Relatos con música

Café y cacahuetes

Detalle de la portada del disco 25 versiones clásicas de El manisero

A veces, la inspiración te encuentra, no la buscas. Sentado en la terraza de un café, viendo pasar a los transeúntes por calles más o menos céntricas, escuchando sonidos de vendedores ambulantes, que ofrecen su mercancía a quien quiera comprársela, recibes un fogonazo inesperado y necesitas plasmar lo que te está llegando en algún sitio, no vaya a ser que el momento de arrebato se marche tan rápido como ha venido y el numen se olvide de ti. ¿Una libreta? ¿Un cuaderno? Vaya, he salido de casa sin papel. Total, sólo iba a tomar café. Pero tengo que escribir algo rápidamente. La servilleta de papel que acompaña a la taza a medio consumir es lo más cercano. Ahí. No hay más que trazar cinco líneas horizontales y ya está hecho el pentagrama. Ahora, sólo es cuestión de llenarlo de notas, de esas notas que me bailan en la cabeza  y de las que no me puedo desprender en este momento.

Moisés Simons y la estrella del Casino de París Mistinguett

Pues esto es lo que le pasó al músico, compositor y director de orquesta Moisés Simons, allá por el año 1928. Sentado en la terraza de un café, situado entre las calles San José y Amistad, en el céntrico barrio de San Leopoldo, en La Habana, escuchó la voz de un vendedor de cacahuetes. Y ese acervo popular, ese tono con el que ofrecía su mercancía le inspiró unas notas para una canción, compuesta a ritmo de son. Y las plasmó en la servilleta de papel que tenía encima de la mesa. Así nació la pieza musical más famosa, creada por un músico cubano, con el permiso de Doña Guantanamera, claro.

Pero sigamos con nuestro relato. Simons ya tiene la partitura, pero necesita la letra. Y se la encarga nada más y nada menos que a Alejo Carpentier. Pero el novelista no está para esas zarandajas y hace caso omiso a la petición del músico.

Coincide que en aquellas mismas fechas, el español Gregorio Martínez Sierra, empresario teatral y dramaturgo, se encuentra en La Habana buscando obras del folklore cubano para un espectáculo musical que piensa presentar en Madrid. El español contacta con Carpentier, quien le proporciona guarachas para su proyecto. Pero se necesita un pregón para separar dos escenas. Y entonces, Alejo Carpentier se acuerda de Simons y su son. Y remite al español al compositor cubano. Antes de que la pieza viaje a Madrid, el compositor quiere grabarla, no vaya a ser que alguien le birle la idea fuera de las fronteras de la isla.

Antonio Machín y Rita Montaner

Y así, en 1930, la orquesta de Don Azpiazu, la Havana Casino Orchestra graba la primera versión de El Manisero, en la voz de Rita Montaner. La presentación oficial, después de la grabación, se realiza en Nueva York. Y es a partir de ese momento cuando llega el verdadero furor por el ritmo cubano.

La segunda versión, grabada ese mismo año,  corrió a cargo de uno de los vocalistas de la Havana Casino Orchestra, un segundón llamado Antonio Machín. Esta versión superó el millón de copias, siendo la canción latina más vendida de todos los tiempos. 

En todas las etiquetas discográficas consta como que es una rumba, pero no es cierto. Está compuesta a ritmo de son. Pero ese matiz, a los fans les daba lo mismo, no entendían ni sabían diferenciar un ritmo de otro. Se bailaba, era alegre, contenía todo el sentir latino y con eso era más que suficiente.

¿Y quién compuso la letra? Pues ahí está la duda. Una vez que Alejo Carpentier declinó la oferta del compositor, parece ser que Gonzalo G. de Mello, un escritor cubano de poco éxito, conocido por ser el traductor de los cuentos del escritor estadounidense William Sydney Porter, quien firmaba sus obras con el pseudónimo de O. Henry, se hizo cargo de escribir la letra de El Manisero. Sin embargo, en todas las partituras y en los documentos para reconocer derechos de autor, consta Moises Simons. De Mello nunca reclamó la autoría. Y eso que la euforia por la canción en Norteamérica había generado, hasta 1943 más de 100.000 dólares en derechos de autor. Simons siempre dijo que las estrofas que se pueden escuchar en su Manisero, proceden del folklore popular, en el que se basó para  conseguir que su composición formara parte de la historia de la música latina y que sigue gozando de buena salud 100 años después de aquella tranquila tarda habanera, en el café que hace esquina entre San José y Amistad. 

Gabriel Sánchez

Rita Montaner interpreta El Manisero en la película Romance del Palmar:

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