Los poemas del patio

Amanecida

Amanecer en Norham Castle (1845), obra del pintor inglés Joseph Mallord William Turner (Colección Tate Britain)

Dentro de poco saldrá el sol. El viento 
aún con su fresca suavidad nocturna, 
lava y aclara el sueño y da viveza, 
incertidumbre a los sentidos. Nubes 
de pardo ceniciento, azul turquesa, 
por un momento traen quietud, levantan 
la vida y engrandecen su pequeña 
luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero 
venturosa, porque ama. Casi a medio 
camino entre la noche y la mañana, 
cuando todo me acoge, cuando hasta 
mi corazón me es muy amigo, ¿cómo 
puedo dudar, no bendecir el alba 
si aún en mi cuerpo hay juventud y hay 
en mis labios amor? 

Claudio Rodríguez

El poeta de Zamora sale a caminar al alba
Los que le conocieron tenían a Claudio Rodríguez por poeta andariego al que gustaba caminar por las calles, visitar las tabernas, o perderse por el campo, siempre en busca de una realidad que nutriera sus poemas, una conversación aquí o un pensamiento en contacto con la naturaleza. Se ha señalado por ello lo mucho de autobiográfica que es su poesía a la que fue incorporando esas vivencias.
A partir de ese argumento me pregunto si podríamos leer nuestra autobiografía a través de los poemas de otros. Si tiene la poesía ese don de la ebriedad que nos permita apropiarnos de la experiencia que describe. No hay duda de que sí, aunque sean solo retazos de nuestra propia vida. Por ejemplo, si paseamos al amanecer, como refleja el poeta, y sentimos cómo todo te acoge y el corazón te es amigo.
Yo así lo sentí, no hace mucho, paseando al alba con ese mi otro amigo, Zweig, sereno acompañante de amaneceres de azul turquesa, al que llevo atado a mi pensamiento.

A.S.

Un comentario en «Amanecida»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *