Muérome por llamar Juanilla a Juana

Muérome por llamar Juanilla a Juana
que son de tierno amor afectos vivos,
mas la cruel, con ojos fugitivos
hace que mi insistencia sea vana.
Mas escucha: pues que eres flor temprana,
admite los requiebros primitivos
porque no vienen bien diminutivos
después que una persona se avellana.
Para cambiar tu condición extraña,
más de alguna Juanaza de la villa
del engaño en que estás te desengaña.
Créeme, Juana, y llámate Juanilla;
mira que la mejor parte de España,
pudiendo Casta, se llamó Castilla.
Lope de Vega
Clásico y burlesco
Este soneto de Lope de Vega representa dos cualidades propias de la poesía culta de la segunda mitad del Siglo de Oro: el gusto por las formas clásicas y la actitud burlesca. Empleando la estructura del soneto, el “Fénix” trata de convencer a una Juana ficticia para que intime con él. El primer cuarteto se entiende fácilmente. En el segundo, podemos sustituir “flor temprana” por “joven”, “requiebros primitivos” por “muestras [supuestamente] inocentes de cariño” y “se avellana” por “envejece”. Los dos tercetos que rematan el soneto contienen más sutilezas. En el primero, Lope conmina a Juana a cambiar su “condición extraña” con la ayuda de alguna “Juanaza de la villa”. Atrevámonos a pensar que el gran renovador de la comedia española intenta que su requebrada se dé “menos aires”, tomando como ejemplo a alguna tocaya madrileña de vida más disoluta, de ahí el sufijo aumentativo de -aza para referirse a ésta última. Termina el último terceto instando a la destinataria del poema –por si no valiera con la “Juanaza de la villa”– a tomar de ejemplo la “mejor parte de España” que, en lugar de llamarse “Casta” (Lope utiliza la c mayúscula para hacer el chiste más efectivo), decidió llamarse “Castilla”. Lo que no sabemos es si Juana, finalmente, se dejó llamar Juanilla.
Guillermo Sánchez
