Semanario Cultural

‘Objetos perdidos’, una historia “canalla” (y lírica) en Barcelona

Al escritor barcelonés Carlos Zanón se le ha reconocido con varios premios como autor de novelas policiales, aunque lo es, en esa condición de escritor de noir, de un modo un tanto atípico “porque no sigue con fidelidad las directrices del género”, explica Ascensión Rivas en la reseña que publica El Cultural sobre su última novela, Objetos perdidos. Y no lo es porque, si bien su estilo es “rápido y afilado –frecuentemente lo forman frases breves y cortantes, propias de esa forma de escritura–, a Zanón se le adivina la vena poética. En Objetos perdidos se observa un uso muy cuidado –a menudo figurado– del lenguaje, quizá más evidente a medida que avanza la narración”.

Carlos Zanón (F: Ajuntament Barcelona)

A través de la novela conocemos al abogado Álex Gual, “un perdedor de libro”. Si cualquiera de nosotros puede estar a dos pasos de desaparecer, este abogado cocainómano ya los ha dado, según leemos en la sinopsis de la promoción del libro. Gual vive en un hotel llamado Excalibur, es abogado y se le da tan bien encontrar personas como perder cosas. Naufraga entre los restos de su relación con Lola K., una pintora en horas bajas, aunque lo que de verdad lo mantiene en pie es su vínculo con el Señor Paco, el hombre que se maneja entre lo más turbio de la ciudad desde su local, el “Donna Summer”. 

En la historia hay un jugador de rugby australiano que muere y otro, un británico, que desparece, y sus casos desatan la atención mediática. El Señor Paco, huele el negocio y usa a Álex para vender pruebas al mejor postor. Pero mientras intenta desvanecerse entre los objetos perdidos de la ciudad, Álex se ve arrastrado a la búsqueda de Cox, a una atracción inesperada por Inés, la camarera del Donna Summer, y a la dolorosa posibilidad de perder él cosas para volver a ser alguien.

Pero lo esencial de la historia, escribe Rivas, es el trazado de los personajes y la mirada –siempre piadosa y a menudo poética– que sobre ellos lanza el autor. Algunos, como los parroquianos del pub o los muchachos desaparecidos, son estereotipos, pero sobre los protagonistas se hace un análisis profundo “con sus zonas de luz y de sombra, sus altibajos emocionales, su conflicto interno y su extravío vital”.

Una novela existencialista

Pilar Romera, en Cultura/s habla de “una novela existencialista donde lo noir es el andamiaje que mantiene en pie el edificio, pero que claramente no deja de ser una excusa para interrogarse sobre la fragilidad contemporánea y la facilidad con que cualquiera puede volverse invisible en una urbe hiperconectada que no deja huella en casi nadie”. Así, Objetos perdidos contiene una épica de perdedores: “oralidad callejera, amor de garito y lumpen, barrios que exponen la cara B de la ‘Barcelona posa’t guapa’. Inmigración, precariedad”, y la ciudad, su ciudad, viene a convertirse en un personaje más, como “ya ensayaba en Taxi pero que en Objetos perdidos se despoja de pasados excesos, apareciendo, ahora sí, desnuda y, cómo no, perdida”.

E incide la reseñista de Cultura/s en resaltar la calidad de los diálogos: una oralidad hecha de frases cortas, prosa directa, afilada y rítmica que no abandona el lirismo que la caracteriza. Imágenes poéticas que exigen una lectura atenta y rigurosa, una clara marca de la casa para la que posee un innegable talento”. 

Un talento que ya se ponía en valor en la crítica que publicó Abc Cultural en su día donde se hablaba de “su identificativa prosa elíptica”, y del estilo particular de este autor que “escribe de una forma muy particular, que algunas veces puede resultar cortante y otras hipnótica, con un estilo basado en la frase breve, el halo poético y la alusión a referencias musicales –menores en esta ocasión– que termina generando en el lector la sensación de que hay algo que subyace bajo la arquitectura argumental de sus novelas, de que lo que se intuye es mucho más que lo que se muestra”.

Buenas críticas, en definitiva, que animan a adentrarse en esa Barcelona de Objetos perdidos mientras seguimos las andanzas de sus personajes… perdidos.

Maite, una novela “de mujeres” con ETA de fondo 

Fernando Aramburu en Dresde (Wikipedia)

Regresa el escritor donostiarra Fernando Aramburu sobre aquellos “años del plomo” en los que ETA sembraba el terror en el País Vasco, con su última novela, Maite, cuya reseña firma para Abc Cultural el profesor y crítico José María Pozuelo Yvancos. Nos recuerda, para contextualizar la historia, aquellos días de julio de 1997, “cuando estuvimos pendientes de la radio y el televisor, a la espera de que ETA desistiese de cumplir su amenaza, y dejara libre a Miguel Ángel Blanco, el joven concejal del PP de Ermua, que a la edad de 29 años fue secuestrado por la banda, exigiendo a cambio de su liberación un imposible». Una espera que terminó con “un tiro en la cabeza”, mostrando a todo el mundo “la deriva de una cruel sinrazón”.

Defiende el crítico que Fernando Aramburu, “vasco comprometido con su tierra y la libertad”, ha escrito como pocos han logrado hacerlo una literatura soberbia sobre aquellos años de plomo. Y recuerda “el clamoroso y justo éxito de Patria”, así como los cuentos contenidos en Los peces de la amargura, y la grotesca parodia Hijos de la fábula

Estos elogios no alcanzan, sin embargo, al logro de Maite, pues considera Pozuelo Yvancos que “no ha alcanzado la novela (…) la altura literaria de las precedentes. Queda clara la condena, sí, y es seguida en una novela ajustada en sus sucesos a los cuatro días del secuestro, pero no siempre los temas grandes logran la obra literaria que mida su altura”. Y para argumentar su dictamen señala dos deficiencias: La primera es de estructura de atención: “Maite termina siendo la historia de los matrimonios de dos hermanas (…) La historia del secuestro de Miguel Ángel Blanco actúa como fondo, pero termina siendo un contexto de las historias familiares de las dos hermanas y su madre, con el lejano recuerdo del fallecido aita. Esta predominancia de la vida familiar y de casos matrimoniales saca al lector continuamente del suceso trágico perpetrado por ETA, que termina por ser lateral, cuando hubiera merecido ser el centro”. De modo que la catarsis se origina con la violencia de uno de los maridos mientras “se evita la catarsis posible para con el asesinato de Ermua”.

Y señala el crítico como un segundo problema literario que Aramburu, “por evitar quizá el melodramatismo, convierte la vivencia del caso en un cronómetro de quienes están pendientes de él, pero el lector no entra literariamente en tal tragedia”. 

No obstante, y aparte de estas llamémoslas deficiencias, con relación a la historia principal que es la de las relaciones conyugales de las dos hermanas, el escritor vasco “vuelve a dar muestras de su gran oficio de buen narrador”, según sostiene el crítico de Abc Cultural.

“Gentes vascas”, el ciclo galdosiano de Aramburu

Es como viene a definir el crítico de El Cultural Santos Sanz Villanueva las obras de ficción de Aramburu en las que está la violencia como trasfondo argumental. A este ciclo, “de ideación un tanto galdosiana, salvadas las diferencias formales y de enfoque”, se une ahora Maite, en la que aparece también la violencia identitaria, aunque Aramburu “no la aborda como el asunto principal, sino que la ciñe a un muy relevante motivo de fondo de la trama anecdótica”. Aclara, pues, Sanz Villanueva que a su juicio  Maite es en buena medida “una novela de mujeres”, con el protagonismo de dos hermanas, una que sufre la violencia del marido y la otra soportando la infidelidad conyugal. Ello le permite al autor “desarrollar un buen ejercicio de introspección a partir del cual crea personajes atractivos de una rica complejidad”, y aunque “su personalidad invite a brochazos esquemáticos y maniqueos, los dota de finos perfiles y aristas, de modo que resultan de verdad sugerentes, con dosis exactamente calculadas de lucidez, coraje, abandono, frustración, egoísmo y un punto de locura”.

La historia de estas mujeres, sus maridos y la madre de ellas, transcurre en los días que van del jueves 10 al domingo 13 de julio de 1997, fechas del secuestro del joven concejal Miguel Ángel Blanco y su inhumana ejecución por ETA. Esto permite “que lo privado y lo colectivo alcancen en Maite una absoluta simbiosis. Si lo privado funciona como motor de la trama, lo colectivo aporta el valor representativo del modo de ser, de pensar, de sus hábitos y de estar en el mundo la gente de un paisaje concreto, el vasco”. 

Y termina el crítico su reseña, no sin antes afirmar que “Aramburu es el heredero actual de Pío Baroja”, señalando cómo los sutiles asedios psicológicos a las mujeres centrales de la novela, la plástica precisión del paisaje urbano en que se mueven y la agilidad del relato con su dosis de incertidumbres y equívocos, hacen de Maite una “lectura interesante, fácil (su estilo es costumbrista) y amena. Sí necesita, sin embargo, un oído más atento para lo conversacional, pues con frecuencia el habla de Maite resulta libresca”.

Labatut entre Los Vedas y la física cuántica

Benjamín Labatut (Editorial Anagrama)

Cuenta Bruno Pardo Porto que el escritor y periodista chileno Benjamín Labatut aspira “a un texto con tanta claridad que el sistema nervioso se rinda ante él de la misma forma que uno se rinde ante la belleza de un colibrí”. Esto del colibrí viene a cuento de lo ocurrido durante la entrevista que le hizo para Abc Cultural, en la que mientras citaba a Borges, Bolaño, Weinberger, Quignard, Carson, Herzog, Carrère, Philip K. Dick, y muchos otros, además de los libros sagrados, paró la conversación, realizada por zoom, “para lanzarle un palo a su perro y para enseñar a dos colibríes que se han acercado a su mesa”.

Efectivamente, en esa entrevista cuenta que ahora dedica la mayor parte de su día a estudiar a Los Vedas y “el resto de sus lecturas se van en la mecánica cuántica y la inteligencia artificial, y ese cóctel extrañísimo es el que acaso explique su literatura, que es un delirio que sucede entre la ciencia y lo infinito”. Si recuerdan, Labatut se hizo famoso con Un verdor terrible que fue finalista del Premio Booker “y que recomendó hasta el mismísimo Obama”, y alcanzó la consagración con MANIAC, “donde nos presentó al ser humano más inteligente del siglo XX y a todos sus demonios, esos que hemos heredado”.

La entrevista se ha realizado con motivo de la publicación estos días en España de La Antártica empieza aquí, un libro de cuentos que fue su debut, “en el que los personajes hacen funambulismo con el vacío bajo sus pies”. Un libro en el que, a pesar de sus defectos se reconoce el autor: “El primer libro de cualquier escritor es probablemente el más importante, al menos para uno. Es muy lindo, porque uno no puede volver a ser tan honesto ni tan ingenuo ni tan apasionado. Me reconozco en todos sus defectos, aunque debo admitir que le metí mano al libro de una manera pecaminosa [sonríe]. Yo no tengo ningún respeto por mi propia obra. Dejé el libro como si lo hubiera escrito ahora. Fue una revisión violenta. A ratos pensaba: este tipo no sabe escribir”.

Ahora escribe retirado en la naturaleza y sobre el libro que está escribiendo el entrevistador le interroga pero sólo obtiene una frase críptica: “Es un libro sobre la lógica que subyace al mundo moderno. Hay un espíritu que está en toda la tecnología moderna, y es un libro sobre ese espíritu”. Habrá que esperar.

Alonso Cueto (Ed. Pre-Textos)

Estudio de la obra de Vargas Llosa

Palabras en el mundo, el ensayo que el novelista peruano Alonso Cueto escribió sobre la obra de su paisano Vargas Llosa poco antes de que este muriera, viene a ser un regalo necesario para aquellos que quieran profundizar en la narrativa de quien, según el autor, es “el novelista en español más grande del siglo XX y lo que va de XXI”.

A Cueto lo entrevista en Abc Cultural Diego Doncel para hablar de este ensayo donde cuenta “el retrato de una larga lectura y el de una larga pasión, la que le ha acompañado desde que cayó en sus manos La ciudad y los perros a los catorce años”. Cueto se asoma a ese universo para mostrar la gran ambición de Vargas Llosa: dar cuenta de la comedia humana: riqueza, pobreza, corrupción, amor”, escribe Doncel, y define la obra como “un derroche de lucidez, una reflexión sobre cómo vio Vargas Llosa las leyes de la vida y las leyes de la escritura novelística de nuestro tiempo”.

Además de sus grandes novelas, se mencionan los “dos grandes ensayos literarios, los de Flaubert y García Márquez”. Y también el libro de memorias El pez en el agua, lo que lleva a Cueto a afirmar que “solo Faulkner y Mann acaso tienen un número tan significativo de grandes obras en prosa”. Los lectores del peruano, pues, están de enhorabuena.

E. Huilson

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