Artistas

Miquel Barceló: taller, lectura y buceo

Miquel Barceló, en el Museo de Arte Contemporáneo Küppersmühle, en Duisburgo, Alemania, donde expone hasta el 23 de febrero de 2025 (imagen tomada de la entrevista que le hizo la Fundación alemana para el Arte y la Cultura)

Es un artista único: Miquel Barceló. Y muy reconocido. Con una obra fascinante y en ocasiones no del todo comprendida. Una pequeña exposición con medio centenar de sus pinturas, acuarelas y esculturas se puede ver ahora en la Galería Elvira González de Madrid. La muestra, que lleva por título Toros, peces y flores, permanecerá en esta galería hasta el 29 de marzo de 2025. En Duisburgo, Alemania, una gran exposición titulada Vida y muerte muestra hasta este domingo obras de todos sus periodos creativos. Nos acercamos al artista con unas breves pinceladas, algunas de ellas sacadas del libro autobiográfico De la vida mía, una verdadera joya para comprender (y ver) el proceso de su trabajo.

Obra de Barceló expuesta en la Galería de Elvira González (F: A.A.)

La madre y el padre

No se puede entender a Miquel Barceló (1957) sin el Mediterráneo, sin su lugar de nacimiento, Felanitx, en Mallorca, junto al mar, los peces y el buceo, que practica con asiduidad. Y su primera influencia, su madre. “Pintar es una pulsión que te posee todo entero. Es algo primitivo, esencial”, explica en el libro. Y eso es lo que ya sentía cuando pintaba, junto a su madre, a los 12 años. Una madre pintora que dejó de serlo cuando su hijo empezó a pintar «de verdad». Y un padre con el que tuvo una pésima relación, luego dulcificada, pero que le enseñó los nombres de los árboles, los pájaros y los peces. Esta es la esencia de Barceló.

Detalle de la obra de Miquel Barceló (F: A.A.)

El mar y el buceo

El mar, y la pesca que practicaba de muy niño, siempre está presente. “La precisa mezcla de olores a calamares podridos, cebos de pesca, agua de mar y gasóleo me causaba y me sigue causando una absoluta alegría”.

Bucear es algo que vive con gran intensidad. Es más, para Barceló “pintar y bucear es lo mismo”. Pintar de pie, con el cuadro en el suelo sobre la arena de la playa, metido dentro de la tela, “como en un fondo marino”. Son impresiones que mantiene a lo largo de los años. Cuando pasó un año en Ginebra para pintar el techo de la Sala de los Derechos Humanos de la ONU, se llevó algas recogidas del casco de un barco de Mallorca. Las metió en un frasco de cristal y, como era previsible, se pudrieron, pero ese olor tan fuerte le gustaba e inspiraba. Cuando pintó el inmenso fresco de la Catedral de Mallorca lo proyectó como una creación del mundo y en el mismo están pintados todos los peces y las frutas del mundo. Pintura, mar y peces.

La lectura

A Miquel Barceló no le gustan las listas, pero las hace a menudo. Listas de objetos que pinta, de libros que ha leído. Ah, es un gran lector. Sus tareas en la vida las clasifica de la siguiente manera: primero, el taller, después la lectura y en tercer lugar, el buceo. A los tres años había aprendido a leer y a los 13 ya había leído la mayoría de los libros de la Biblioteca de su pueblo, Felanitx. Lo reflejó en una lista donde anota: Quijote (que leyó en la escuela primaria), Verne, Poe, Stevenson, Borges, De Quincey, Kafka, Rimbaud, Burroughs, Joyce, Artaud, Góngora, Proust, Faulkner, Lucrecio, Bowles, Conrad, Yeats, Schopenhauer, Quevedo y Santa Teresa, entre otros. No está nada mal.

Acuarela de Mali de Miquel Barceló (A.A.)

Fetichismo

A los 27 años ya era muy conocido. No había hecho otra cosa en su vida que pintar. Viaja a París, donde vive tres años, utilizando como taller una vieja iglesia abandonada cerca del Panteón. Quiere conocer y visita todos los talleres que Picasso tuvo en la ciudad de la luz, el taller de Toulouse-Lautrec, el de Caillebotte, un fetichismo que continuará en Venecia, visitando el taller de Tintoretto, o en Nueva York, reconociendo en los restos de manchas del suelo del taller de Jackson Pollock los cuadros que el artista americano pintó. También admira a Luis Egidio Meléndez, al que considera el mayor pintor español de bodegones.

Obras escultóricas y cuadro de Miquel Barceló (A.A.)

El vacío y el desierto

Se hizo famoso demasiado joven. Lo dice él. Con su amigo Javier Mariscal, con el que ya había viajado a Portugal en 1984 donde permaneció unos meses, se compraron un vehículo que llenaron de pinceles y lienzos y salieron rumbo a África. Necesitaba ver el vacío. Llegaron a Gao (Mali) y allí se quedó Barceló, deslumbrado. Alquiló una casa y un taller -que a día de hoy echa de menos-, y aprendió a mirar. Toda su vida adquirió un nuevo sentido. Una clara desintoxicación de Occidente. Aprendió todo sobre los dogones, la etnia que vive en esa región central de Mali y que tiene la escultura como su arte principal. Se arriesga probando nuevos materiales, producto de una necesidad intelectual y artística, y, en constante evolución, su obra casi nunca acaba como estaba previsto. Aún así, define su pintura como las olas, que nunca son las mismas, pero siempre se parecen.

Escultura

Esculturas de Barceló en la galería madrileña Elvira González (A.A.)

Aunque actualmente vive entre París y Mallorca, su vida en Mali fue determinante. En los años noventa vuelve por segunda vez, en esta ocasión a Gogolí, donde queda su casa taller llamada Amataba, cerca de un acantilado. Barceló escribe: “allí aprendí todo lo que sé y que me ha servido para pintar y vivir hasta el día de hoy”.  El viento es un enemigo para la pintura. Opta por la escultura. Una mujer le enseña la técnica de la cerámica, cómo preparar el barro, cómo modelarlo, cómo cocerlo, dónde encontrar arcilla blanca, amarilla, roja y azul. Sigue la técnica tradicional de la zona. Aprovecha todo lo que para otros podría ser un inconveniente: si la casa está llena de polvo, incluye el polvo en sus cuadros, si las termitas han agujereado sus pinturas, mira de nuevo su obra con otros ojos. La obra de Barceló hay que verla, no vale una fotografía aunque este artículo las incluya. Es todo textura. ¿Arte abstracto o figurativo? Para Barceló “es lo mismo, depende de quién esté mirando la obra”.

Autorretrato de Barceló (A.A.)

Regreso al pasado

“Me suele suceder que empiezo algo, estoy contento, digo que es algo nuevo, y luego descubro que ya lo había hecho cuando tenía 12 años”. Lo dice un hombre que tiene cientos de pinturas de gran tamaño por museos de medio mundo, que ha escrito cientos de cuadernos con sus ideas y pensamientos; un hombre que ha hecho con sus manos más de 4.000 esculturas, que ha creado un techo-cueva descomunal  en la sede de la ONU de Ginebra donde los que están sentados nunca ven lo mismo; que ha pintado un fresco enorme en la catedral de Mallorca con todos los peces del mundo; que se ha metido de lleno, junto al coreógrafo Josef Nadj, en su propia escultura, transformándola en una extraordinaria performance. Un hombre, en definitiva, que considera que para entender el arte contemporáneo, lo primero es prestar atención, estar quince minutos delante de una obra y hacerse preguntas. Ese hombre dice al comienzo de su libro: “No he trabajado nunca, me he equivocado cada día de mi vida con mi pintura”.

Pues que quieren que les diga, bendita equivocación.

Ana Amador

Este es un video de la performance Pasodoble que Miquel Barceló hizo junto al artista visual serbio Josef Nadj en 2016 en la Fondation Beyeler, en Riehen, Suiza, en presencia de 200 invitados del mundo del arte internacional:

2 comentarios en «Miquel Barceló: taller, lectura y buceo»

  • Muy bien lo de Barceló. Expo en Madrid e inmersión en De la vida mía, libro ya comentado en 5 lineas de esta web, merece la pena…

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