Llegó el verano al Patio

Ya ha llegado el verano. Hay que correr el toldo del patio, bajar las persianas, preparar la hamaca y poner a refrescar el agua en el botijo. Dentro de poco escucharemos los cánticos de los segadores que van al campo a cortar la mies.
Estas imágenes (las del botijo, no, claro) las captó Antonio Vivaldi en el segundo concierto de Las cuatro estaciones, compuesto en 1723. A lo largo de las narraciones de las demás estaciones, hemos explicado que el proyecto que se le presentó al músico de Venecia incluía, además de la partitura de cada una de las estaciones, un poema alusivo a las distintas épocas. Se trataba de juntar dos artes: la literatura y la música. A Vivaldi le hizo especial ilusión acometer la empresa, pues podía demostrar también sus dotes como poeta. Pero, al parecer, y según los estudiosos, el proyecto fue un fracaso, pues los poemas, atribuidos al músico, eran muy malos, completamente desviados de la técnica y la estructura de la época. Y no es que Vivaldi quisiera encabezar la vanguardia poética del siglo XVIII, simplemente que la literatura no era lo suyo,

El verano es el segundo concierto y, tal vez, el más difícil de acometer por parte del solista, pues está lleno de desafiantes pasajes para el violinista. A través de su instrumento solista, debe transmitir la languidez del calor como la furia de las tormentas.
El movimiento lento central es especialmente evocador, describiendo la quietud opresiva de un día de verano, seguido por la enérgica explosión de la tormenta. Pasa del sosiego a la vehemencia musical en muy corto espacio de tiempo, lo que provoca, incluso cambio de mentalidad del intérprete a la hora de acometer la partitura.
El verano es un poema evocador sobre el calor abrasador de la estación. Pero ese calor intenso comienza a ser reemplazado por una brisa fresca y refrescante, que va acompañada por el canto de algunos pájaros, interpretados por el violín con notas muy agudas. Sin embargo, pronto los acordes menores y los matices dramáticos nos advierten de la proximidad de la lluvia, los truenos, los relámpagos y demás elementos que conforman las tormentas veraniegas.
A lo largo de siete minutos, en tan sólo tres movimientos, Vivaldi es capaz de describir esta época del año, con un ritmo rápido, dinámico e intenso. Esta partitura demuestra dos cualidades que, tal vez, no se encuentren de manera tan definida en las otras tres estaciones: Vivaldi era un gran músico, capaz de cambiar los registros de forma rápida para dar intensidad y realismo a la partitura y, la segunda, era un gran observador de la naturaleza.
La primera grabación de El Verano data del año 1939. Una emisora de radio francesa transmitió el concierto que ofreció el violinista Alfredo Campoli. Esa transmisión fue grabada en unos discos de acetato. Hubo que esperar hasta 1942 cuando se acometió la primera grabación electrónica. Al violín, Bernardino Molinero, quien realizó una versión un tanto particular, pero reconocible.
Hoy, El Verano, incluido en el conjunto de Las cuatro estaciones es una partitura de culto y forma parte del repertorio habitual de las orquestas de cámara, con un solista de prestigio a la cabeza.
En el patio, con el toldo echado, la hamaca y el botijo, no se olvide conectar el picú y que suene El Verano. El calor será, sin duda, más llevadero.
Gabriel Sánchez
El director y solista Giuyliano Carmignola interpreta al violín la parte final de Verano, de Vivaldi, en el Festival de Arte Transiberiano 2017:
