Palabras, sólo palabras sin intencionalidad

Pavana: Danza española grave, seria y de movimientos pausados.
Infanta: Hija legítima del rey no heredera directa al trono.
Difunta: dicho de una persona muerta.
Definidas estas tres palabras, ya podemos componer el relato de esta semana.
¡Ah, no! Falta otro dato para completar el rompecabezas:

Ravel, Joseph Maurice (Ciboure, Labort, 7 de marzo de 1875- París, 28 de diciembre de 1937): Compositor francés del siglo XX. Su obra, frecuentemente vinculada al impresionismo, muestra también un audaz estilo neoclásico y, a veces, rasgos del expresionismo. Esta mezcla de estilos es fruto de una compleja herencia y de hallazgos musicales que revolucionaron la música para piano y para orquesta.

Ravel compuso su Pavana para una Infanta difunta en 1899, mientras estudiaba composición en el Conservatorio de París, teniendo como profesor a Gabriel Fauré. Podría decirse que la composición es una obra de juventud que, a decir de los críticos, carece de la fuerza y la magnitud de otras obras del músico francés de su época de mayor esplendor. No obstante, su musicalidad y sencillez han hecho de esta obra una partitura de repertorio que se interpreta con mucha frecuencia.
Ravel compuso la Pavana sólo para piano y con una dedicatoria muy especial. Se la ofreció a la princesa Edmond de Polignac, Winnaretta Singer, una mecenas norteamericana, heredera de la empresa dedicada a la fabricación de las máquinas de coser Singer y que había adquirido título nobiliario al casarse con el príncipe Jean Marie de Polignac. Por su residencia de París pasaron los más distinguidos representantes de la cultura musical europea de la época, entre ellos Gabriel Fauré, Isaac Albéniz, Manuel de Falla, Igor Markievich, Arthur Rubinstein o la bailarina Isadora Duncan. El pianista español Ricardo Viñes estrenó la Pavana de Ravel en casa de la princesa Edmond de Polignac el 5 de abril de 1902.

Cuando le preguntaron a Ravel por el título de la obra y a quién estaba dedicada, el músico respondió con cierta sorna que no existía la tal infanta y que no deseaba la muerte de ninguna niña. “Me gustó cómo sonaban las palabras una detrás de otra y así lo plasmé en el título”, fue la lacónica respuesta de Ravel. Pero lo cierto es que en otras ocasiones había manifestado: «No hay que dramatizar, no es un lamento fúnebre hacia una niña muerta, sino una evocación de la pavana que podría haber bailado una infantita como las que pintó Velázquez”.
El movimiento impresionista estaba en pleno apogeo y puede que la Pavana lograse ya interesar debido a la fuerza de la imagen que evocaba su título.
En 1910 Ravel decidió orquestar la obra. Escribió una nueva partitura para que fuera interpretada dos flautas, un oboe, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas (a las que les dio un protagonismo especial), arpa y una sección de cuerda.
El estreno de la versión orquestada tuvo lugar en Manchester (Reino Unido) el 27 de febrero de 1911.
Como curiosidad, decir que, en 1922, el propio Ravel se puso al piano y grabó, con los elementos mecánicos de la época, es decir en cilindros de cera blanda, una versión de su Pavana. En el año 2004, esta histórica versión fue comercializada en CD.
Una interpretación normal tiene una duración de entre seis y siete minutos. Suficientes para una infanta que nunca existió, ni viva ni muerta.
Gabriel Sánchez
Bajo la batuta de la directora finlandesa Dalia Stasevska, la Orquesta Nacional de Francia interpreta la Pavana de Ravel en 2021:
