Artistas

Noah Davis, maestro de lo cotidiano, en la Barbican

De la serie Pueblo del Río, obra de Noah Davis

Mostrar a la gente negra en escenarios normales, donde no hay ni droga ni armas, ese fue el objetivo de Noah Davis, un pintor estadounidense que murió prematuramente. Más de 50 de sus pinturas figurativas se exhiben hasta el 11 de mayo en la Barbican Art Gallery de Londres. En sus cuadros, basados muchos de ellos en fotografías anónimas que coleccionaba, aparecen figuras durmiendo, bailando, zambulléndose en una piscina o sentados en el sillón del hogar. Como explica en su presentación la galería londinense, son “escenas que pueden ser a la vez realistas y oníricas, alegres y melancólicas”. 

Bad Boy for Life, obra de Noah Davis

Nacido en Seattle (EEUU) en 1983, Davis era el hijo menor de Keven Davis, abogado especializado en deportes que llegó a representar a las hermanas tenistas Williams, y de Faith Childs-Davis, artista y escritora. Empezó a pintar siendo adolescente y con 17 años ya se había hecho con su propio taller. Estudió pintura en la Cooper Union School of Art de Nueva York de 2001 a 2004, pero no llegó a licenciarse. Se trasladó a Los Ángeles y tres años más tarde ya participaba en una exposición colectiva, donde el tema era elaborar un trabajo que hiciera referencia al hogar o a la falta de él. Davis creó Bad Boy for Life, que se exhibe en la Barbican, y ello marcó su obsesión por los aspectos íntimos de las escenas cotidianas. 

A lo largo de su corta vida llegó a realizar unas cuatrocientas obras, entre óleos, collages y esculturas. Sus pinturas reflejan melancólicos retratos de figuras negras desdibujadas sobre paisajes yermos y muestran situaciones cotidianas con sencillez y dignidad. 

Frente a la injusticia

40 acres y un unicornio

Muchas de sus primeras pinturas hacen referencia a las injusticias sufridas por los estadounidenses negros a lo largo de la historia. Es el caso de la obra 40 Acres y un unicornio, que alude al decreto de 1865 por el cual  las familias liberadas de la exclavitud recibían 40 acres y una mula, decreto derogado más tarde por el sucesor de Abraham Lincoln. Ni tierra ni mula, y Davis lo refleja en este majestuoso hombre montado en un unicornio.

Karon en Halloween

Otras pinturas, como esta, basada en una fotografía de la infancia de su esposa Karon cuando tenía seis años, tienen asímismo un marcado carácter racial. La pequeña está sentada al borde de la cama con un disfraz de Holly Hobbie preparada para Halloween. Este disfraz, muy popular de la época, hace referencia a la imagen romántica de los colonos blancos y Davis representa así a la niña en un acto de enmascaramiento racial.

Mirando el abismo

Painting for My Dad

Davis acababa de convertirse en padre de su hijo Moses cuando su propio padre fue diagnosticado con un cáncer terminal a principios de 2011. Pasó un tiempo en Nueva York, acompañando a su padre, pero no consiguió pintar casi nada. Pero sí reconoció el paisaje camino de vuelta a Los Ángeles, e inspirado por esas formas rocosas, pintó una de las obras más destacadas de la exposición de Barbican, la titulada Painting for My Dad, que imagina a un hombre en su soledad mirando hacia un abismo en una noche estrellada. 

Museo Underground

Keven Davis murió en diciembre de 2011 y dejó a su hijo una herencia que Noah utilizaría más tarde para crear, en 2013 y junto a su esposa Karon, el Museo Underground. Situado en un barrio históricamente obrero afroamericano y latino de Los Ángeles, el objetivo del Museo era llevar el arte de calidad a una comunidad que no tenía acceso a él. El museo fue un espacio de exposiciones experimental gestionado por artistas que acabó cerrando sus puertas en 2022. 

Rothkos de barrio

El eslabón perdido

Gran admirador del pintor David Rothko, a Davis le gustaba conducir por los barrios de Los Ángeles buscando lo que él llamaba “rothkos de barrio”, con paredes de los edificios pintadas en sólidos bloques de color con bordes imprecisos que se asemejaban a las geometrías de Rothko. En El eslabón perdido 3 un hombre solo lleva un maletín en un entorno de paisaje urbano que parece ser parte de Rothko. 

En diciembre de 2013, dos años después de la muerte de su padre, a Davis le diagnosticaron liposarcoma, una forma rara de cáncer. Mientras recibía quimioterapia siguió trabajando, usando papel de archivo que le dio su madre y rompiéndolo en 70 piezas. Vendió algunas de estas piezas para mantener a la familia, pero la mayoría las regaló a sus amigos y seres queridos. Algunas muestran a jóvenes observando a su vez obras de arte. 

Serie Congo y Pueblo del Río

Pueblo del Río: Stain Glass Pants, 2014

En la serie Congo, Davis reinterpreta las fotografías que su hermano Kahlil Joseph hizo en un viaje a África Central. Pinta escenas contemporáneas de África sugiriendo que el lugar no es tan importante como el hecho de la vida de las personas. En la serie Pueblo del Río ejemplifica la capacidad de Noah Davis “para transformar un barrio deteriorado en un entorno idílico lleno de ritmo y danza”, como señaló el crítico de arte Akin Oladimeji. Davis lo reimaginó de una forma resplandeciente.

La fuerza de la unión y la soledad

The funeral

La enfermedad de David no dio tregua, pero él siguió pintando hasta el final. En julio de 2015 pintó tres cuadros, que revelan su compromiso con el color y su idea de la pintura (“no sé ni puedo hacer otra cosa”). Encontró una fotografía de dos chicas dormidas en un sofá y pintó un cuadro que refleja el descanso y la unión. Una foto antigua de un funeral se convirtió en un momento para enfrentar el dolor a su propia muerte, ya cercana. Otra fotografía de un hombre caminando entre contenedores acaba en su pintura mostrando la soledad con la que nos enfrentamos cada uno de nosotros.

Davis falleció el 29 de agosto de 2015. Tenía 33 años.

Tras su muerte, su obra ha sido objeto de varias  exposiciones individuales póstumas y otras colectivas de alto nivel, como la 59 Bienal de Venecia celebrada en 2022 con el lema The Milk of Dreams (La leche de los sueños), lema inspirado en el libro de la artista surrealista Leonora Carrington, que describe un mundo mágico que puede cambiar y transformarse. Allí, en ese mundo onírico, estaban las pinturas de Noah Davis.

Ana Amador

N. de R.: Las imágenes están tomadas de la Barbican Art Gallery

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