Semanario Cultural

‘Comerás flores’, la historia de una chica malmaridada

Define así la RAE el adjetivo malmaridada: “Dicho de una mujer malcasada (II que no vive en armonía con su cónyuge)». Es exactamente lo que le ocurre a Marina, la protagonista de Comerás flores, la novela con la que debuta en el género Lucía Solla Sobral. Marina, con 25 años y recién graduada, a pocos meses de la muerte de su padre, conoce a Jaime, veinte años mayor que ella, con dinero suficiente para colmarla de atenciones y una vida sofisticada, con el que enseguida se casa. Y entonces surge el drama y núcleo de la novela: un maltrato psicológico acompañado de una pérdida de identidad. 

Lucia Solla Sobral (Libros del Asteroide)

Escribe Santos Sanz Villanueva en la reseña que firma para El Cultural que este tema de la malcasada (utiliza malmaridada, de ahí el título de este resumen) está “bastante transitado en la literatura”, pero ese motivo principal, la mala boda, resulta un tanto engañoso porque la autora “lo inserta en una problemática más amplia que anuda la reciente pérdida del padre, otro fracaso sentimental también próximo y una situación laboral nada satisfactoria. Así, esa relación que a las pocas páginas presumimos que será tóxica se convierte en un factor más, aunque destacadísimo, de un complejo trastorno interior. Marina sufre una crisis de identidad que provoca una grave perturbación de su personalidad. Este, y no la pareja desigual, o no solo ella, es el tema de la novela. La parte del león del argumento, y la que imanta al lector, se la lleva esa relación desigual”. En este punto, el crítico admira el riesgo que asume Solla, “pues tensa al límite el carácter de los personajes. Marina resulta bastante bobalicona y aunque sea creíble su rendición total al hombre, su deslumbramiento roza la estupidez. Solo el que Jaime se defina como `compositor de atmósferas´ tendría que haberle puesto en guardia. No solo no ocurre, sino que él la ciega con su físico, refinamientos y zalamerías. En fin, en Jaime vemos un botarate sofisticado al borde de lo verosímil (…) El acierto de Solla está en no presentarla a ella como alguien inocente ni en caricaturizarle a él”. Todo esto, que podría parecer un asunto trillado, se salva por la capacidad de la autora de “añadirle el acento de lo original”. Un acierto formal al estar escrita la novela de forma libre y creativa, lo que la hace fluir “con vivacidad y a ritmo ágil. La prosa esquiva las rigideces sintácticas académicas y adopta cautas trasgresiones. La estructura, basada en cortas y rápidas secuencias, revela una inquietud que no cae en el vanguardismo, pero comparte un parecido espíritu de búsqueda de expresividad”.

Solo le pone un reparo el crítico al final de la historia, pues considera que estando planeado el libro “con esmero y cálculo”, el desenlace con final feliz no le parece consecuente “con los sinsabores de la vida que la novela ha mostrado. Tendría que haber acabado de forma menos complaciente, ya que no dramática”.

El corazón es un cazador solitario

Este era el título de una novela de Carson McCullers que el crítico de Cultura/s, J.A. Masoliver Ródenas ha rescatado para su reseña de Comerás flores “porque expresa fielmente las emociones de la protagonista, Marina”, fascinada ante la presencia de Jaime. Está de acuerdo con Solla Sobral en que el suyo es un enfoque feminista: “Lo es, pero no hay un tono discursivo y es muchas otras cosas. La más obvia, la del poder del dinero”. Coincide el crítico en que “la intensidad de las emociones determina el desarrollo del libro, en lo positivo y en lo negativo”. Aunque también, pese a ser “una novela tan original y con tantos atractivos resulta también excesiva”. Pone algunos ejemplos de esos excesos “que son llamativos por curiosos, pero en ningún momento irritantes”, que no impide al lector terminar estableciendo una suerte de complicidad con la autora. “En todo caso”, concluye la reseña afirmando que “es una novela que agradezco haber leído”.

70 años de Lolita: una novela incensurable

Escribe en Babelia Álex Vicente que la escritora madrileña Luna Miguel leyó Lolita, la novela de Nabokov sobre la atracción de un hombre por una adolescente, cuando solo tenía 14 años, “un libro peligroso, que leí a escondidas de mi familia”, le cuenta. “En un cuaderno donde anotaba mis lecturas, escribí al terminarlo: ‘No es para tanto’. Me equivoqué, claro”, recuerda la escritora, porque la sombra de Dolores Haze (el personaje de Lolita) se proyectaba sobre su naciente subjetividad, pues “el mundo empezaba a mirarnos así, a mí y a mis compañeras”.

Con los años, aquella decepcionante lectura se convirtió en un hilo conductor que atraviesa gran parte de su obra literaria, explica Álex Vicente: desde su primera novela, El funeral de Lolita, hasta la última, Incensurable, que se acaba de publicar, el escandaloso personaje ideado por Vladimir Nabokov recorre casi todos sus libros. En esta última, la autora habla de un futuro cercano en el que Lolita ha desaparecido de las bibliotecas de todo el mundo, censurada. La protagonista de Incensurable, una filósofa de nombre Lectrice Santos, es expulsada de la universidad por impartir una conferencia sobre placer y censura. “Es solo una ficción un poco excesiva, aunque habla de cosas que ya están pasando, y no solo en Estados Unidos”, advierte Luna Miguel en la entrevista, y añade que nota “una desgana creciente por profundizar, un miedo a leer ciertos textos por lo que puedan decir de nosotros”. No habla de una censura frontal que prohíba libros de manera explícita, resume el periodista, “sino de una tendencia hacia la lectura higienizada y el arrinconamiento de todo aquello que incomode o genere conflicto”. 

Luna Miguel (F: Laura Rosa)

Una tendencia que sería el síntoma de un cambio de sensibilidad en un campo literario en plena redefinición a la luz del cambio social, en el que Lolita sigue siendo una prueba de fuego: refleja la incomodidad de disfrutar “con lo que se supone que no deberíamos disfrutar” y “la necesidad de reconciliarnos con personajes monstruosos”, dice Miguel.

A la autora la entrevista para La Lectura Andrés Seoane con motivo de la publicación de Incensurable, entrevista que titula con una frase llamativa de Luna Miguel: “Deberíamos lograr que nos la sude lo que opinen los lectores”, una expresión que viene a cuento de observarr una autocensura creciente: “En realidad, el peor tipo de censura actual nace de la autocensura, que se debe principalmente a la cobardía (…) estamos todos tan centrados en el qué dirán, que muchas veces nos cortamos (…) En vez de autocensurarnos, que nos la sude mucho más lo que piensen de nosotros. Ese es el gran trabajo que hay que hacer ahora, escribir como si escribieras para ti sola”.

Define su novela como un ejemplo de “ensayismo mágico”, aunque tiene dentro mucha ficción, aclara, “en esa tradición juguetona con los géneros de autores como Vila-Matas, Lina Meruane o Roberto Bolaño”. Y tiene reflexiones lúcidas sobre cómo “erramos el tiro” con censuras de autores incensurables, como lo es Nabokov, “que no solo es accesible para cualquiera, sino que hoy en día es imposible de prohibir”, mientras no nos preocupamos de “por qué están todavía en el cajón obras de la mexicana Elena Garro, o de por qué no sabemos tanto de las escritoras españolas del siglo XIX y XX”.

Porque hay otro tipo de censura, dice, no solo la ideológica sino también la impuesta por la lógica del mercado y el mundo editorial.

Engañados los unos y mal pagados otros, miserias del sector editorial

Entrevista Juan Cruz en Abril a la directora editorial de Seix Barral, Elena Ramírez, en la que se congratula del éxito del libro en papel frente a pasados miedos por la amenaza del libro digital y porque las nuevas generaciones de jóvenes también leen y, aunque inicialmente lo hagan con obras de poca calidad, terminan apreciando la buena literatura. Y habla también Ramírez de su relación con los autores, “seres hipersensibles” a los que hay que cuidar, y de su amistad con varios de ellos. Un repaso dulce por el oficio de editor que evita entrar en otros pormenores quizá menos agradables. 

Ramírez sigue en activo. Enrique Murillo ya no, tras toda una vida trabajando en el mundo de la edición. Ya hicimos mención en este espacio de resúmenes particulares a su libro Personaje secundario. La oscura trastienda de la edición, una biografía muy recomendable para los interesados en cómo funciona el sector editorial, la relación de los escritores con los editores y otros aspectos del trabajo que hay detrás de la edición de un libro. Murillo escribe ahora en Abril una columna relacionada con todo esto.

En la de esta semana se dirige a la ministra Yolanda Díaz, mencionando la victoria “que obtuvo su Ministerio de Trabajo en el caso de los riders de Glovo, para hablarle de otros supuestos trabajadores por cuenta propia que, en realidad, son una variante de los falsos autónomos de cuya grave precariedad laboral parece no tener noticia la sociedad española”. Sí, lo han adivinado, trae Murillo a su columna a correctores, traductores y otros colaboradores externos de las empresas editoriales que trabajan en situaciones precarias. Dice de ellos que “hacen posible que leamos buenos textos, pero no son empleados de las empresas que hacen libros. Oficialmente trabajan `por cuenta propia’ (o sea, a efectos fiscales, son considerados como un empresario autónomo que, encima, carece de un epígrafe específico en el IAE). Personas que, en un altísimo porcentaje son mujeres y que en muchos casos trabajan para una sola empresa; en otras, para un par o tres a lo sumo”.

Enrique Murillo (F: Patricio Julve/Heraldo)

Una situación que contrasta con los datos de facturación de los que informa la industria editorial que en los últimos años está batiendo récords, mientras “remunera el trabajo de todas esas personas aplicando tarifas que en muchísimos casos quedaron congeladas en 2010. Es un grado de explotación que, por desgracia, debo tachar de miserable”, escribe. Por eso pide a la ministra Díaz que su ministerio les ayude «a recuperar su dignidad profesional, a mejorar sus ingresos”. 

Cuenta, además, para más inri, que “los responsables de velar por la competencia en España multaron a una asociación de correctores por atreverse a establecer tarifas mínimas”. 

Esta precariedad de los correctores de estilo y ortotipografía la padecen “maquetistas (que convierten un texto en páginas de libro; que preparan los libros electrónicos). Y también los lectores externos, los que escriben textos de contracubierta y solapas, los que elaboran los metadatos y los diseñadores gráficos que hacen las cubiertas, así como un sinfín de otros colaboradores editoriales”. Para todos ellos le pide que encuentre “alguna fórmula legal que les impida proponer colectivamente tarifas adecuadas para su trabajo (…) una manera de permitir a estos trabajadores culturales que puedan defender sus derechos colectivos frente a una industria cada día más concentrada y poderosa, dominada por un oligopolio de solo dos actores que facturan el 50% de los libros que se venden en España”. Queda claro.

                              E. Huilson

2 comentarios en «‘Comerás flores’, la historia de una chica malmaridada»

  • Los correctores, maquetadores y otros trabajadores de la periferia editorial merecen un mejor trato en sus condiciones socioeconómicas.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *