Relatos con música

La obra diminuta

La familia del Infante don Luis de Borbón, obra de Francisco de Goya. Se cree que el tercer personaje (por la derecha) corresponde a Boccherini

Boccherini estaba harto del infante Luis de Borbón y Farnesio, hermano del rey Carlos III. Como ya se ha contado en anteriores relatos, el noble no hacía más que trastadas en Madrid y el monarca no sabía cómo quitárselo de encima. Decidió enviarle al palacio de Boadilla del Monte. Si bien no podía considerarse un exilio, al menos estaba lejos de la capital. Y detrás del infante, toda su cohorte, músico de cámara incluido. Al maestro italiano la lejanía de Madrid no le hacía ninguna gracia. Tenía que pagar el pato de las tropelías de su mecenas y, encima, aguantar sus desplantes un día sí y otro también.

En Boadilla, Boccherini  se dedicó a la composición de cuartetos de cuerda: dos violines, una viola y un violonchelo. Una vez entregadas las partituras, el infante se las remitía a un tal Francisco Font, por el que sentía verdadera predilección. Todas las noches, después de la cena, el cuarteto Font, compuesto por el padre, Francisco, y sus tres hijos, deleitaban al infante con la música del maestro de Lucca. Y el pobre Boccherini, mirando detrás de las cortinas. Los aplausos y parabienes eran para el cuarteto. Y el compositor, como si nada.

Esta actitud encrespaba al músico porque veía que su obra apenas era tenida en cuenta. El infante primaba más a los ejecutantes que al compositor. Pero había que aguantar, porque detrás de él había seis pequeños boccherinis a los que había que dar de comer todos los días.

Retrato de Boccherini, por Pompeo Batoni

Y pergeñó una treta: por aquella época, 1770, hacía furor en las cortes europeas un ritmo barroco, originario de la región francesa de Poitou y  que se había hecho sólido en el Versalles de Luis XIV: el minueto. Se trataba de un baile que había introducido en sus óperas el músico francés Jean-Baptiste Lully y que había sido muy bien acogido por el público, Se bailaba por parejas que daban pasos cortos, diminutos, al son de la música. De ahí su etimología: minuetto, en italiano, minuet, en francés, diminutivo de menú, diminuto. Así era como había que bailar este pasaje, en principio, operístico. Para ese momento orquestal, el baile era interpretado por un cuarteto. El resto de los músicos hacían mutis.

La moda llegó a España. Boccherini, especialista en cuartetos de cuerda, no era ajeno a los gustos de la corte y componía música para los cuatro instrumentos que el cuarteto Font se encargaba de ejecutar para el deleite del infante disoluto. 

Y la venganza llegó: Boccherini compuso un minueto para cinco instrumentos: dos violines, una viola y dos violonchelos. Hay que decir que el músico italiano era un virtuoso de este instrumento y no había nadie en la corte española que pudiera hacerle sombra. Cuando la partitura se entregó al cuartero, Francisco Font vio que faltaba un violonchelista. No tenía más hijos, así que tuvo que incorporar a la orquesta al compositor que se unió como quinto instrumento, violonchelo en ristre. 

La composición es el Quinteto de cuerda Opus 11, número 5 y su tercer movimiento, el más famoso de todos. 

De alguna forma, Luigi Boccherini se había resarcido de las humillaciones de su mecenas: había compuesto tal vez la obra más conocida de su catálogo, la que se sigue interpretando hoy por músicos de todas las edades y todas las nacionalidades. Decir minué –así es como está castellanizado el baile- es percibir inmediatamente los sonidos que provocan los cinco instrumentos ordenados en la partitura de Boccherini en su tercer movimiento. 

Gabriel Sánchez

Tercer movimiento del Quinteto de cuerda Opus 11, número 5 de Boccherini, interpretado en 2015 en el MBNA Chester Music Festival:

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