Relatos con música

Dibujar a través de la música

Catacumbas de París, obra de Víktor Hartmann

Los dos tenían aficiones afines: les gustaba el folklore, los cuentos de hadas, las historias de héroes rusos, fueran o no reales, contemplar la naturaleza en su estado más puro y defender el realismo frente a las manifestaciones abstractas que comenzaban a penetrar en el mundo artístico ruso en el último cuarto del siglo XIX. Modest Músorgski y el pintor y arquitecto Víktor Hartmann eran fieles y sinceros amigos.

Modest Músorgski, retratado por el pintor Iliá Repin

Hartmann murió repentinamente a la edad de 39 años en 1873. Vladimir Stason, crítico musical, escritor y uno de los más fervientes defensores del llamado “Círculo de Balakiev”, grupo de artistas que preconizaban el realismo ruso como parte esencial de la cultura, frente a los que preferían imitar las modas que procedían de la Europa central (Rimsky Korsakov, Borodin, entre los músicos, Dostoyevsky y Tolstoi entre los escritores), organizó una exposición para homenajear al pintor desaparecido a tan temprana edad. En 1874 se inauguró la exposición: 400 obras de arte llenaron los salones de la Academia de Bellas Artes de San Petesburgo. Y su amigo Músorgski decidió, en sus propias palabras, “dibujar en música” algunos de los cuadros allí expuestos.

Eligió 10 de entre toda la obra del pintor: Gomos, El antiguo castillo, Tullerías, Cabeza de ganado, Ballet de polluelos en sus cáscaras, Samuel Goldenberg y Schumuyle (dos judíos polacos), El mercado de Limoges, Catacumbas, La cabaña sobre patas de gallina y La gran puerta de Kiev. Pretendía, con esta selección, expresar el realismo que Hartmann había plasmado en  sus cuadros, en la partitura de la suite.

Mientras componía, disfrutaba de lo que iba saliendo de su imaginación. Así se lo hizo saber a Stason: «Las ideas, las melodías, vienen a mí por sí solas. Como las palomas asadas del cuento, me atiborro y me atiborro y como en exceso. Apenas consigo ponerlo todo por escrito lo bastante rápido».

La gran puerta de Kiev, obra de Víktor Hartmann

Y así llegó a la plasmación de su gran obra. Es un arte musical libre de convencionalismos en el que la melodía, la tonalidad y el ritmo adquieren otra dimensión, más parecida a los cantos propios del pueblo. Músorgski extrajo la esencia de los elementos populares y los plasmó en esta obra con toda la expresividad y sensibilidad que le caracterizaba. Efectivamente, dibujó la música. O musicó los dibujos de Hartmann.

La suite se estrenó en San Petesburgo un año después. La versión de Músorgski estaba concebida sólo para piano. 

Hubo que esperar hasta 1922 para que la partitura del músico ruso fuera orquestada. La empresa la acometió el compositor francés Maurice Ravel y es la versión más conocida y la que se interpreta como obra de repertorio en todos los conciertos. Pero hubo más versiones que no llegaron a cuajar. Y lo explicamos.

En 1924, Sergéi Kusevitski, dueño de una editorial de música rusa, fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica de Boston. Y compró los derechos de la versión orquestal de Ravel. Nadie podía interpretar Cuadros de una Exposición en la versión orquestada por el músico francés. En 1929, esos derechos vencieron. Pero antes, el avaricioso director quiso vender sus derechos a precios completamente abusivos. Directores como Lucien Cailliet o Leopold Stokowski le plantaron cara y decidieron realizar sus propias versiones. Pero no tuvieron  éxito y, tanto la crítica como los directores de orquesta, apostaron, sin ninguna duda, a caballo ganador: desecharon las imitaciones y se quedaron con la auténtica, que es la que se interpreta hoy en todas las salas de concierto.

Gabriel Sánchez

La Filarmónica de Berlín, bajo la batuta del maestro Karajan, interpreta Pictures at an Exhibition de Músorgsky (1986):

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