El diario de Frank Hurley entre témpanos de hielo

Conocida es la odisea del barco británico Endurance, que quedó varado, atrapado y hundido en los hielos del mar de Weddell, en 1915 en la Antártida, y cuya tripulación, sin que se perdiera un solo hombre, fue rescatada el 30 de agosto de 1916, tras pasar meses de enormes calamidades y mucho frío. Las imágenes tomadas por el fotógrafo australiano Frank Hurley, que viajaba en el aquel barco, dejaron constancia de la aventura. Menos conocidos son sus diarios, de lo que no hay traducción al castellano: Hurley detalló día tras día las penurias y también los buenos momentos que pasaron en tan inhóspito lugar.

Pongámonos en situación. El 1 de agosto de 1914 parte el Endurance, una nave de 350 toneladas y 44 metros de eslora, de los muelles de Blackwall, al este de Londres, rumbo a Argentina. La expedición, liderada por el explorador Ernest Shackleton, tenía como objetivo cruzar el continente antártico de un mar a otro a través del Polo. Eran 1.800 millas náuticas, con terrenos hasta entonces desconocidos, desde el mar Weddle al Polo Sur. En el barco viajaban tripulantes, científicos, médicos y personal de apoyo. Un total de 27 hombres… más un polizón que descubrieron más tarde. Llevaban con ellos 69 perros y un gato, Mrs Chippy.
Temporal y mala mar
La navegación se desarrolló según lo previsto. El 5 de diciembre parten de la estación ballenera de las islas Georgia para cruzar el mar de Weddell y poner rumbo al Polo Sur. Las previsiones meteorológicas son muy adversas.
A partir de aquí vamos a conocer, de la mano de Hurley, cómo se desarrolla la vida en el barco a través del diario que llevó, y del que bien podríamos decir que “nunca uno se escribió en condiciones tan adversas”. Leyendo sus anotaciones, sorprende cómo una situación tan desesperada puede describirse día a día con una serenidad en la que hasta vemos pinceladas de humor. Les animo a leer esta pequeña selección que hemos hecho de estas entradas donde se ponen de manifiesto estos rasgos.

8 de diciembre. Navegamos hacia el este sin ver barreras, aunque hay numerosos icebergs que salpican el mar. Un gran número de pingüinos anillados sigue la estela del barco.
13 diciembre. Buena marcha la mayor parte del día. Han cazado una foca y todos estamos deseando desayunar filetes de foca.
27 de diciembre. Estamos rodeados de placas de hielo. Tendremos que renunciar a lavar las cubiertas del barco, ya que el agua se congela a los pocos minutos.
1 de enero de 1915. Recibimos el Año Nuevo y algunos entusiastas se animan a cantar la popular canción escocesa Auld Lang Syne, pero la mayoría de la tripulación duerme. Desde la plataforma del mástil pude hacer algo de cine y también tomé fotografías.
12 de enero. Al atardecer, se observan en el témpano varias especies aparentemente nuevas de pingüinos que, tras una investigación más minuciosa, resultaron ser jóvenes emperadores. Conseguimos una docena de ejemplares.
15 de enero. Uno nunca sabe lo que va a pasar en esta zona antártica, hemos navegado por la cara del glaciar y como no se ve absolutamente nada de hielo ni placas, el barco ha desplegado todas sus velas y ha ido a toda máquina, como no veíamos desde hace semanas.
19 de enero. No se ve nada de agua.
Jugando al fútbol sobre hielo

31 de enero. Llevamos 15 días sin movernos, y para ser sinceros, nuestra vida a bordo está siendo muy dura. El tiempo está estancado. No hay una gota de viento (…) La tripulación jugó al fútbol esta tarde.
2 de febrero. Los ánimos se animaron esta mañana con la aparición de varias focas en el hielo. La carne de foca se necesita de forma urgente para alimentar a los perros, y también para nuestra despensa. Cazaron siete que dará alimento para 14 días.
5 febrero. Tuvimos una divertida discusión en el desayuno sobre una cuestión acerca de un mono y un poste, que provocó un debate acalorado y furioso. A mediodía nos sorprendió una violenta sacudida que, al investigarla, mostró el resquebrajamiento de nuestro témpano. La grieta se extendía a lo ancho del témpano y nuestro barco estaba en su trayectoria directa. Todos los tripulantes se apresuraron a subir a cubierta para presenciar este feliz acontecimiento, la liberación del barco después de haber permanecido congelado durante casi tres semanas. Nuestra alegría, sin embargo, duró poco, ya que el témpano, tras romperse, volvió a juntarse y nos dejó casi en la misma situación que antes.

7 de febrero. He hecho los retratos individuales del grupo.
9 de febrero. Hemos hecho un divertido juego de eliminación en la sala de oficiales. Uno sale de la habitación, el resto organiza lo que hay que adivinar. Al volver, la víctima hace varias preguntas al grupo, que sólo puede responder sí o no. Mediante un proceso de eliminación juicioso, el interrogador, si es lo suficientemente listo, resuelve invariablemente la pregunta.
Visita sorpresa de orcas
10 febrero. Visita sorpresa de dos orcas que rompieron el hielo a nuestra popa, asomando sus cabezas, y soplando… Me alegro de estar sobre la cubierta del barco.
14 febrero. Todas las manos trabajaron hasta la medianoche para liberar al barco del hielo, todo el mundo como un troyano blandía un pico, cincel de hielo, o cualquier otro artefacto.

15 febrero. Todos los tripulantes atacan de nuevo el hielo y trabajan hasta medianoche. Se decide a regañadientes renunciar a la tarea, ya que es imposible trabajar por ser el hielo demasiado profundo. Solo confiamos, pues, en la naturaleza para salir de esta.
22 de febrero. Tres perros, en muy mal estado y aparentemente con pocas esperanzas de recuperación, tuvieron que ser sacrificados.
28 de febrero. Toldo aparece congelado y sin agua a la vista. Todo está en marcha para protegernos del asedio del próximo invierno antártico.
3 de marzo. Old Saint, uno de los mejores perros, ha muerto por una obstrucción intestinal. Hemos decidido hacer iglús para los perros. Por la tarde jugamos al fútbol.
Competición musical
6 Marzo. Por la tarde hemos hecho una competición de canciones. El premio lo ha ganado por unanimidad sir Ernest (Shackleton). Se cantó The Gambolier (Wordie, ahora ex campeón, interpretó The Gambolier con una voz parecida al tono estridente que se obtiene al pasar una escofina por el borde de una plancha de hierro galvanizado.) Clark tuvo mucho éxito cantando My nut Brown maiden y yo canté Waltzing Matilda, (la canción folklórica más conocida de Australia), pero está claro que el canto no es lo mío.

9 marzo. Ya que no hay esperanza de liberarnos de nuestra helada soledad esta temporada, y como la temperatura baja de forma preocupante, se están haciendo algunas modificaciones en la zona residencial del barco. La bodega principal ha sido descargada, y se están construyendo cubículos a lo largo de los costados de babor y estribor. Cada guarida tiene un nombre, por ejemplo, The anchofage (El boquerón), al estilo del Ritz. La sala de oficiales también ha cambiado y ahora la llamamos Los establos. Sir Ernest sigue ocupando su camarote. Hoy hicimos una magnífica excursión de 17 millas y pude tomar fotografías.
12 de marzo. Inauguración de la rutina de invierno: Saltamos de la litera a las 8,30am; desayuno a las 9,00; comida a la 1pm, té de la tarde a las 3,30pm y cena a las 6pm. Comida: un plato de sopa espesa, con pan y mermelada o carne en conserva. Tarde libre. Cena: sopa, carne, verduras y dulces con cacao o te.
Un baño caliente
18 de marzo. Me di un baño caliente frente al fuego. Me cambié de ropa usada de tres meses y lavé los calcetines. Por la noche, un grupo conversamos en susurros sobre las perspectivas de futuro, sobre Inglaterra, y Australia.
21 marzo. Sue ha tenido dos cachorros.
1 de abril. Los ingenieros desmontan y engrasan los motores para conservarlos durante el próximo invierno. Al dejar Buenos Aires, teníamos 69 perros. La mortalidad ha sido grande, solo quedan 54 y 8 cachorros.
6 de abril. Hussey y yo hacemos la vigilancia nocturna. Por la noche jugamos al ajedrez, nos encanta y ejercita el intelecto, que de otro modo estaría dormido.

Otro perro menos
21 de abril. Rugby, el perro de mi equipo, se puso muy enfermo y hubo que sacrificarlo.
24 de abril. Bajada de temperatura a -19. Las cámaras de fotos, y sobre todo, el cinematógrafo, necesitan mucha atención y cuidado.
10 de mayo. Saddie ha tenido un cachorro.
15 de mayo. Se han cazado una foca y 20 pingüinos emperador, lo que nos permitirá alimentos por una temporada. He dado mi tercera tertulia de lecturas sobre New South Wales, a la que acudieron todos.
Corte de pelo para todos
19 de mayo. Una locura en pleno invierno. todo el mundo quería cortarse el pelo. Después parecemos un grupo de convictos y no dejé pasar la oportunidad de perpetuar esta imagen con unas cuantas fotografías.

26 de mayo. La luna arrojaba un suave resplandor plateado sobre el témpano, confiriendo un punto encantador a nuestro viaje.
4 de junio. El barco está prácticamente congelado en una enorme isla de hielo.
8 de junio. Solo dos horas de tenue luz. No se observa ningún animal. Calma sepulcral.
Pechuga de pingüino
12 de junio. Albricias! Cenamos un delicioso plato de pechuga de pingüino al horno.
13 de junio. Desde la comodidad del interior del barco, es difícil imaginar que estamos a la deriva, congelados en un mar de hielo en el corazón del Mar de Weddell. A veces me pregunto, y supongo que no soy el único, ¿qué va a pasar?

21 de junio. Macklin en su litera escribe versos y yo hago lo propio. Mollroy está arreglando un equipo de música, mientras que el tío Hussey está siendo asediado para que toque su banjo.
22 de junio. Después de la cena, espectáculo. Sir Ernest abre la velada con una arenga satírica a la que responde admirablemente Lees. Muchos sketches humorísticos, intercalados con parrafadas muy divertidas. Todo acaba con God Save the Queen y la canción popular escocesa Auld Lang Syne.
5 de julio. El equipo de perros de Macklin se cae en una brecha y tiene grandes problemas para sacarlos. El aire frío congeló rápidamente el pelo de los perros, pero no parecen haber sufrido mucho por su inmersión…
Una danza de guerra maorí
10 de julio. Hago una lectura sobre Nueva Zelanda. Worseley me permitió dar la conferencia, siendo él neozelandés de nacimiento. Pero habla con poca elocuencia, y se limita a decir «esto es -er-er-esto y lo otro». Sin embargo, se redimió ejecutando una danza de guerra maorí.
13 de julio. El viejo Rufus, el perro mayor de nuestro equipo, se muere de una neumonía.
21 de julio. Se vuelven a escuchar los hielos bajo la presión.
25 julio. Viento frío con nieve durante todo el día. Se escucha el hielo quebrarse en la proa de estribor. Tememos que cada vez está más cerca.
1 de agosto. La placa de hielo ha empezado a moverse. Poco después comenzó una gran presión que hizo que lenguas de hielo se introdujeran bajo el barco y nos escoráramos a estribor. Completamente aturdidos y pensando que había que abandonar el barco, y subir a los botes, la presión paró de forma instantánea y la calma volvió a la Antártida una vez más.
53 grados bajo cero
2 de septiembre. Fuerte presión toda la noche. Uno no siente más que aprensión cuando la cubierta empieza a moverse y a abrirse bajo nuestros pies, y oyes al barco gemir y crujir bajo este horrible abrazo helado. Ahora hay 53 grados por debajo del punto de congelación.
5 septiembre. Concierto de gramófono esta noche.

30 de septiembre. Hoy se ha producido una ola de frío, la más severa desde que entramos en el hielo. El barco soporta una tensión terrible, temblando de proa a popa, y parece que sus costados van a colapsar. El témpano se rompe y, con gran alivio para todos, se alivia la tensión. Conseguimos cinco focas y dos pingüinos.
Cumpleaños y ballena
15 de octubre. Mi 28 cumpleaños. A medianoche, el barco se desprende del hielo y cae a popa, navegamos 100 metros, nuestro primer movimiento desde el 15 de febrero. Una ballena aparece detrás del barco.

18 de octubre. Poco después de las cinco de la tarde comenzamos a elevarnos del hielo, como una gigantesca pipa apretada entre los dedos. En el breve espacio de siete segundos, salimos disparados de los témpanos y el barco se escoró 30 grados. Todo el equipo sin asegurar rodó inmediatamente por el lado de la borda. En la cubierta, el caos fue enorme: perros, perreras, trineos y equipo de emergencia fueron arrojados a babor. En la cena, todos nos sentamos en el suelo. Uno no se atrevía a apoyar nada en la mesa o la pendiente de 30 grados te amonestaba inmediatamente.
20 de octubre. Para estar preparados en caso de emergencia, hemos vuelto a las guardias marítimas originales. Por la noche se produjo un estruendo entre los témpanos circundantes, que pellizca ligeramente el barco. Estamos tan acostumbrados a estos sucesos que nadie se movió de sus literas.
25 de octubre. El barco se encuentra en una situación muy precaria, con una fuerte escora a estribor. Por la tarde empaqueté mi álbum en tela impermeable, ya que es el único registro de mi trabajo que podré llevarme si nos vemos obligados a salir al hielo.
Todos fuera del barco
26 octubre. Siempre recordaré vívidamente esta tarde. Los perros, instintivamente conscientes del peligro inminente, aullaron de inquietud y miedo. Sir Ernest, de pie en la popa, observaba con calma los movimientos del hielo y daba de vez en cuando una orden perentoria. A las 6 de la tarde la presión aumenta. El barco gime y se estremece, las ventanas se astillan y los maderos de cubierta se agrietan y retuercen. En medio de estas fuerzas profundas y abrumadoras, somos la encarnación absoluta de la futilidad impotente. A las 7 de la tarde se da la orden de arriar los tres botes. Los botes se alejan del Endurance y de la zona de peligro.

1 noviembre. La situación de la superficie del barco es atroz y el témpano está cubierto de una capa de nieve blanda en la que nos hundimos hasta las rodillas y los muslos. Apenas hay un metro cuadrado de superficie lisa cubierta en un laberinto de montículos y crestas. Se establece un campamento permanente en un pedazo de témpano viejo y pesado.
Rescate de la enciclopedia británica
3 de noviembre. Rescatados mis libros y la enciclopedia británica del camarote del capitán.
7 de noviembre. A nuestro alrededor, una vasta e ilimitada extensión de nieve, que ni la imaginación más fértil podría concebir como el congelado fondo del mar… Es inconcebible, incluso para nosotros, que habitemos en una colosal balsa de hielo, a la deriva, bajo los caprichos del viento y las mareas, hacia Dios sabe dónde…
8 de noviembre. Última visita oficial al pecio con el jefe y Wild. Se han formado grandes rampas de nieve alrededor de los restos del casco, enterrando casi por completo las cubiertas. Si no fuera por lo que queda del trinquete y la chimenea, uno no creería que esa colección de maderos fragmentados y rieles retorcidos fueron un día un barco.
400 negativos perdidos
9 de noviembre. Paso el día con sir Ernest, seleccionando lo mejor de mis negativos. Me quedé con 120 y me deshice de unos 400. Esta desafortunada reducción es esencial, ya que hay que reducir peso.
10 de noviembre. La rutina del campo es la siguiente: amanecemos a las 8, 8,30 desayuno; tareas rutinarias, como buscar focas, ordenar el campamento, etc. hasta las 13:00 horas. Comida. Tarde cada uno a su discreción: lectura, paseo, etc. Generalmente cena de morsa o pingüino a las 5,30 y cacao. Regreso para dormir de inmediato. Una hora de guardia en noches alternas.
16 de noviembre. Contamos las cerillas y descubrimos que tenemos suficientes para doce meses. Estamos muy preocupados, sin embargo, por evitar invernar otro año en el Antártico. Si cruzamos la Tierra de Graham, probablemente nos encontraremos con los balleneros de la Bahía Whilhelmina y, si no logramos salir todos esta temporada, al menos podremos dar a conocer al mundo nuestro paradero.

Hundimiento del Endurance
21 de noviembre. Wild, Crean, Lees, McIlroy y yo realizamos la última visita al naufragio para recoger diversos objetos. A las 5 de la tarde se percibió un leve movimiento en los restos del naufragio. La popa se elevó verticalmente y, unos minutos después, se sumergió bajo la superficie del témpano. No lamentamos ver lo último del barco. Era un objeto de depresión para todos los que volvían los ojos en esa dirección y cada día era más peligroso para quienes lo visitaban…
23 de noviembre. El jefe nos ha estado entreteniendo hoy con la historia de su anterior travesía por el Polo Sur.
24 de noviembre. Vistos todos juntos, somos un grupo variopinto, una vuelta a la prehistoria en rostro y costumbres, pero felices como alondras y esperanzados en el futuro.
27 de noviembre. Los tres botes han sido bautizados como James Caird, el Dudley Docker y el Stacombe Wills.
Ataque de reumatismo
4 de diciembre. El jefe ha tenido un ataque de reumatismo.
7 de diciembre. Wild and Worsley estudian nuestra posición. Estamos a 200 millas de Snow Hill y a 262 de la isla Paulette. Nuestra posición es favorable.
13 de diciembre. Frío y viento. A pesar de ello lo agradecemos porque nos mueve unas 12 millas diarias hacia el Norte. Me paso el día leyendo la Enciclopedia.

16 de diciembre. Paseo por el hielo con Sir Ernest, discutiendo los planes para la próxima expedición. Siento una gran admiración por él. Es una de las personas más inteligentes que he conocido.
30 diciembre. Descubierta una grieta en nuestro témpano, que cruza el campamento. Avisado sir Ernest, se ha decidido mover el campamento al centro de la placa de hielo.
9 de febrero. He terminado Viaje por Francia, de Arthur Young, que me ha entusiasmado, y he empezado The Sea Captain, de Bailey. No hay más noticias.
12 febrero. Leyendo What I saw in Russia, escrita por Hon. Maurice Baring.
A la deriva sobre un témpano
15 Febrero. Si somos un pequeño témpano de hielo de los muchos millones que constituyen el mar de Weddell, y nos mueven vientos y corrientes en diversas direcciones, ¿cuál es la probabilidad de alcanzar un punto predeterminado a 300 millas de distancia? Esta mañana no nos encontrábamos de humor para recibir el día con una canción – extremadamente irritables por no decir otra cosa-, después de tres días de vientos adversos y tiempo miserable.
Hoy es el cumpleaños de Sir E, y el aniversario de nuestros esfuerzos para liberar el barco de su posición congelada, hace doce meses.
Tierra firme, por fin

15 de abril. Navegamos tranquilamente a sotavento de picos y glaciares fantasmales, hasta que la luz permitió una navegación segura. Vemos una costa que presentaba escarpados acantilados y glaciares, salvajes e indescriptibles. En el cabo Valentine, sin embargo, hay una pequeña playa abrigada adecuada para el desembarco. Imaginen nuestra alegría al pisar tierra firme tras 170 días de vida en un témpano de hielo a la deriva (desde el hundimiento del barco).
16 de abril. Aquí se ven paredes de hielo azul de 100 a 180 pies de altura, cuyas bases se desgastan por la acción de las olas. El viento, la tormenta y la nieve son incesantes, mientras los remolinos, que caen por los barrancos como tornados que estallan, azotan el mar con furia. Es la naturaleza: inhóspita, furiosa. Exceptuando dos o tres posibles desembarcos, la isla es inaccesible.
La travesía del James Caird
Desde el día que llegan a tierra firme, a la Isla Elefante, pasarán cuatro meses hasta ser rescatados. A los pocos días de pisar la isla, el 24 de abril, sir Ernest Shackleton decide salir en busca de ayuda. Utilizan el bote menos dañado, el James Caird. Lleva la comida justa porque sabe que si no logran alcanzar las islas Georgia del Sur se perderán en el mar. Le acompañan el capitán del Endurance, Frank Worsley, “un hombre extraordinario y de indudable aptitud”, el contramaestre Tom Crean, un irlandés de lealtad inquebrantable, y dos hombres más. Durante 16 días el James Caird resiste los embates del mar y las tormentas hasta recorrer las 800 millas que le separan de una isla habitada. El pequeño sextante que utilizaba Worsley y su habilidad en la navegación fueron fundamentales para alcanzar finalmente las islas Georgia del Sur y buscar ayuda para rescatar al resto de la tripulación, varada en Isla Elefante.

Porque en la deshabitada isla habían quedado 23 hombres a la espera de un rescate incierto. Pasó mayo y junio. Al joven polizón Perce Blackborrow hubo que amputarle los dedos de un pie debido a gangrena por congelación. Los días se hicieron más largos. El 8 de julio Hurley escribe en su diario: “Cada día escudriñamos el horizonte en busca de un mástil y cada día soñamos que llegue pronto”. Días más tarde comenta que “es increíble cómo nos hemos acostumbrado a inconvenientes y costumbres que no hace tanto eran vistas con repugnancia y dureza”. Días que pasaban sin pena ni gloria y que se hacían interminables porque “no se podía hacer nada”.
Un banjo, medicina vital
Aunque siempre estaba el buen humor y la música de Leonard Hussey, un explorador y médico que llevaba de viaje un banjo y que levantó la moral de la tropa, nunca mejor dicho. De él dijo Worsley: “Era poseedor de un genio brillante y sus cómicas salidas eran de las pocas alegrías que podíamos permitirnos”. El banjo pesaba 5 kilos, y Shackleton lo consideró “una medicina vital para la mente”, de forma que cuando subieron a los botes llevando solo un kilo de equipaje personal, a Hussey se le permitió añadir los 5 kilos de su banjo.

En la isla desayunan, comen y cenan pingüinos. El mes de julio transcurre sin novedad. Hurley escribe el 1 de agosto: “Hace dos años que el Endurance salió de Londres y doce meses desde que sufrió su primer mordisco severo por la presión del hielo. Qué vicisitudes y pruebas hemos pasado desde entonces. Días de incesante ansiedad”. El 20 de agosto se lee: “hoy es el último día de la ración de frutos secos. Todavía tenemos suficientes galletas para racionar una por hombre los lunes, martes, viernes y sábados para que duren hasta el 15 de septiembre”. Faltan diez días para que aparezca en el horizonte el barco chileno Yelcho, al mando del capitán Luis Alberto Pardo, a su rescate.
Maravilla de día
Eso ocurrió el 30 de agosto de 1916. No es difícil imaginarse a Hurley escribiendo emocionado y azorado lo siguiente: ¡Maravilla de día! Mientras el grupo almorzaba, Marston y yo divisamos un curioso trozo de hielo en el horizonte que se parecía mucho a un barco. Olvidamos la comida, encendimos un faro y el barco respondió a nuestra señal. Se acercó un bote y reconocimos al jefe (Shackleton). En menos de una hora estábamos en el barco chileno Yelcho, al mando del capitán Pardo. Posteriormente supimos que éste era el cuarto intento de rescatarnos. Tuvimos una velada musical y oímos todas las neuras de la guerra del mundo etc. etc. a bordo. No soy muy susceptible a las emociones, pero este feliz reencuentro con nuestros camaradas a los que casi habíamos dado por perdidos, y nuestra feliz liberación, me ha dejado una impresión imborrable”.

Posdata: Todos fueron rescatados y considerados unos héroes a su regreso a Europa.
El fotógrafo Frank Hurley continuó escribiendo sus memorias hasta 1944. Sus diarios manuscritos que recogen sus viajes antárticos y dos guerras mundiales se conservan en los archivos de la Biblioteca Nacional de Canberra y la Biblioteca Mitchell en Sidney, en Australia.
Por cierto, el cronómetro que utilizó Shackleton en aquella travesía se puede ver en el Museo Marítimo Nacional, en Greenwich (Londres). Y, para los curiosos, el bote James Caird reposa hoy en el claustro del colegio Dulwich, en el sur de Londres.
Las fotografías son las que tomó Frank Hurley durante la expedición
Texto y traducción: Ana Amador

Gran trabajo. Lo he disfrutado muchísimo y se me ha hecho corto. Muchas gracias.
Qué bueno. Qué frío… qué bien contado y con fotos!
Menuda película! Tremenda la aventura de estos hombres y lo más impresionante es que da la sensación de que no tuvieron mucho miedo. Muy bonito ver las fotos.