Amanecida

Dentro de poco saldrá el sol. El viento
aún con su fresca suavidad nocturna,
lava y aclara el sueño y da viveza,
incertidumbre a los sentidos. Nubes
de pardo ceniciento, azul turquesa,
por un momento traen quietud, levantan
la vida y engrandecen su pequeña
luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero
venturosa, porque ama. Casi a medio
camino entre la noche y la mañana,
cuando todo me acoge, cuando hasta
mi corazón me es muy amigo, ¿cómo
puedo dudar, no bendecir el alba
si aún en mi cuerpo hay juventud y hay
en mis labios amor?
Claudio Rodríguez
El poeta de Zamora sale a caminar al alba
Los que le conocieron tenían a Claudio Rodríguez por poeta andariego al que gustaba caminar por las calles, visitar las tabernas, o perderse por el campo, siempre en busca de una realidad que nutriera sus poemas, una conversación aquí o un pensamiento en contacto con la naturaleza. Se ha señalado por ello lo mucho de autobiográfica que es su poesía a la que fue incorporando esas vivencias.
A partir de ese argumento me pregunto si podríamos leer nuestra autobiografía a través de los poemas de otros. Si tiene la poesía ese don de la ebriedad que nos permita apropiarnos de la experiencia que describe. No hay duda de que sí, aunque sean solo retazos de nuestra propia vida. Por ejemplo, si paseamos al amanecer, como refleja el poeta, y sentimos cómo todo te acoge y el corazón te es amigo.
Yo así lo sentí, no hace mucho, paseando al alba con ese mi otro amigo, Zweig, sereno acompañante de amaneceres de azul turquesa, al que llevo atado a mi pensamiento.
A.S.

Preciosa la poesía y poético el comentario.