Relatos con música

Un espía con la máquina de escribir a cuestas

La Orquesta Sinfónica de Brandeburgo interpreta La máquina de escribir (2012)

Hay multitud de chistes y anécdotas sobre el trabajo de los espías y las formas que utilizan para conseguir sus nobles objetivos: desde el espía sordo que le pillan poniendo la oreja detrás de la puerta para saber qué se cuece en la habitación, hasta el que utiliza sofisticados medios de grabación de audios, mientras los cables del micrófono le asoman por las mangas de la americana o el espía que, para camuflar su imagen, utiliza siempre gafas de sol y no ve nada en lugares oscuros, dándose constantes porrazos contra la pared, con lo cual su condición de espía queda muy en entredicho. Pero nunca se ha visto un espía aporreando una máquina de escribir para transcribir in situ lo que ve y oye y que no se le olvide.

Leroy Anderson

Leroy Anderson era un muchacho muy bien formado. De padres suecos, había nacido en 1908 en Cambridge, Massachusetts. Sus primeras lecciones como músico las tomó de su madre, organista de la iglesia local. Aquello le gustaba y siguió estudiando en el conservatorio New England. Sus cualidades para dedicarse a la música le llevaron nada más y nada menos que hasta el  campus de Harvard, en cuya universidad estudió música, pero música de verdad: armonía, contrapunto y composición con los más prestigiosos profesores que formaban parte del claustro de la elitista universidad norteamericana. Su carrera académica no se redujo sólo a la música. En 1929 se licenció en Bellas Artes y dos años después, se doctoró en Alemán y Lenguas Escandinavas. De Harvard salió hablando perfectamente danés, noruego, islandés, alemán, francés, italiano y portugués. Pero además, Anderson tenía tiempo para más: entre clase de un idioma y asistencia a la de otro, para no olvidarse de su origen, dirigía la banda de la universidad y aún le quedaba tiempo para hacer arreglos para las bandas de música ligera de Boston. Tiempo habría de poner en práctica sus conocimientos políglotas. Lo que en ese momento le pedía el cuerpo, después de tantas y tantas horas dedicadas a los estudios universitarios, era soltar lastre. Y decidió dedicarse profesionalmente a la música. Entró en la Orquesta Boston Pops como arreglista musical y compositor. Con el tiempo, llegó a dirigir la banda.

Pero la guerra le hizo volver a la realidad. En 1942 fue reclutado por el ejército de los Estados Unidos y enviado a Islandia con el Cuerpo de Contraespionaje para desarrollar labores de traductor e interprete. Conocía todos los idiomas de los países europeos que estaban en guerra. ¡Menudo chollo para los aliados! Su carrera como profesional de los idiomas siguió en el Pentágono. En 1945 fue destinado al emblemático edificio, sede del departamento de Defensa norteamericano como jefe de la inteligencia militar que operaba en los países escandinavos.

Jerry Lewis en la escena de ‘Lío en los grandes almacenes’ donde ‘toca’ La máquina de escribir

Pero Anderson no se arredró ante la evidencia. Su vida no se iba a circunscribir sólo a la inteligencia miliar y a los idiomas. Su vocación musical seguía intacta. Pidió pasar a la reserva y en 1950 ya había colgado el uniforme. Seguramente su paso por oficinas y despachos administrativos le dejaban un sonido estridente que le acompañaba en su subconsciente, el de la máquina de escribir. Y decidió componer una pieza para desmitificar el sórdido y machacón ruido que hace el  teclado cuando golpea el carro, la campana que anuncia el final de la línea o la palanca que obliga a retroceder para iniciar una nueva línea. Ese mismo año, como reentrada a la vida civil después de su paso por el ejército, Anderson compuso La máquina de escribir, una pieza que se ha hecho mundialmente famosa y se encuentra en la memoria de todos los ciudadanos que desconocen su origen y su autor, pero que saben que la han escuchado en multitud de ocasiones, acompañando a jingles publicitarios o en escenas de películas del género de la comedia. Tanto es así que la pieza era prácticamente desconocida hasta que apareció en el film Lío en los grandes almacenes, protagonizada por Jerry Lewis. Las pulsaciones del teclado, la campana y el retorno del carro son los componentes esenciales de la pieza. La máquina está modificada para que forme parte de la orquesta y sólo se utilizan dos teclas. Anderson dijo que sólo un baterista profesional tiene la suficiente flexibilidad en las muñecas para interpretar la pieza. Es la armonía perfecta entre música clásica y le tecnología de la época. Si en la actualidad se compone a través de ordenador, de inteligencia artificial y todas las nuevas tecnologías son compatibles y conviven con los estándares más clásicos de la música, traslade el lector esta misma consideración a la década de los años  50 del pasado siglo, donde lo más moderno y accesible era la máquina de escribir.

La máquina de  escribir es una partitura inclasificable, pero todo el mundo sabe tararearla.

Gabriel Sánchez

La obra de Leroy Anderson, interpretada por la Orquesta y Coro de Voces para la Paz, dirigidos por Miguel Roa. A la máquina de escribir, el músico Alfredo Anaya (Auditorio Nacional de Madrid, 2012):

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