La gitana cabezota

Manuel de Falla, en París en 1915 (Archivo Manuel de Falla)

Rosario Monge, La Mejorana, se había empeñado: quería que su hija, Pastora Imperio bailara una obra compuesta por el maestro Manuel de Falla, que se encontraba en París, pero que había anunciado su regreso a España, huyendo de los nubarrones bélicos que ensombrecían la capital francesa, a finales de 1914. La bailaora y cantaora gitana tenía una idea que le rondaba la cabeza, fruto de las leyendas, cuentos y canciones tradicionales que corrían de boca en boca por los inclinados repechos del  Sacromonte: el amor imposible de una gitana, atormentada por el espíritu de su antiguo amante muerto, que se le representaba cada vez que intentaba seducir a Carmelo, su verdadero amor. Con semejante angustia, Candela, que así se llamaba la atormentada, según La Mejorana, la joven gitana se estaba volviendo loca.

Y para convencer al maestro, la bailaora le proporcionó un material que Falla supo utilizar de forma muy particular: le mostró, a través de su voz, de sus palmas y del acompañamiento a la guitarra de payos locales, seguiryas, soleares, martinetes, polos y zambras con los que armar la obra. El maestro gaditano no estaba muy convencido. Después de los éxitos cosechados fuera de España con obras como Noche en los Jardines de España o La vida breve, volver a las raíces gitanas, hurgar en el folclore andaluz y componer un ballet para lucimiento de una cantaora y bailaora, le parecía a Falla dar un paso atrás en su carrera artística, reconocida ya en toda Europa, y avalada por nombres como Debussy o Ravel.

Al final, Falla aceptó el reto y se puso manos a la obra. Antes de ponerle nombre a la partitura intentó plasmar en el pentagrama toda la fuerza primitiva, la naturaleza trágica y el carácter mágico del folclore, para que la composición no fuera una sucesión de palos flamencos sin más, interpretados por la voz ronca de la cantaora de turno y sin atractivo musical culto. Había que escribir un libreto en el que se recogiera la tragedia, narrada en la voz de sus protagonistas. ¿Qué voz? ¿Soprano, mezzo? Al final las dudas se resolvieron, todas menos una: el libreto sería encargado a Gregorio Martínez Sierra y la gitana estaría interpretada por una mezzo soprano que combinaría el cante con pasajes recitados. Imperio Argentina sería la protagonista. La obra llevaría por nombre El Amor Brujo.

El estreno tuvo lugar el día 15 de abril de 1915 en el teatro Lara de Madrid. La dirección musical corrió a cargo de José Moreno Ballesteros, y al piano se sentó su hijo, Federico Moreno Torroba. Todo salió como estaba previsto, es decir, que a Falla no le terminó de convencer el espectáculo. El espíritu se había logrado, los ritmos eran lo adecuados, la letra, la idónea, pero la orquestación, esa voz…. No, no.

Falla rehízo la partitura: eliminó danzas y canciones que no habían tenido mucho éxito en la representación del estreno, cambió la orquestación y le dio protagonismo a una orquesta sinfónica en  detrimento del conjunto de cámara inicial, y se decidió que la voz fuera la de Antonia Mercé, La Argentinita. Con la nueva partitura, El Amor Brujo se volvió a presentar en Madrid, concretamente en el hotel Ritz, el 28 de marzo de 1916, bajo la dirección de Enrique Fernández Arbós

Arthur Rubinstein (Biografías)

Pero tampoco. Había que dar una nueva vuelta de tuerca a la composición. Eliminar los dos actos y crear un ballet en un solo acto con orquesta sinfónica. La versión final, la que ha llegado hasta nuestros días y la que se sigue representando data de 1925. En ella se recogen los ritmos populares, las antiguas melodías y la singularidad de la música andaluza. La famosa Danza del Fuego es un ritual fragüero, la traslación de las canciones que los herreros interpretaban mientras golpeaban el hierro en el yunque. El pianista Arthur Rubinstein se enamoró de la danza y le pidió a Falla un arreglo para piano. El compositor se negó, alegando que la danza era para bailar y que el piano no recogería el verdadero espíritu con el que estaba compuesta. El polaco insistió, y el español que no. Al final accedió a la petición de Rubinstein. Gran equivocación la de Falla. La interpretación de la Danza del Fuego al piano del maestro judío fue todo un éxito y resonó por toda Europa.

Cuando Falla decide acometer la composición de El Amor Brujo, se disipan todas las dudas, ya lo hemos dicho. Todas menos una. ¿Quién escribió el libreto de la obra musical? Consta como autor Gregorio Martínez Sierra. Pero la verdadera autora fue su esposa, María Lejárraga, activista del feminismo de la época, poeta, escritora, quien no se atrevía a firmar con su nombre porque la mujer no estaba lo suficientemente reconocida en los ambientes artísticos de la época y prefería ocultarse bajo el nombre de su marido, famoso y… hombre.

GABRIEL SÁNCHEZ

Danza ritual del fuego, escena de la película El Amor Brujo, dirigida por Carlos Saura en 1986 y basada en la obra de Manuel de Falla.

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