Mi bohemia

Me alejaba, las manos en mis bolsillos rotos.
Mi levita también se volvía ideal.
Andaba bajo el cielo, Musa, yo, tu vasallo.
¡Oh, sí, sí, qué de amores espléndidos soñados!
Mi único pantalón tenía un agujero.
Soñador Pulgarcito, desgranaba en mi marcha
rimas. Y mi posada era dormir al raso
Las estrellas, arriba, dulcemente crujían.
Y yo las escuchaba, al borde del camino,
bellas tardes de otoño, en que sobre mi frente,
¡oh! vino de vigor, goteaba el rocío.
Y allí, rimando en medio de las sombras fantásticas,
tiraba, cual de lira, de los pobres cordones
de mis zapatos rotos, un pie en el corazón.
Arthur Rimbaud
(Trad. Vicente Gaos)
Rimbaud: joven, bohemio y maldito
Cuando se habla de poetas malditos, el rey, reconocido por unanimidad, es Charles Baudelaire. Pero si cuando utilizamos el término “maldito” nos estamos refiriendo a los infortunios vitales por los que pasaron o a cómo su genialidad les supuso cierto rechazo social y la incomprensión de los lectores, Arthur Rimbaud se ganó un puesto merecido en ese grupo de bardos geniales, letraheridos de vida bohemia que, ante la incomprensión y rechazo del público de su obra, cada vez se volvían más herméticos y alejados de la aceptación popular.
Fue otro poeta, Paul Verlaine, el que acuñó el término con su libro Los poetas malditos, en el que hizo repaso de un grupo de seis literatos, de su vida y obra. Entre ellos Rimbaud, que llevó a todos los extremos su necesidad de desarreglar los sentidos, por cualquier medio natural o artificial, para edificar una de las más radicales y rompedoras obras poéticas de la historia de la literatura.
En el poema que traemos al Patio, Rimbaud describe su vida bohemia como la de un caminante solitario. La naturaleza, la poesía y la música le consuelan de sus zapatos rotos, de la pobreza, de vestir un pantalón agujereado. Su bohemia es una forma de vida ideal desprendida de lo material y del éxito, que transcurre alejada de las imposiciones sociales, la moral y las buenas costumbres.
(Rimbaud dejó de escribir a los veinte años. Se enroló como soldado del ejército colonial neerlandés para viajar a la Isla de Java, pero enseguida desertó. El resto de su corta vida (murió a los 37 años) lo pasó, entre distintas ocupaciones, en Chipre, Adén (Yemen) y Harrar (Etiopía), en la que como traficante de armas atesoró alguna fortuna).
A.S.
