Un judío en la corte de Lutero

Corría el año 1829 cuando Felix Mendelssohn regresó a Berlín, procedente de las Islas Británicas. En el buzón de su casa (es un decir), una carta del emperador Federico Guillermo II de Prusia. Le decía algo así como: Querido Felix, el próximo años celebraremos en todo el Imperio el 300 aniversario de la publicación de las Confesiones de Augsburgo, el libro en el que Lutero daba a conocer las claves de la Reforma Protestante y que fue entregado al Emperador Carlos V, como demostración de la desvinculación de la iglesia germana del poder de Roma. Vamos a celebrar con grandes fastos esta efeméride y me gustaría que compusieras una sinfonía para este gran evento. Algo así debió decirle el emperador. Mendelssohn se puso rápidamente manos a la obra y comenzó a componer lo que sería su Quinta Sinfonía, llamada también De la Reforma, por motivos obvios.
Compaginaba la composición de este encargo imperial con otras obras que estaban en su cabeza desde su experiencia en las Islas Hébridas. Pero la salud le jugó una mala pasada: contrajo el sarampión y la producción musical hubo de paralizarse por un tiempo, El calendario corría y los fastos para conmemorar la reforma luterana se acercaban. Al final, Mendelssohn terminó su trabajo en el mes de mayo, La conmemoración estaba prevista para junio. Llegó la fecha, se organizó el calendario de las celebraciones… y la música de Mendelssohn no estaba incluida. ¿Motivo? Ha llegado demasiado tarde, no ha dado tiempo a incluir el acontecimiento musical en la agenda de la celebración, otra vez será. ¿Pero era un encargo del Emperador? El emperador está callado y no dice nada, ni ha preguntado por la sinfonía.
Felix Mendelssohn era judío. Como se recordará –y si no se recuerda, valga esta acotación para traerlo a colación-, la música del compositor de Hamburgo estuvo prohibida durante el Tercer Reich, no pudiéndose programar sus obras ni en los auditorios, ni en los teatros ni en los programas de radio de la Alemania nazi.
Pero Mendelssohn se había convertido al cristianismo en 1816 y había sido bautizado en la fe del protestantismo. Pero aún quedaban resabios por los que tuvo que pagar un alto precio por parte de una sociedad antisemita. La obra estaba terminada y había que estrenarla y editarla. Lo intentó en un teatro de Bonn en 1831. Se programó y a sólo unos días del estreno, el concierto fue cancelado. Como siempre nos queda París, el compositor llevó su obra hasta la capital francesa ese mismo año. Los músicos sólo ensayaron la partitura una vez y se negaron a tocarla: la sinfonía era demasiado didáctica, carecía de melodía y el contrapunto era excesivo. Tampoco se estrenó en París. El antisemitismo recorría toda Europa.
Vuelta a Alemania y, por fin, en 1832 la obra pudo estrenarse. Tuvo una acogida discreta. Mendelssohn, consciente de lo que esta composición había significado para él, la arrinconó y nunca más se volvió a interpretar en vida del autor. Para justificar el olvido, dijo que se trataba de un encargo para el 300 aniversario de la Reforma. Una vez pasado este acontecimiento, no tenía sentido ejecutar la obra. Pero, en verdad, odiaba su propia composición, que llegó a calificar de “animal gordo y erizado” o “composición inadaptada”. En 1838, de forma sincera llegó a decir: “Me gustaría destruir la obra”.
Hubo que esperar hasta 1868, veintiún años después de la muerte del compositor, para que su Quinta Sinfonía, de la Reforma fuera editada y poder hacerse con la partitura.
En ella se destaca, en formato musical, la evolución de la Alemania de la época hacia las posiciones luteranas. Para ello, el autor recoge en su último movimiento una composición del propio Lutero, o al menos atribuida a él: el Ein feste borg unser Gotti, Castillo fuerte es nuestro Dios, una composición coral, basada en un texto del Salmo 46, que, en este caso, ejecutan los músicos sin dar voz al coro.
La obra no es de repertorio, pero en ella puede apreciarse la calidad de las composiciones de Mendelssohn que, aunque renegara de la partitura, ocupa un puesto importante en su particular catálogo, junto al resto de sus sinfonías.
Gabriel Sánchez
La Frankfurt Radio Symphony Orchestra, bajo la batuta de Jérémie Rhorer, interpreta la Quinta Sinfonía de Mendelssohn en la Sala Alte Oper de Franckurt en 2014:
