Niño tras un cristal

Al caer la tarde, absorto
Tras el cristal, el niño mira
Llover. La luz que se ha encendido
En un farol contrasta
La lluvia blanca con el aire oscuro.
La habitación a solas
Le envuelve tibiamente,
Y el visillo, velando
Sobre el cristal, como una nube,
Le susurra lunar encantamiento.
El colegio se aleja. Es ahora
La tregua, con el libro
De historias y de estampas
Bajo la lámpara, la noche,
El sueño, las horas sin medida.
Vive en el seno de su fuerza tierna,
Todavía sin deseo, sin memoria,
El niño, y sin presagio
Que afuera el tiempo aguarda
Con la vida, al acecho.
En su sombra ya se forma la perla
Luis Cernuda
Es ahora la tregua con el libro
¿Sería ese libro el de los poemas de Bécquer que le prestaron sus primas a Cernuda? No lo sabemos, pero para ese niño, “de unos diez u once años”, es el momento de la soledad de la tarde tras una mañana de colegio, cuando sueña animado por un “libro de historias y de estampas” del que nos habla el verso. Sueña desde su interior inocente, velado por un visillo y ajeno a lo que acecha fuera ante el discurrir de su vida, pero alimentando ya la semilla de futuros versos. Es ahora la tregua del libro… ocurrió antes de la invención de las pantallas para niños, antes de que quedaran desgarrados los visillos.
A.S.
