La burguesa Lady Macbeth

El compositor estaba nervioso. Había recibido una comunicación oficial del Kremlin en la que se le indicaba que el jefe del Estado acudiría en tal fecha a la representación de su última obra y que, naturalmente, también debería estar presente. Una mezcla de satisfacción e incertidumbre recorrió el cuerpo de Shostakóvich. ¡El Gran Conductor en un palco del Bolshói! Conociendo, como conocía, la política cultural del régimen soviético, el anuncio no auguraba nada bueno. Pero es posible que su pesimismo fuera sólo un juicio desmesurado. A fin de cuentas, la obra había recibido las mejores críticas dentro y fuera de la Unión Soviética.

Dimitri Shostakóvich había estrenado la ópera Lady Macbeth en 1934 en el teatro Maly de Leningrado. La tragedia, dividida en cuatro actos, mostraba a una mujer rusa del siglo XIX, solitaria, aburrida, abandonada por su marido, que se enamora de un criado de su esposo. A lo largo de la narración se sucedían una serie de infidelidades, traiciones y violencia conyugal. Al final, Lady Macbeth es empujada al suicidio. La composición, dedicada a la primera esposa de Shostakóvich, la física Nina Varzar, rompía con la tradición musical de la época e incorporaba elementos vanguardistas, tanto en el libreto (escrito por el propio Shostakóvich, en colaboración con Alexander Preys) como en la partitura. La obra había tenido gran acogida. Desde el órgano oficial de los compositores soviéticos, se dijo que Lady Macbeth «solo podía haber sido escrita por un compositor soviético educado en las mejores tradiciones de la cultura soviética y por un compositor que, con las armas de su arte, lucha activamente por la victoria de una nueva concepción social”.
Un año más tarde, en 1935, Lady Macbeth viajó a los Estados Unidos, siendo representada en Cleveland y Nueva York. La prensa norteamericana también alabó el trabajo del músico ruso, diciendo que se trataba de “una obra maestra sensacional y una de las más importantes contribuciones de los últimos veinticinco años a la música contemporánea”.
Con esas cartas de presentación, no debía de haber motivos de preocupación. Shostakóvich en un palco, Stalin con su camarilla de asesores musicales, en otro. La representación en el escenario. El músico esperaba que el mandatario soviético le hiciera llamar en algún intermedio de la obra, tal y como había sucedido en otras ocasiones, para intercambiar algunas palabras. La representación avanzaba y el encuentro no se producía. Malo. Además, y eso fue lo peor, el autor se enteró de que el padre de la Patria había abandonado el palco al grito de ¡Esto no es música sino caos!

Dos días después, el diario Pravda confirmó las peores sospechas del compositor. En un artículo editorial, sin firma, pero salido de la pluma de Stalin podía leerse: “El público se encuentra desde el principio invadido por una ola de sonidos intencionadamente disonantes y caóticos. (…) Y cuando por fin el compositor logra encontrar una melodía sencilla y expresiva, entonces, como asustado por tal delito, se precipita de nuevo en la espesura del caos musical que en ocasiones alcanza la cacofonía. Lady Macbeth ha triunfado entre el público burgués del extranjero. ¿No la aplaudirá el público burgués precisamente porque su música es caótica y absolutamente apolítica? ¿O tal vez porque esta música degenerada, estridente y neurasténica halaga el gusto degradado de la audiencia burguesa?”.
A partir de ese momento, toda la obra de Shostakóvich fue retirada del repertorio musical de la Unión Soviética. El compositor fue cabeza de turco para el régimen, que puso a prueba una nueva forma de censura y control cultural.
Shostakóvich siguió componiendo, a sabiendas que su música no iba a tener repercusión. En 1936 compuso su Cuarta Sinfonía. El día que estaba programado el estreno, una nota oficial del ministerio de Cultura indicaba que “Dimitri Shostakóvich ha pedido a la Orquesta Filarmónica de Leningrado que cancelara la ejecución de su Cuarta Sinfonía, ya que la obra no representa sus convicciones creativas actuales y representa para él una fase anticuada, superada desde mucho tiempo”. El miedo había surtido su efecto. Esta obra se estrenó en 1961. Stalin murió en 1953.
Gabriel Sánchez
Shostakóvich interpreta el Entreacto III Acto de Lady Macbeth:
Suite de la ópera con la Orquesta Sinfónica de Fráncfort (2019) dirigida por Carlos Miguel Prieto:
