Los poemas del patio

Amistad a lo largo

Ten cent breakfast (Desayuno por diez peniques), del pintor impresionista estadounidense Willard Leroy Metcalf (1858-1925)

Pasan lentos los días 
y muchas veces estuvimos solos. 
Pero luego hay momentos felices 
para dejarse ser en la amistad. 
Mirad: 
somos nosotros. 

Un destino condujo diestramente 
las horas, y brotó la compañía. 
Llegaban noches. Al amor de ellas 
nosotros encendíamos palabras, 
las palabras que luego abandonamos 
para subir más: 
empezamos a ser los compañeros 
que se conocen 
por encima de la voz o de la seña. 

Ahora sí. Pueden alzarse 
las gentiles palabras 
—esas que ya no dicen cosas—, 
flotar ligeramente sobre el aire; 
porque estamos nosotros enzarzados 
en un mundo, sarmentosos 
de historia acumulada, 
y está la compañía que formamos plena, 
frondosa de presencias. 
Detrás de cada uno 
vela su casa, el campo, la distancia. 

Pero callad. 
Quiero deciros algo. 
Solo quiero deciros que estamos todos juntos. 
A veces, al hablar, alguno olvida 
su brazo sobre el mío, 
y yo aunque esté callado doy las gracias, 
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros. 
Quiero deciros cómo trajimos 
nuestras vidas aquí, para contarlas. 
Largamente, los unos con los otros 
¡en el rincón hablamos, tantos meses! 
que nos sabemos bien, y en el recuerdo 
el júbilo es igual a la tristeza. 
Para nosotros el dolor es tierno. 

¡Ay el tiempo! Ya todo se comprende. 

Jaime Gil de Biedma

Larga amistad tengas
En algún momento de la vida, si el azar te fue propicio y cuidaste su regalo, en ese momento en que uno se detiene en hacer un mínimo balance, puedes verte junto a tus amigos, asaltado de recuerdos de los ratos que compartisteis: instantes dichosos donde, según pasaba el tiempo, fueron quedando superadas las palabras, esas palabras que, como dice el poeta, “luego abandonamos/para subir más:/empezamos a ser los compañeros/que se conocen/por encima de la voz o de la seña”.  
Y así, compartiendo la “historia acumulada”, fuimos creando un refugio de paz, seguro y duradero.
La amistad nos conforta y a la vez respeta nuestros tiempos, pues, como dijo Borges, la amistad, a diferencia del amor, no necesita frecuencia.  
Sí, con el tiempo lo comprendimos.

A.S.

Un comentario en «Amistad a lo largo»

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