Sheila Legge, el fantasma de la Exposición Surrealista de Londres (1936)

El surrealismo, surgido en la década de 1920, fue un movimiento artístico muy influido por las teorías sobre el inconsciente de Sigmund Freud, que apoyaba lo irracional y lo onírico en el arte y que, desde André Breton hasta Man Ray o Dalí, tuvo muchos seguidores: René Magritte, Joan Miró, Max Ernst, Yves Tanguy y Duchamp, entre los más destacados. Pero también hubo mujeres artistas adscritas al movimiento que poco a poco han sido reconocidas, y a lo grande, pero que en su momento quedaron ninguneadas por el machismo imperante de la sociedad: Remedios Varo o Leonora Carrington son fehacientes ejemplos de ello.
Pero además hubo otras artistas que aparecieron fugazmente, de presencia efímera, con un solo gesto, una única actuación, pero que permanece para siempre en la retina de la historia del arte. Una de estas mujeres fue Sheila Legge.

Sheila Legge es conocida en la historia del arte contemporáneo por ser el símbolo de la primera Exposición Internacional Surrealista, celebrada en Londres en 1936. Posó, en el marco de la exposición, en la plaza de Trafalgar Square con un vestido entallado de novia de color claro, largo, recogido con un cinturón, medias y zapatos oscuros, guantes negros que le cubrían los codos… y la cabeza cubierta por completo con flores. Rodeada de palomas, aquella fotografía es el resumen icónico de la exposición que tuvo las Galerías de Arte New Burlington como espacio, en el barrio londinense de Myfair. Galerías, por cierto, que dos años más tarde, en 1938, acogieron el Guernica de Picasso con el fin de recaudar fondos para el Comité de Ayuda a los Refugiados Españoles. Hablamos, por tanto, de unos años donde España se desangraba en su guerra civil y Europa se asomaba a las puertas de su segunda gran guerra en el siglo XX.
Pero volvamos a Sheila Legge, cuya historia ha recogido de forma espléndida el escritor australiano James J. Conway en su blog About Strange Flowers.
Nació como Sheila Chetwynd Inglis en 1911 en St Ives, Cornualles, de padre escocés, muerto en Flandes en 1915 durante la Primera Guerra Mundial, y de madre australiana. Creció en Melbourne y pasó largas temporadas en Francia. De regreso a Gran Bretaña, se casó embarazada con un tal Rupert Legge en Londres el día de Año Nuevo de 1934. Su hijo nació cinco meses después, pero al poco tiempo fue dado en adopción a unos familiares, y Sheila abandonó a su marido.
En 1935, fascinada por su libro A Short Survey of Surrealism, escribe al poeta inglés David Gascoyne con el que entra en contacto y establece una relación de amistad. Quien había quedado fascinado, en correspondencia, fue Gascoyne, que admira de Sheila su interés por la cultura contemporánea, y especialmente por el surrealismo, hasta llegar a comentar, asombrado: “¡es capaz de leer a Raymond Roussel en su idioma original!”.

Estamos ya en 1936. Gascoyne, con quien Sheila mantiene el contacto, maquina convertirla en una “fantasma surrealista” para la Exposición que se va a celebrar en Londres. Y lo hará basándose en obras del entonces joven pero ya reconocido Salvador Dalí –Mujer con cabeza de rosas, tal vez, o más bien Primavera necrófila–, para lo que encargan un traje de novia y un ‘pasamontañas’ de rosas. No se sabe bien si Sheila participó en los preparativos de la Exposición Surrealista o se limitó a hacer de modelo para la ocasión, pero es fácil pensar que sí estuvo en la planificación de la expo si tenemos en cuenta que ya por entonces mantenía contactos con artistas surrealistas: había sido retratada en París por Man Ray y se especula con que habría mantenido un romance con el pintor René Magritte. Lo cierto es que su nombre figura en el apartado Objetos surrealistas del catálogo de la exposición. ¿Expuso un objeto o era ella el objeto? A falta de poder contrastarlo, quede a la imaginación de cada uno.
Las crónicas cuentan que Sheila se paseó el día de la apertura de la exposición por Trafalgar Square y más tarde por las salas de la Galería portando en una mano una chuleta de carne cruda y en la otra, una pierna ortopédica. El escritor Quentin Crisp, que visitó las galerías, escribió: “Fui a la famosa exposición de las Galerías Burlington, donde me encontré como si yo mismo fuera un involuntario, aunque no del todo involuntario, expositor. Entraba y salía de las distintas salas una tal Sra. Legge, vestida de gala y con una chuleta de cerdo cruda en la mano. Con mi cara anaranjada y los labios bermellones, me abrí paso a su lado (…) pero, como su rostro estaba totalmente cubierto por una capucha de rosas, no pude ver si tenía miedo de que yo pudiera ser una materialización del mundo surrealista o se sentía molesta por creer que otro voluntario hubiera cambiado su turno con el de ella. Por un momento se cumplió uno de los deseos más queridos del surrealismo. Cayeron las barreras entre el arte y la vida”.
La Exposición Surrealista contó con más de 400 obras de los 60 artistas británicos representados y los surrealistas europeos, y tuvo un enorme éxito, con más de 25.000 visitantes durante el mes de duración. Pero lo que ha quedado en la memoria fue la figura de Sheila con su cabeza llena de rosas. Parece ser que el autor de la icónica imagen fue el fotógrafo surrealista Claude Cahun.

Legge se convirtió, tras esta exposición, en uno de los miembros fundadores del Grupo Surrealista de Inglaterra. A finales de 1936 apareció un texto suyo en Contemporary Poetry and Prose, titulado I Have Done My Best for You, que Conway resume así: “Es una prosa surrealista fascinante, con barcos que navegan por el desierto, agujas fosforescentes, figuras de cera que se derriten y ‘treinta trozos de camembert’. Con sólo una página de extensión, su calidad es suficiente para lamentar que Legge no publicara nada más”.
Y poco más se sabe de su paso por el surrealismo tras su participación, en 1937, en la exposición de objetos surrealistas de la London Gallery, donde E. L. T. Mesens quiso contratarla como secretaria.
Durante la Segunda Guerra Mundial conoció al escritor John Lodwick con el que vivió y formó una familia. En 1946 escribió de nuevo a Gascoyne para contarle que había perdido contacto con todo el mundo ‘de ayer’. Tres años después, con 37 años, falleció por una neumonía en la localidad francesa de Banyuls-sur-mer.
La figura de Sheila Legge ha sido recuperada pasado el tiempo. En 1970 el Centro Pompidou de París incluyó la obra Sheila, el boceto que Man Ray le hizo en 1936, en la exposición titulada La balada de las damas fuera del tiempo. En 2015, el académico Silvano Levy publicó un libro que dio a conocer a esta joven surrealista titulado Sheila Legge Phantom of Surrealism. En 2016, un grupo de teatro de Nueva York incluyó a Legge como personaje en una obra basada en la vida de René Magritte, titulada A Journey Through The Mind Of The Surrealist Painter.
Esa fue Sheila Legge, que alguien describió como una “artista muy conocida en los círculos surrealistas de Londres y París”, aunque, como muy bien explica James J. Conway, “esto no se corrobora en ninguna otra parte, y presumiblemente es el resultado de que un reportero oyera que Legge era surrealista e imaginara que esto bastaba para convertirla en artista”.
Siempre se la recordará, no obstante, como un símbolo del surrealismo, como la “fantasma” emblema de aquella Exposición Universal de 1936.
Ana Amador
Nota: La crónica de James J. Conway, en la que se basa nuestra historia, ha utilizado como fuentes, a su vez, la biografía Night Thoughts: The Surreal Life of the Poet David Gascoyne (2012) escrita por Robert Fraser; testimonios del escritor Quentin Crisp, y en el libro de Silvano Levy Sheila Legge: Phantom of Surrealism (2014), entre otras.

Gracias Ana