Semanario Cultural

‘Revolución’: memoria de la vecina Portugal

En las últimas semanas habíamos leído algunas reseñas elogiosas de Revolución, la novela del portugués Hugo Gonçalves cuya versión en español llegó a las librerías a finales del mes pasado: “Revolución es una de esas novelas que marcan época con un tratamiento encomiable del tiempo histórico”, escribía en Abril Luis Alonso, mientras en El Cultural, Jordi Corominas la consideraba “ejemplo notable” de narración basada en la memoria histórica al conseguir transmitir varias lecciones “con suave contundencia, propia de los textos destinados a perdurar y no diluirse en el pozo de la velocidad contemporánea, por lo demás poco afín al ritmo de nuestros orillados vecinos. Ignoro, la verdad, si esto último condiciona la más que probable vigencia prolongada de la monumental obra del escritor portugués, que ha conseguido un pequeño gran milagro literario al aunar compromiso civil y equilibrio narrativo en las más de quinientas páginas de una trama rebosante de ingredientes intrínsecos a la tradición literaria occidental”. 

Hugo Gonçalves (F: Libros del Asteroide)

Revolución trata sobre la sociedad portuguesa en ese período de transformación único en la historia del país que se inició en abril de 1974 con la Revolución de los Claveles. Desde los últimos coletazos de la dictadura y los primeros meses de la revolución, hasta la llegada de la democracia en 1976, tuvo lugar una época convulsa y violenta en la que el país entero osciló entre la esperanza y el temor a una guerra civil. Es en este tiempo histórico por donde transcurre el relato de la vida de tres hermanos afectados de distinta manera por los cambios que se están produciendo en la nación. Desde Maria Luísa, una ferviente militante comunista, que tiene que pasar a la clandestinidad, a Pureza, la mediana, que observa cómo su anhelo de llevar una vida tradicional se tambalea ante un proceso revolucionario que amenaza con trastornarlo todo; y la de Frederico, el más joven de los tres hermanos, que solo parece interesado en divertirse y en encontrar la manera de librarse del reclutamiento. 

Destaca Corominas en su análisis que Gonçalves no apueste por una ficción partidista, realzando los dones de su polifonía porque cada uno de sus protagonistas contiene no muchos mundos, sino la comprensible suma de circunstancias y contradicciones, reconocibles tanto en actitudes personales como en las amistades que rodean a cada uno. Propulsa de este modo lo coral, algo básico a la hora de fijar claroscuros, sin predominio de ninguna ideología y “una crítica total que permite reflexionar al lector durante y después de una lectura capaz de cortarnos el aliento”. 

Por su parte, Alonso, en Abril, considera que lo que propone en su novela el autor portugués es una relectura literaria del PREC (Proceso Revolucionario en Curso), periodo decisivo posterior a la Revolución de los Claveles: “Por encima de su aparente voluntad de reconstrucción histórica, es una reflexión sobre la fragilidad del ideal democrático y el modo en que la historia se encarna en la intimidad familiar. Sitúa la revolución no como un hecho cerrado o heroico, sino como una experiencia conflictiva, llena de contradicciones morales y afectivas, donde los protagonistas encarnan las tensiones de un país que busca reinventarse. Su respuesta resulta tan humana como literaria, las revoluciones no se acaban nunca; solo cambian de escenario”.

El autor tiene la palabra

En el último número de La Lectura, Andrés Seoane entrevista a Hugo Gonçalvez a cuenta de la publicación en España de la novela, donde cuenta que el 25 de abril del año pasado, cuando se cumplían los cincuenta de la caída del dictador Marcelo Caetano (sucesor de Oliveira Salazar, quien instauró el régimen dictatorial apoyándose en el ejército en 1933) el escritor portugués, junto a su hijo, participó en una manifestación que reunió a 220.000 personas para celebrar el aniversario de aquella mítica Revolución de los Claveles. Su Revolución, la novela, llevaba ya entonces un año en las librerías portuguesas. Gonçalvez piensa que de la Revolución del 25 de abril ya “está todo contado, hay como una foto fija en el imaginario popular que habla de esperanza y triunfo pero no fue tan así (…) fue un periodo trágico, de miedos y esperanzas, de mucha más violencia de lo que la gente recuerda”. Y en el presente también observa muchos estereotipos sobre aquel proceso: “Si eres de una familia de derechas, de quienes querían regresar a la dictadura, ves el PREC de una forma, y si eres de una de izquierdas, de quienes quisieron montar una democracia popular de estilo comunista, de otra. Pero la vida nunca es blanca o negra, siempre hay matices, y eso es lo que quería atrapar”. 

Gonçalvez, que ya retrató en una novela anterior (Deus Pátria Familia) “el clima de miseria moral” instaurado por la dictadura, hace hincapié en Revolución en “el clima de represión estatal que, contra lo que pueda pensarse, era en los estertores de la dictadura tan o más rígido que en el pasado”. Pero también incide en cómo la ortodoxia comunista fue un problema en 1975, pues cuando la Revolución no siguió el rumbo que querían todo se radicalizó: “Cuando el resultado de la Revolución fue una democracia al estilo occidental y no un régimen como el soviético fueron incapaces de aceptar la voluntad de la mayoría”. 

Y concluye la entrevista con el lamento del escritor porque en el presente, como ocurre en toda Europa, su país adolece de falta de empatía y de pérdida de civismo, causas de la degradación democrática: “De momento la democracia no está en peligro, pero quizá sí es inevitable que la historia se repita. Lo que no consiento, y en parte para eso está la literatura, es, más que el olvido de todo esto, la mentira, la desinformación (…) Seas de derechas o de izquierdas, no puedes decir, como se hace, que en la época de Salazar se vivía mejor. Eso es lo que debemos recordarles a los jóvenes, no solo desde los libros u otras artes, sino desde la Educación”. (Puede que este lamento hasta nos suene cercano a nosotros, sus vecinos peninsulares).

Contar con cuentos la propia vida 

En la sinopsis de Cuentos autobiográficos de Álvaro Pombo, un libro de dieciocho relatos, leemos que el escritor santanderino, a sus ochenta y seis años, aborda la autoficción mediante otras tantas evocaciones en las que revive personas, espacios y experiencias que moldearon su carácter e inspiraron su literatura, desde el recuerdo de sus padres hasta un puñado de personajes secundarios que no solo influyeron en su naturaleza, sino que también dotaron de rasgos y alma a sus personajes, y ello con Santander como centro del mundo: Los escolapios, los jesuitas y el instituto preuniversitario. La filosofía y el despertar literario. Las andanzas londinenses. Los misterios de la figura materna, del amor y de la luz final.

Álvaro Pombo, en la portada de sus Cuentos autobiográficos

En la reseña de este libro de cuentos o relatos que firma Santos Sanz Villanueva en El Cultural se advierte que ya en novelas anteriores “muchas páginas de Álvaro Pombo tienen base autobiográfica”, y se nos pide que reparemos en “que el título asocia lo narrativo a lo autorreferencial”.  Aunque afirme que “lo autobiográfico aquí es todo”, añade a la vez “que algunos cuentos son fruto directo de mi memoria y mis recuerdos. Otros han sido construidos a partir de las imágenes de mis recuerdos en forma de cuentos, con más o menos imaginación y ficción”. 

Por la lectura de Cuentos… nos enteramos de datos biográficos poco conocidos del autor, como sus estudios en Santander y Valladolid, su detención por la policía en Madrid en castigo a su homosexualidad, el servicio militar cumplido en las milicias universitarias, la huida a Londres para escapar del clima opresivo del franquismo y otras circunstancias no menos curiosas.

Estos datos, explica el crítico, permiten reconocer “al hombre independiente que siempre ha sido Pombo, que se manifiesta sin miedo a la opinión pública y esquiva la corrección política”. Así, sobre el franquismo, afirma que, según su experiencia, no “acaba siendo del todo justo para el régimen” que se le considere una dictadura brutal. También con su homosexualidad precisa posiciones: aunque se desentiende de la comunidad LGTB, sí considera “sus hermanos” a todos “los que son de mi condición”.

Y no tiene miedo a reconocer “la exaltación que siente ante los símbolos militares y religiosos”. 

En definitiva, memoria y narración resultan un todo solidario, y además estos cuentos aportan un jugoso inventario de ideas literarias, explica Sanz Villanueva, como que “Pombo aprendió en Iris Murdoch la utilización de la novela con una carga de reflexión filosófica, antropológica o teológica. La cuestión del realismo la afronta con un remedo de Robbe-Grillet. Y no deja de preguntarse por el arte de contar y por la utilidad del propio cuento”.

La difícil tarea de reconstruir el pasado

De una reseña sobre el mismo libro, publicada en Abc Cultural, firmada por el también crítico y catedrático Pozuelo Yvancos, rescatamos algunas ideas literarias sobre la dificultad de escribir de la vida propia. Cita a Georges Gusdorf (un filósofo e historiador de las ideas francés), quien sostenía que “el pecado original del género autobiografía es la lógica de su dimensión narrativa. La necesidad de construir el pasado como una narración imponía a los hechos una coherencia de la que esos hechos carecían”. 

En sus Cuentos… Pombo huye de esa tentación de coherencia, “pecado original del género”, según Pozuelo Yvancos. Estamos, nos dice ante un “Álvaro Pombo en la cima de su madurez creadora”, que “nos entrega una autobiografía consciente –varias veces a lo largo del libro se autocalifica como memoria autobiográfica− convertida en dieciocho retazos, denominados cuentos, que parece haber nacido de esa forma para no tener el gasto y la pérdida de trabar una coherencia que o el autor no posee o no está interesado en construir”.

A la vez destaca cómo “la memoria que trasluce no es íntima, aunque sea interior, lo que facilita el hecho narrativo de tratarse una voz en primera persona, pero vista desde fuera, como siempre hace Pombo en sus novelas. En ellas predomina lo que discurre por dentro, pero visto en tercera persona, es decir, como si el yo personaje que Pombo siempre es necesitase ser objetivado, convertido en objeto de una mirada piadosa, en cierto modo comprensiva hacia su condición”.

Barcelona en Guadalajara (México)

Cartel de la Feria de Guadalajara 2025

“La mayor reunión del mundo editorial en español le espera en Guadalajara, del 29 de noviembre al 7 de diciembre de 2025”. Es una llamada que se puede leer en la página oficial de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que este año tiene como invitada de honor a la ciudad de Barcelona, y de cuyo programa y expectativas se hacen eco algunos suplementos, especialmente Cultura/s. En él leemos una reflexión de Miquel Molina sobre las expectativas que una feria así provoca y mención a la polémica sobre los autores elegidos para viajar a Guadalajara, porque la lista de autores invitados ha generado cierta polémica: “Sería ingenuo esperar que fuera del gusto de todos la proporción resultante entre escritores en catalán o castellano, entre los más literarios o los más comerciales, entre los más consagrados o las jóvenes promesas”. Y vaticina que de esta Feria algunos autores barceloneses conseguirán una proyección que no tenían en el mercado global en español, otros se quedarán a medio camino y algunos pasarán inadvertidos, “devorados por el monstruo que, dicen, es la feria de Guadalajara. Y así será contada la feria por quienes participarán en ella”.

Pero al mismo tiempo pone el acento en cómo la invitación a Barcelona servirá para reinstaurar en el imaginario colectivo su valor “como centro de un ecosistema literario de primer nivel. La propia nominación como ciudad invitada fue todo un reconocimiento a una realidad que a veces se pone en cuestión, ya sea por las tensiones políticas Catalunya-España y sus derivadas o por cierta tendencia muy barcelonesa a asumir sin complejos algunos discursos críticos formulados desde fuera”.

Desde el otro suplemento catalán que manejamos en el Patio, Abril, su director Álex Sàlmon deja entrever alguna crítica al señalar que “todavía no está claro cuál es el mensaje que quiere llevar el Ayuntamiento de Barcelona a la FIL de Guadalajara, que arranca la semana próxima”. Reclama la necesidad de contar con “dos o tres ideas claras y concisas que expliquen una realidad difícil de trasladar”. Y si bien cita la presencia de los dos grupos editoriales más importantes del mundo en castellano cohabitando “con tranquilidad ciudadana, no política, con otra lengua: el catalán”, también afea que no se haya dado mayor relevancia a “su red de bibliotecas con un histórico que nos traslada al siglo pasado y unas librerías con unas características concretas que dan para unas cuantas ponencias”.

Estaremos atentos en el Patio al desarrollo de la FIL para, en próximas entregas, dar cuenta de lo más destacado que allí ocurra.

E. Huilson

Un comentario en «‘Revolución’: memoria de la vecina Portugal»

  • Revolución, buen título… y demasiadas páginas por leer. Veremos.
    Pombo me ha aburrido siempre, a lo mejor ahora que está muy viejecito sorprende…

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