La peculiar lógica de Ryan Gander en el Museo de Helga de Alvear

Ryan Gander (1976) es un artista británico multidisciplinar. Desde 2003, Gander no ha parado de producir decenas de obras en diferentes formatos: desde la escultura al cine, pasando por la escritura, la pintura, el diseño gráfico, la arquitectura, la instalación y la performance. Además, Gander comisaría exposiciones, ha trabajado como docente en instituciones artísticas y universidades, ha escrito libros y presentado programas de televisión sobre arte y cultura contemporáneos para la BBC. Su currículo es impresionante.
Una exposición del trabajo de sus últimas tres décadas puede verse actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, en Cáceres, hasta el 20 de abril. La exposición lleva por título “Gruñidos, silbidos, gemidos, ladridos y gritos”, y, aunque aún no la he visitado, por lo leído sobre su obra y sus propias manifestaciones, Gander no es un artista fácil de comprender. El defiende que no hay ninguna razón lógica en su arte, que roza muchas veces el absurdo, y sin embargo consigue el objetivo final de que te cuestiones qué es lo que estás viendo o qué siente uno cuando lo ve o simplemente por qué estás ahí, contemplando, por ejemplo, cómo asoma por la pared un pequeño ratoncito que, con la voz de la hija del artista, recita todo un discurso filosófico.

El tiempo y la atención
El tiempo, la atención –“creo que la distracción es el verdadero asesino de la creatividad”-, el vacío, el absurdo, las ideas, la innovación. Son algunas de sus constantes. Su concepto del arte no está en la repetitividad, “el mal arte es cuando todos lo interpretan igual”, dice. Su objetivo en el arte es que la obra tenga más puntos finales que puntos de partida: se empieza por un punto para terminar una obra con miles de puntos diferentes que “son vistos a su vez por millones de personas, que a su vez lo interpretan de manera diferente, puesto que, aunque las personas tienen muchas cosas en común, son más las cosas que les hacen diferentes”. Como los libros en los que, saltando páginas, puedes elegir tu propia aventura. Es solo una muestra de su pensamiento.
Exhibición con escenario cerrado
Otro ejemplo de su “intención” artística son las obras en las que coloca al espectador en una situación singular. En 2011 creó un proyecto totulado Looked Room Scenario. Se trataba de una exhibición con artistas ficticios ubicada en un almacén en desuso de Hoxton, al este de Londres. Para poder acceder a este espacio había que solicitar plaza a través de internet y facilitar el número de teléfono móvil. El crítico de arte Sean O’Hagan lo describió así para su periódico The Guardian:

Dentro del edificio te encuentras inmediatamente con una escalera oscura en la que se esconden dos jóvenes con pinta de adictos al crack, pero que podrían ser simplemente hipsters de Hoxton desaliñados. O actores (…). En el interior de una habitación iluminada, se oían pasos que se acercaban. Resultó ser otro crítico de arte, cuaderno en mano, que pasó junto a mí con una sonrisa irónica que me hizo pensar que tal vez no era en realidad un crítico de arte, sino otro actor. Esta es la esencia del elaborado juego mental de Ryan Gander: hacerte cuestionar qué es real y qué no lo es y, lo que es más intrigante, hacer que tu imaginación trabaje más de lo que lo haría si estuvieras leyendo una novela policíaca en lugar de asistir a una exposición de arte que toma prestadas ideas de una novela.
O’Hagan sigue el recorrido de la exposición encontrándose con lo que parece la entrada a una exposición colectiva llamada Field of Meaning, salvo que está cerrada con llave. Nombres ficticio de artistas, pilas de cartas dirigidas a un artista ficticio igualmente… “La trama se complica, pero no sé con qué fin”, concluye el crítico que, al salir a la calle seguía teniendo la sensación “de que todos los extraños que se acercaban podían estar participando en el juego mental conceptual de Gander, lo cual, por supuesto, puede decir más de mí que de la obra”.
El sonido de la brisa

Ese es el tipo de juegos y proyectos que burbujean en el pensamiento de este artista. Para Documenta 13, en Kassel, creó una instalación titulada I need some meaning I can memorise. Quienes la visitaron se encontraron con una habitación vacía. Si se prestaba atención, objetivo de Gander, se podía reconocer una ligera brisa. Y una vez reconocida ya no se podía pensar en otra cosa. En 2015 apareció en el exterior de la Lisson Gallery de Londres una valla publicitaria gigante donde se anunciaba un número de teléfono. Solo eso. Era su obra The artist second phone y, como su nombre indica, correspondía a un segundo número de teléfono de Gander. Obra, por cierto, que también está presente en el museo cacereño, con un número de móvil en el que se pueden dejar mensajes.
La creatividad de Gander
Tipo singular, Gander. En su opinión, todo el mundo toma decisiones creativas en su vida cotidiana y puede ser un artista creativo. Estos actos cotidianos de creatividad, argumenta, son a menudo más emocionantes que las obras de arte de célebres artistas contemporáneos, cuya repetición de una fórmula de éxito es contraria, a su juicio, a la creatividad. Para Gander, el arte consiste en “intentar hacer alguna aportación original a la historia y el conocimiento humano, como un explorador”.
En una entrevista de 2023 para Louisiana Channel, explicaba a Malte Fals: “La gente cree que para ser artista hay que ser muy hábil. Tienes que entrenar duro, tienes que practicar, repetir lo mismo una y otra vez. Eso es mentira. Eso no es arte. No tiene nada que ver con el arte. El arte, por su propia definición, consiste en desafiar las expectativas y hacer que la gente vea la diferencia”.
También admite que “el arte es para los privilegiados. No se trata del privilegio del dinero. Se trata del privilegio del tiempo. Para disfrutar del arte, necesitas tiempo libre. Y el tiempo libre es el mayor privilegio”. Claro que para tener tiempo, necesitas estar cubierto económicamente, añadiría yo.
Diferente como los demás

Una grave enfermedad de huesos obliga a Gander a vivir en silla de ruedas. No lo ve como una discapacidad aunque para la Bienal de Venecia de 2011 creó The Artwork Nobody Knows, una escultura del tamaño real que le representaba a él mismo caído de una silla como la que utiliza.
En un programa de la BBC, el artista dijo: “Estar en una silla de ruedas no afecta a mi visión del mundo. En una época en la que todo el mundo se identifica con ser diferente, yo soy alguien que realmente no puede andar y no me asocio con ser discapacitado. No marco la casilla de financiación del Consejo de las Artes que dice `discapacitado´ porque no me identifico”. Pero hay críticos de arte que consideran que “esa diferencia” es lo que ha contribuido a su pensamiento y su única forma de ver el arte, como el comisario Matthew Higgs: “Lo primero que me llamó la atención de Ryan es que va en silla de ruedas. No lo digo de pasada, ni como un comentario gratuito. Aunque acepto que algunas personas puedan argumentar que esta información es irrelevante, me gustaría pensar que el hecho de que Ryan utilice una silla de ruedas tiene -al menos- alguna relación con mi posterior comprensión de su obra”.
Compromiso con la infancia

Su compromiso con la infancia es evidente. Ha creado varias obras en colaboración con colegios e ideado proyectos para el desarrollo del arte en la infancia. En 2018, como parte de la Bienal de Liverpool, presentó su obra Times Moves Quickly, para lo que contó con la colaboración de cinco niños de la Escuela Primaria Knotty Ash. Eran esculturas, creadas a partir de las maquetas de estos niños, funcionales, como bancos, colocadas en el exterior de la catedral. Una película explicaba la elaboración del proyecto, con una clara inspiración en el método educativo Montessori.
Otro de los trabajos realizados con jóvenes fueron las seis esculturas de bronce de tamaño natural que desde octubre de 2024 pueden verse en el parque de Elephant & Castle de Londres. Fueron ideadas en talleres y en colaboración con la South London Gallery, alumnos de cuarto curso de primaria y la Contemporary Art Society. El objetivo del proyecto era ayudar a los jóvenes a reflexionar sobre la diversidad y la vitalidad de sus propias comunidades y su futuro, pues, para Gander, la educación no es encontrar respuestas, sino hacerse preguntas.

Miles de monedas perdidas en Cáceres
Para la exposición del Museo de Elga de Alvear, la galerista y coleccionista alemana fallecida el pasado 2 de febrero, Gander ha llevado a Cáceres el proyecto The Find, creado para el Festival Internacional de Manchester de 2023. The find consiste en colocar miles de monedas creadas por el artista en lugares públicos de la ciudad, accesibles, pero ocultas, invitando al público a participar en una peculiar “búsqueda del tesoro”. La idea es recordar a quien las encuentre el valor del tiempo y la atención por encima del dinero, pero también como herramienta para pensar en una posible toma de decisiones porque las monedas en tres modelos diferentes llevan escritos lemas como “El tiempo es tu mayor activo” o “Deja que el mundo dé un giro”. El proyecto se llevó a cabo en Cáceres el 6 y 7 de diciembre de 2024 pasado y se volverá a repetir con motivo de la celebración del VI aniversario del Museo, los días 28 de febrero y 1 y 2 de marzo de este año. Así que estamos a tiempo de jugar con Gander a contemplar la ciudad de otra manera y quién sabe si encontrar uno de sus amuletos.
Ana Amador
