Semanario Cultural

A oscuras: Regreso del «misterio Pynchon»

Permítanme que empecemos este resumen con un mal chiste: “No se puede hablar de A oscuras, la última novela de Thomas Pynchon, si estamos `a oscuras´ de quien estamos hablando, si no sabemos quién es Pynchon. Cuando anunciábamos el pasado otoño en estas páginas la publicación en EE UU de Shadow Ticket (que es el título en inglés de la novela) ya contábamos que Harold Bloom, el crítico norteamericano más influyente de las últimas décadas, metía a Thomas Pynchon en el “póker de ases” de la ficción norteamericana junto a Cormac McCarthyPhilip Roth y Don Delillo

Leer a Pynchon es un reto gozoso, pero primero un reto, pues sus historias tienen una lógica interna delirante, son laberínticas, digresivas, a veces difíciles de recorrer para el lector medio. Pero si consigues entrar en su mundo, la recompensa es enorme. 

Y ayudará que esta novela, escrita por su autor con 88 años, sin dejar de ser pynchoniana, se lee más fácil que otras, aseguran los críticos, (para desgracia, quizá, de sus seguidores más acérrimos). Y un último dato del autor para los no iniciados: Pynchon es un gran desconocido más allá de su obra, que consta de una decena de novelas: No concede entrevistas, no da conferencias y no va a recoger los premios que le otorgan. Y apenas hay fotos suyas, una media docena, si llegan, se pueden encontrar en internet.

Una de las escasas fotos de Thomas Pynchon (1952, High School Yearbook)

Escribe Rodrigo Fresán en la reseña de A oscuras que publica Abc Cultural que todo resumen de la trama será infructuoso. No obstante, en la contraportada del libro leemos que la historia transcurre inicialmente en Milwaukee, en 1932. En plena Gran Depresión, con la derogación de la Ley Seca a la vuelta de la esquina y Al Capone en la cárcel, Hicks McTaggart, antiguo rompehuelgas convertido en detective privado, cree haber encontrado un trabajo seguro hasta que le encargan lo que debería ser un caso rutinario: localizar y rescatar a una rica heredera de Wisconsin. La investigación le llevará a bordo de un transatlántico camino de Europa, para terminar en Hungría, donde, por supuesto, no hay ni rastro de la heredera fugitiva. En la novela aparecen nazis, agentes soviéticos, contraespías británicos, músicos de swing, mentalistas y grupos paramilitares, así como los problemas que cada uno de ellos conlleva… y no desvelamos más, aunque no nos resistimos a copiar el primer párrafo de la novela, para que se vayan haciendo una idea: “Cuando los problemas llegan a la ciudad, suelen venir por las vías férreas de North Shore Line. Y dados los tiempos convulsos que se vive el lago Michigan a la altura de Chicago, con los vientos cambiantes, la derogación de la ley seca a la vuelta de la esquina, Big Al Capone en la trena federal de Atlanta, y los asuntos de la Mafia de Chicago más alterados e imprevisibles, todo el mundo que necesita una excusa para salir pitando de la ciudad acaba viniendo aquí, a Milwaukee, donde, por lo general, lo más grave que te puede ocurrir es que te roben la pasta.”

Una fiesta concurrida que no defrauda

En Babelia, Javier Aparicio Maydeu, escribe en su reseña:“sí, era de prever que el calado de esta entrega fuese menor que el de sus míticas obras maestras, La subasta del lote 49 (1966), El arco iris de gravedad (1973) o Mason & Dixon (1997), amparadas casi todas ellas por la más ortodoxa estética de la posmodernidad, y no cabía a estas alturas esperar nuevos trucos”,  A oscuras es toda una “extraordinaria criatura pynchoniana, promiscua y miscelánea como sus antecesoras, una fiesta concurrida y pasada de vueltas que actúa de caja de resonancia de su obra entera, a la que no alude de forma explícita o desde la tentación de la autoparodia sino con la traviesa intención de despedirse de ella involucrando a su lector, que pronto entiende que le ha sido encargada una labor detectivesca, la de seguir las pistas que en el texto han ido dejando las novelas anteriores”.

Esta novela, no obstante, concluye Aparicio Maydeu, aun “siendo más vertiginosa que muchas de sus antecesoras, más vodevilesca y menos críptica”, exige menos esfuerzo al  lector para disfrutar de este último carnaval enloquecido y absurdo que ha convocado Pynchon, oculto tras una máscara de augur, para comunicar su último presagio del fascismo y decirnos “¿lo veis?, os lo dije, el fascismo siempre vuelve con sus grotescos personajes (¡que son los míos!), y ya está aquí, y nos dejará a oscuras”. 

En este mismo aspecto premonitorio también incide en El Cultural Fran G. Matute, pues de lo que nos habla Pynchon en estas última novelas, Al límite, Vicio propio y ahora en A oscuras es posiblemente de “los porqués de las derivas democrático-identitarias que en los últimos años viene padeciendo Estados Unidos, y por ende medio mundo. Y es que mucho de esto hay en A oscuras, una novela que leída a vista de pájaro no pasaría de ser un pin-pan-pun escrito por un emporrado en estado de gracia, un homenaje lisérgico-posmoderno a las novelas clásicas de Raymond Chandler o Dashiell Hammett”. 

¿La última de Pynchon?

Con 88 años es difícil aventurar que haya nuevas novelas de este autor de culto, aunque según cuenta Fresán (que se niega a reconocer que esto pueda ocurrir) se han filtrado informaciones que podrían desmentir que A oscuras sea la de su despedida: “muchos han apuntado que A oscuras sea, posiblemente, lo último que sabremos y disfrutaremos de un Pynchon ya casi nonagenario. Pero aquí, yo me resisto a creerlo. Y sigo rezando porque ese rumor de monstruo grande que pisa fuerte (se ha filtrado que Pynchon entregó a su agente y esposa un segundo libro junto a A oscuras; se viene hablando desde hace décadas de la existencia de una gran novela suya en la que un empleado de aseguradora norteamericana viaja a Tokio para evaluar los daños multimillonarios causados por la turística llegada a la ciudad de Godzilla) sea cierto. Y que venga y tenga –a solas o tan bien acompañada– estilo Pynchon”.

Y no podría ser de otra manera, porque como argumenta G. Matute, “la coherencia de su obra es a todas luces innegable y su compromiso con la excelencia literaria ha quedado a prueba de bombas”, y A oscuras es prueba irrefutable de ello. Un título que no solo hará las veces de testamento literario (salvo sorpresas de última hora…) sino que se convertirá, para aquellos que se quieran iniciar en el culto, en inmejorable puerta de entrada a su particular universo, amén de ser ya una de las grandes novelas de este año, por qué no de la década o del siglo que nos queda, pues su reconocimiento crecerá seguro con el tiempo hasta que sea aplaudida como lo que es: la última obra maestra de uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo”. Y de ello hemos querido dejar constancia aquí, en nuestro modesto Patio, quizá a modo de despedida.

Principio, medio, fin, al modo aristotélico

Valeria Luiselli (F: MacArthur Foundation)

El nuevo sello editorial Feltrinelli Editores, con sede en Barcelona, que ha nacido de la mano de Anagrama, ha iniciado su andadura en España y América Latina con la nueva novela de la mexicana Valeria Luiselli, Principio, medio, fin’, y el clásico El doctor Zhivago, de Borís Pasternak. Que la novela de la mexicana inaugure su colección de narrativa en español “con una obra tan inquieta e innovadora” es un acierto, según la opinión de J.M. Pozuelo Yvancos, que firma la reseña del libro en Abc Cultural. De entrada la califica de innovadora, “por haber imaginado un libro que no tiene género o, mejor, que lleva la novela a lo que siempre ha sido desde Cervantes: un crisol de géneros, en los que la narración y el ensayo se alimentan mutuamente”.

La novela comienza el día en que una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia, durante un verano de vientos impredecibles, repentinas tormentas y volcanes que amenazan con entrar en erupción. La madre acaba de dejar atrás un divorcio difícil y sabe que es hora de encontrarle un nuevo inicio a su vida. A medida que pasan los días en la isla, crece la curiosidad de la hija por la historia de la Nanna, su bisabuela, que trabajó como excavadora en un yacimiento arqueológico antes de emigrar a las Américas. 

Del título de la novela, Principio, medio, fin, explica el crítico que “puede funcionar como sinécdoque del trazado de un entramado femenino familiar desde su principio, en el viaje de Nanna, la emigrante siciliana hacia América, hasta su final, en la figura de la biznieta y nieta, que termina siendo última narradora de la historia (…) En esta obra son tan importantes las relaciones personales como los espacios, tanto los físicos (primero en Catania, luego Villa Casale, finalmente en la costa del sur) como los históricos, y antes que ellos los mitológicos, pues el libro se propone como una glosa tanto de los mitos grecolatinos como de los desarrollos cosmogónicos contenidos en la Historia natural de Plinio el Viejo”.

Y esa es una de las características de la novela de Luiselli, sus muchas referencias a la cultura antigua, tanto de la filosofía, desde Empédocles a Aristóteles, como de los mitos a través de Homero, Hesíodo y Ovidio. De hecho, “el motor argumental es la intención de madre e hija de devolver a la rica villa un mosaico de Proteo que la bisabuela había sustraído cuando había trabajado disfrazada de hombre en las excavaciones arqueológicas que descubrieron la villa en el siglo XIX”.

Opiniones dispares

A Pozuelo Yvancos los diálogos entre madre e hija le parecen bien administrados, así como el relato de la historia familiar, la vida de ambas en Catania, la amenaza del volcán Etna (las descripciones paisajísticas son soberbias), y aunque la descripción del examante de la madre, al que desea dejar atrás, “habría necesitado una mayor sutileza”, según Pozuelo Yvancos, “le viene bien al esquema feminista que la novela no disimula y que en términos globales, resulta hondo y soberbiamente trazado”. Y concluye la reseña diciendo que le ha parecido “sobresaliente que una novela tan culta y compleja sea narrada con singular naturalidad, en la que los elementos de la tradición mitológica se integran de manera fácil tanto en el desarrollo de la relación madre e hija como en las visiones del paisaje, incluida la apocalíptica visión de una Sicilia en destrucción por incendios sobrevenidos con la erupción de sus volcanes”.

No tiene la misma opinión Ascensión Rivas que firma la reseña del libro en El Cultural, pues, aunque el libro le ha resultado interesante, a su juicio “no consigue ser fiel a la teoría aristotélica”, en referencia a la propuesta de Aristóteles en su Poética de que toda fábula que configura una unidad completa debe estar formada por un principio, un medio y un fin vinculados de forma necesaria y causal. Al contrario, considera Rivas que la novela es fragmentaria “y abunda en episodios prescindibles y anécdotas inanes. A menudo, además, se construye con preguntas sin respuesta, frases huecas y razonamientos vacíos que acrecientan su indeterminación”.

Los libros de cuentos se reivindican

Cristina Fernández Cubas

En un reportaje que publica Babelia, Andrea Aguilar da cuenta de cómo ha cambiado en los últimos años la recepción entre los lectores de los libros de cuentos en las últimas décadas. Pioneras como Cristina Fernández Cubas, autora de nueve colecciones de relatos, revela que tuvo la suerte de que en su día la editora Beatriz de Moura “creyera en mí y apostara”. A sus 80 años “sigue en el cuento porque `tiene un atractivo que no tienen los otros géneros: el riesgo, como si fueras por una cuerda floja´. Una suerte de equilibrismo literario donde hay poco margen para el error en las piruetas y los experimentos”.

Muestra de cómo ha mejorado la valoración de los libros de cuentos es la obtención del millonario Premio Aena de Narrativa por la argentina Samanta Schweblin por su libro El buen mal.

“¿Han roto los libros de relatos la barrera que los separaba del gran público lector?”, se pregunta la autora del reportaje. La respuesta es afirmativa: “Editoriales grandes y pequeñas, pertenecientes a grandes grupos o independientes, hoy incluyen estos títulos en sus catálogos de novedades sin grandes aspavientos”. Y nosotros, que desde estas páginas les hemos difundido con frecuencia, nos alegramos.

                                                                                                                     E. Huilson

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