Relatos con música

Ni clásico ni extravagante, nada

Don Shirley

¿Qué puede hacer un músico negro a mediados del siglo XX en Estados Unidos, cuando su verdadera vocación es interpretar a los clásicos románticos? Poca cosa, esa es la verdad. 

Donald Shirley tuvo vocación musical desde la infancia, y cuando nos referimos a infancia queremos decir desde los dos años, edad a la que empezó a aporrear el piano. No había tradición musical en su familia, pues el padre era un pastor episcopal y la madre daba clases en un colegio para negros. A los 9 años consiguió una beca para estudiar, nada más  y nada menos, que en el Conservatorio de Leningrado. Allí se formó en el arte del piano, interpretando, muy joven, a Rachmaninov, Tchaikovski, Shostakovich y Ravel. De regreso a Estados Unidos, ya con su título bajo el brazo, quiso demostrar que su estancia en la Unión Soviética no había sido en balde. Con tan sólo 18 años, se presentó como solista con la Orquesta Filarmónica de Boston  e interpretó el Concierto para piano número 1 de Tchaikovski. Después repitió experiencia con la Orquesta Sinfónica de Londres. Pero sus actuaciones no calaban entre el público. Los auditorios en los que se presentaban estaban semivacíos. Nadie tenía interés en escuchar a un pianista negro interpretar  a los maestros del romanticismo. Y los empresarios comenzaron a olvidarse de aquel joven que tenía un gran futuro como interprete clásico.

Desanimado por la experiencia en su país natal, Shirley abandonó su carrera como intérprete y se matriculo en la Universidad de Chicago para estudiar psicología. Una vez obtenido el doctorado en esta materia, en 1950 obtuvo una beca para investigar un campo en el que podía unir sus dos grandes pasiones. Y  comenzó a trabajar en un estudio para determinar la influencia y la relación entre la música y el crimen juvenil en una época –década de los 50- en la que la violencia protagonizada por jóvenes había aumentado de forma alarmante tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Él mismo quiso ser parte de la investigación. En un pequeño club nocturno de Chicago comenzó a experimentar con sonidos nuevos para conocer la reacción del público.

Don Shirley

Esa experiencia le llevó a retomar, de nuevo, la interpretación. Pero en esta ocasión decidió apostar por un estilo propio: mezclar la música de los románticos con los ritmos propios del jazz: música de Bach interpretada al estilo góspel, Rachmaninov pero convertido en un músico de ragtime, Debussy sonando como un blues, Ravel como si hubiera compuesto una partitura para un music hall. Y ahí es cuando llegó el verdadero éxito de  Donald Shirley. Éxito o fracaso, según se mire.

Sus admiradores valoraban sus interpretaciones porque consideraban que sus versiones eran exquisitas, llenas de sensibilidad, propias del romanticismo. Se volcaba en cada una de las obras y las hacía brillantes. El coctel romántico-jazzistico era el tónico perfecto para encender la pasión de la música culta a través de los ritmos más actuales, para llegar a un público que demandaba, por un lado, la cultura del romanticismo y, por otro, seguir las corrientes musicales de la época. Donald Shirley, a decir de muchos, era un verdadero genio. 

Sus detractores, sin embargo, criticaban su estilo. Para unos, los defensores del jazz, era demasiado culto, no conectaba con el gran público, hacía añicos los sonidos propios del jazz con esas introducciones que no se entendían en el ambiente en los que Shirley se movía. Además, había formado un trio con violonchelo y contrabajo. Los tríos de jazz están compuestos de contrabajo, batería y piano. ¿Qué pinta tanto instrumento de cuerda? Para los defensores de la música clásica, el pianista había  roto los moldes de la música culta y destrozaba las partituras de  los grandes maestros que habían pasado a la historia. Humillaba el valor del violonchelo y el contrabajo, interpretando piezas que ni ellos mismos reconocían. Y, además, era negro.

Esa originalidad hizo que la figura de Donald Shirley no conste en ningún canon. No está entre los músicos de jazz más influyentes, a pesar de su amistad y relación con músicos de la talla de Duke Ellington. Tampoco consta en los registros de los grandes músicos de concierto, a pesar de haber compuesto una sinfonía para órgano, cuartetos de cuerda, conciertos para piano y una ópera en un acto.

Donald Shirley, un genio olvidado en todos los registros.

Escena de la película Green Book con Mahershala Ali en el papel de Don Shirley y Vigo Mortensen como su chófer

¿Quieren saber más? Su experiencia, a través de una gira de conciertos que ofreció por las ciudades del Sur profundo de los Estados Unidos, se ha plasmado en una película: Green Book, del director norteamericano Peter Farrelly, estrenada en 2018. El actor Mahershala Ali (que consiguió un Óscar por este papel)  interpreta a Don Shirley y Vigo Mortensen a sus chófer. Dos personalidades completamente distintas, pero que se fusionan en una gran amistad. Como el romanticismo y el jazz. 

Gabriel Sánchez

Don Shirley toca , en un programa de TV emitido en 1955:

2 comentarios en «Ni clásico ni extravagante, nada»

  • Muchos recordamos la película de Farelly y qué poco sabíamos de Don Shirley. Entonces y ahora.

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  • No conocía la película y hace unos días la dieron por televisión. Fue todo un descubrimiento. Sin duda, Don Shirley fue un genio silenciado injustamente.

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