdidos floten sin islotes ni derroteros!… 
¡Mas oye, oh corazón, cantar a los marineros!

Stéphane Mallarmé
(traducción: Alfonso Reyes)

El desamor y la página en blanco
¿Qué nos querría decir el poeta cuando exclama: “¡La carne es triste… y he leído todos los libros!”? Difícil adivinarlo. Noticia de un amor perdido, quizá; más el conocimiento del dolor que ello le provoca y su decisión de huir, aunque sin esperanza. Un barco con velas en el mar será el modo, aunque sabe (leyó todos los libros) que “Nada de lo que existe… retendrá al corazón que ya en el mar se hunde.” ¿Se lo está diciendo a quien perdió, a su amor?: “¡Mas oye, oh corazón, cantar a los marineros!”

Se ha dicho que Brisa marina apela a la falta de inspiración del poeta y su ansiedad por las páginas en blanco, pues de este modo el viaje al mar se convierte en metáfora de la aventura poética, simbolizando la búsqueda de una experiencia poética pura, en la que el miedo a naufragar no sería otro que el miedo al fracaso del poema.

A.S.
                                                                                                               

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