Homenaje en Collioure

Aquí: junto a la línea
divisoria; este día
veintidós de febrero
yo no he venido para
llorar su muerte
sino que alzo mi vaso
y brindo por tu claro
camino y porque siga
tu palabra encendida
como una estrella sobre
nosotros ¿nos recuerdas?
Aquellos niños flacos;
tiznados; que jugaban
también a guerras: cuando
–grave y lúcido– ibas
viejo poeta al encuentro
de esta tierra en que yaces.
José Agustín Goytisolo
Poetas en Collioure
El poeta Antonio Machado murió el 22 de febrero de 1939 en la localidad de Collioure, a poco de pasar la frontera de Francia. En su cementerio permanece la tumba en la que descansan sus restos y los de su madre, Ana Ruiz. Una tumba propia que le salvó de un osario común porque un grupo de exiliados se juramentaron para conseguir una sepultura digna para el poeta español. Esa tumba no es sólo la última morada del caminante dispuesto a emprender desnudo el viaje último y definitivo, también ha sido a lo largo de los años lugar de visita y encuentro de muchos españoles hasta hoy.
Y de poetas como él. Cuando habían transcurrido 20 años de la muerte de Machado, el 22 de febrero de 1959, se reunieron alrededor de su tumba en Collioure Blas de Otero, que ofició como “hermano mayor” y aquellos que luego quedaron adscritos a la llamada Generación de los 50: José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald. Viajaron hasta su tumba para honrar su poesía y su vida, “alzar su vaso”, y mostrar su firme rechazo a la dictadura de Franco.
En 1961, el poeta José Agustín Goytisolo dejó constancia de aquel acto de homenaje en este poema, incluido en el poemario que lleva por título Claridad, considerado como “su libro más social y en el que está más presente Antonio Machado” (Carme Riera).
A. S.
