Haendel y los fastos reales (y II)

Fuegos artificiales en el Támesis, 1749

Fuegos artificiales y de los otros, de los de verdad

Por fin había llegado la paz a Europa. Una de las muchas paces que se han suscrito en el Viejo Continente, y que ninguna ha servido, por los años de los años, para dar tranquilidad a las naciones que lo conforman. En este caso se trataba de la paz que finalizó con la guerra de Sucesión en Austria y la firma del tratado de Aquisgrán. La suscribían Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas de los Países Bajos.

El rey Jorge II de Inglaterra estaba eufórico. Corría el año 1749 -la paz se había firmado al año anterior- y el monarca quiso celebrar el acontecimiento con una gran fiesta en la que los protagonistas fueran los fuegos artificiales. Pero el espectáculo debía ir acompañado con música. Por eso encargó al compositor oficial de la corte, el maestro Friedrich Haendel, quien ya se había nacionalizado inglés, que compusiera una partitura para el evento. Y puso como condición que en la misma debían prevalecer instrumentos que él consideraba “guerreros”, es decir que se utilizaban en los regimientos militares: viento y percusión. El maestro aceptó con la condición de introducir también un poco de cuerda, lo que endulzaría la obra y crearía un contrapunto brillante y muy atractivo.

Y se puso manos a la obra. ¿No quería el rey instrumentos guerreros?, pues la partitura se compuso para, ¡atención!, 24 oboes, 12 fagotes, 9 trompas, 9 trompetas, percusión y un poquito de cuerda.

La fiesta estaba prevista para el 27 de abril de 1749 en los jardines de Green Park. Para darle más pomposidad y brillantez al fasto, se encargó la construcción de un edificio de madera, donde se situaría la orquesta de tal forma que los asistentes a la fiesta pudieran contemplar, a la vez, los fuegos artificiales y los músicos que amenizaban la velada, toda vez que se celebraría por la noche. No debían estar escondidos en algún lugar lóbrego para que sólo se escuchara la música que emanaba de sus instrumentos. La fiesta debía distinguir también a los ejecutantes. 

La construcción del edificio que debía albergar a los músicos se encargó al diseñador italiano Giovanni Niccoló Servandoni. Todo estaba preparado.

Jardines de Vaxhall

La Música para los Reales Fuegos de Artificio, que así se llama la obra, está escrita como una suite, muy de moda en aquella época. Se trata de varios movimientos de danza enlazados, a los que precede una obertura muy pomposa y llena sonoridad para atraer la atención del público. Más de doce mil personas pudieron escuchar la obra previa al estreno, pues seis días antes, Haendel convocó a la orquesta en los jardines de Vauxhall para realizar un ensayo. Fue todo un éxito. El público abandonó el recinto encantado y la masiva asistencia provocó un atasco de carruajes en el puente de Londres que tardó más de tres horas en despejarse.

Y por fin llegó el día de la gran fiesta en los jardines de Green Park. Los músicos en el edificio construido para la ocasión, los fuegos, en su sitio. Y las inclemencias meteorológicas rondando el cielo londinense. El espectáculo comenzó, los fuegos estaban mal colocados y mojados, y en vez de salir y surcar el cielo se estrellaron contra la construcción de madera que albergaba la orquesta. El edificio se incendió y los músicos tuvieron que salir huyendo o ser socorridos porque alguno se quedó atrapado entre las llamas. Fracaso total de la fiesta. Éxito total de la música que había tenido su bautismo unos días antes en Vauxhall. El público se quedó con lo bueno y decidió olvidar el siniestro espectáculo que había sido organizado para conmemorar la paz. Por eso, tal vez, la paz tarda tanto en llegar a Europa, así que pasen los años….

GABRIEL SÁNCHEZ

El director Hervé Niquet dirige Música para los Reales Fuegos de Artificio, de Haendel, en el Royal Albert Hall de Londres en el año 2012:

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