Relatos con música

Un Goya para Mozart

Una escena de la película Los Domingos, de Alauda Ruiz de Azúa

El guión de la película Los Domingos, galardonado con un premio Goya en la edición que se celebró el pasado sábado, contempla la aparición de dos coros a lo largo del film. Uno de ellos está compuesto por alumnos y alumnas del colegio donde la protagonista realiza estudios superiores, en vísperas de entrar en la universidad. Es un coro mixto, voces jóvenes, cuyas interpretaciones van acompañadas de piano. El otro es un coro sólo de voces femeninas, las de las monjas de clausura de un convento, situado en algún punto de Vizcaya y cantan a capela.  En total, a lo largo de la cinta, la directora de la película, galardonada también con un premio Goya en la edición del pasado sábado, decidió que ambos coros interpretaran fragmentos de una media docena de obras. Sólo una es fácilmente reconocible para el público ducho en música sacra: el Ave Verum Corpus, de Mozart, que interpretan los jóvenes estudiantes.

Wolfgang Amadeus Mozart

Corría el año 1791 (el año de la muerte de Mozart) y el maestro de capilla de la catedral de San Esteban de Viena, Leopold Hofmann, cayó gravemente enfermo. Mozart vio la oportunidad de aumentar sus ingresos si reemplazaba a Hofmann en la composición de música sacra, una especialidad de la que no era especialmente ávido. No tenía experiencia, pues, según las leyes que regían en aquella época en el Imperio austro-húngaro, estaba prohibido componer música que no fuera para la corte imperial. A Mozart, los contubernios religiosos nunca le habían interesado. Pero probó fortuna y compuso el motete Ave Verum Corpus (Salve, verdadero cuerpo), basado en un breve canto eucarístico, que se atribuye al papa Inocencio VI y data del siglo XIV. La partitura fue entregada en el mes de junio de 1791. El himno fue dedicado a Anton Stoll, párroco de la iglesia de Baden, una localidad que albergaba un balneario donde Constanza, la esposa de Mozart, pasaba largas temporadas, intentado reponerse de su maltrecha salud. De hecho, mientras el músico componía la obra, la esposa se encontraba en Baden, embarazada y esperando el nacimiento de su sexto hijo. El músico salzburgués compaginó la composición del Ave Verun Corpus con los retoques finales de La flauta mágica.

La obra, compuesta para coro, orquesta y órgano, es muy simple, quizá pensando en las limitaciones de un coro de pueblo, como era el de Baden. Pero, precisamente, en su sencillez y simpleza es donde radica la belleza de la composición. Se ha llegado a decir, incluso, que la partitura es demasiado sencilla para ser interpretada por niños y muy complicada para ser cantada por adultos. 

El himno se reduce a cuarenta y seis compases de escritura orquestal para la introducción, desarrollo y fin, y toda la parte coral es interna. Esto también responde a la corriente de estilo que imperó en Viena en aquella época, que promulgaba la simplicidad en formas de las obras religiosas.

Se interpreta en los actos litúrgicos en los que hay consagración del pan  y del vino para recordar la muerte y resurrección de Cristo.

No sería la única incursión de Mozart en la música religiosa a lo largo de su último año de vida. Satisfecho de su experiencia con el Ave Verum Corpus, comenzó a pergeñar su obra casi póstuma: el Requiem.

Gabriel Sánchez

Los Niños Cantores de Viena interpretan Ave Verum Corpus, de Mozart:

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