Relatos con música

¿Vamos a la ópera o al ballet?

Escena de La danza de las horas, con la Academia del Ballet Ruso Baganova

Creación, invención, originalidad… Todo sea por sorprender al espectador. A veces la iniciativa frustra las aspiraciones del autor y reconoce que la idea no ha sido brillante. Otras, la ocurrencia es acogida con satisfacción por la audiencia y pasa a los anales de la historia. Y no se concibe la obra sin esa pizca de originalidad que la hace inmortal.

¿Quién es capaz de prescindir de un coro y cuatro voces solistas en una sinfonía? Era lo nunca visto y ahí está para toda la eternidad el Opus 125 de Beethoven, conocida como la Novena Sinfonía. Cuando el público asistió al estreno, no sabía con lo que se iba a encontrar, y reconoció la iniciativa del compositor tanto que el ejemplo fue secundado, entre otros, por el propio Mahler.

Amilcare Ponchielli

Amilcare Ponchielli (1834-1886) compuso a lo largo de su corta vida una docena de óperas, cuatro ballets y música religiosa. Pero ha ocupado un lugar destacado en la historia de la música por una idea original que todavía celebramos hoy de muy distintas maneras.

En 1876 acometía la composición de su ópera La Gioconda, basada en la novela de Víctor Hugo, Ángelo, tirano de Padua. Es una historia truculenta de amoríos, falsas muertes, suicidios, escenas lujuriosas… Todo un drama con los ingredientes propios de las óperas. El libreto corría a cargo de Arrigo Boito, que firmó la obra con el seudónimo de Tobía Gorrio.  ¿Y qué se le ocurrió a Boito-Gorrio? Sugerir al músico la introducción de un ballet dentro de la ópera. No un ballet al uso, que un grupo de bailarines, pertenecientes al elenco habitual de los teatros bailara de forma liviana, superficial, que pasara casi desapercibido y que formara parte de un cuadro más en la trama. No. Un ballet independiente, que pudiera ser utilizado tanto dentro del argumento de la obra, como de forma autónoma, teniendo vida propia. 

Arrigo Boito

Ponchielli aceptó la idea y se puso a trabajar no sólo en la ópera, sino también en el ballet. Y así surgió uno de los cuadros más famosos del repertorio musical del siglo XIX y que ha pasado a la historia con identidad propia: La danza de las horas.

En un momento determinado, en mitad del acto III (la ópera tiene cuatro actos), el público se sorprende ante la posible muerte de Laura, la protagonista. Y, con el féretro en una habitación, en la estancia contigua aparece un ballet. Está formado por 12 bailarinas en círculo, que representan las horas de un reloj. En medio, dos bailarines, a modo de manecillas, que se van moviendo al ritmo que marca la partitura. Un contraste de luces, acompasado por las variaciones musicales, nos muestra que el reloj va dando las horas del amanecer, el día, la tarde y la noche. Y la incertidumbre crece, pues pasan las horas y no sabemos si la muerte de Laura es cierta o sólo fingida. El tiempo se ha detenido en la acción y no sabemos cuál será el final.

La danza comienza con los sones propios de la música de Ponchielli, para dar paso inmediatamente al color, el ritmo y la dinámica. ¿Qué habrá pasado? ¿Tristeza? ¿Alegría? Y el tiempo pasando y el reloj marcándolo. 

Y cada momento del día tiene su instrumento protagonista. El amanecer, la flauta. Lógico. Sonido dulce con el que saludar una nueva jornada. El día, los violines, con mucha gracia. La tarde, las maderas y las cuerdas con arco. Ya empieza el decaimiento de la jornada que se nos escapa. Y la noche, los violonchelos, acompañados por las trompas. Sonido grave para un momento que ya es triste por la falta de luz y la melancolía que produce el hecho de que el día, otro, se nos ha escapado de nuevo.

La Gioconda se estrenó en La Scala de Milán el 8 de abril de 1876. Como tenor principal y protagonista de toda la ópera… Julián Gayarre, en el papel de Enzo.

A tener en cuenta el hecho original de que el ballet supone la emancipación de este subgénero operístico, dándole vida propia. De hecho, hoy se puede interpretar la Danza de las horas completamente separada de la ópera e incluso sin necesidad de que haya un ballet danzando al son de tan extraordinaria música. Ella sola se basta y sobra.

Gabriel Sánchez

El ballet La Danza de las Horas de la ópera La Gioconda de Ponchielli, en una producción de la Opera Nacional de París llevada a cabo en 2013:

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