Relatos con música

Entre herreros anda el juego

La forja del herrero, obra del pintor inglés Alfred Provis (1818-1890)

ESCENA 1

Exterior día. Tarde lluviosa en el Cannons, cerca de Londres. Georg Friedrich Händel se dirige a su residencia. Un tremendo aguacero le sorprende a mitad de camino y se ve obligado a refugiarse en una herrería que encuentra a pocos metros de la senda por la que discurre. El herrero, William Powel, le invita a pasar. El compositor espera a que escampe, mientras el herrador continúa con su rutina. Golpe va y golpe viene al yunque sobre el que descansa la barra que está moldeando. Ese toc, toc, toc es captado rápidamente por el músico. Ya tiene la inspiración para uno de los movimientos de la suite que está componiendo por encargo del duque de Chandos.

Pasado el chaparrón, Händel se despide de Powell. No sabe el herrero el favor que le acaba de hacer.

Friedrich Händel

ESCENA 2

Interior día. Escenario: una herrería en la que el compositor Georg Friedrich Händel se encuentra conversando con su amigo William Powell, herrero de profesión. Le gusta al músico pegar la hebra de vez en cuando con algún artesano, agricultor, pastor…, hombres del vulgo que le pueden dar una visión particular de la vida. Estar todo el día enclaustrado en Cannos, entre partituras, le llega a cansar.

En un momento determinado, Powell, que atiende a Händel a la vez que sigue con su trabajo, entona una vieja canción, propia de los herreros, pues hay notas que acompañan al permanente tintineo del martillo sobre el yunque, modelando el metal que sale de la fragua. Esa música, ese tono tan popular, tan personal…. Le acaba de inspirar una melodía que piensa incluir en la Suite que está escribiendo para clave, por encargo del duque de Chandos. Se despide de su amigo Powell. No sabe el favor que le ha hecho.

ESCENA 3

Interior día. Escenario: Una tienda de venta de partituras. Tras el mostrador, su propietario, William Lintey, antiguo aprendiz de herrero que decidió cambiar el mandil de cuero por la levita de vendedor de partituras. Incluso él mismo hacía algunos pinitos al clave y tocaba obras de autores conocidos. La que más le gustaba, y por eso promocionaba su venta, era una suite del maestro Georg Friedrich Händel, que formaba parte de las ocho que el músico alemán había compuesto para el duque de Chandos. En concreto, sentía predilección por el último movimiento de la suite número 5. Aquel reiterativo toc, toc, toc de la nota si sobre el clave le recordaba sus tiempos de aprendiz en la herrería. Y decidió ponerle nombre a ese movimiento: El herrero armonioso, que era el apodo con el que Lintey era conocido en Bath, en el condado de Somerset, su cuna y donde ejerció el oficio.

Cualquiera de estos tres escenarios puede servirnos para conocer el origen de una de las piezas más famosas del Händel compositor de piezas para clave. 

En 1720, efectivamente, el duque de Chandos le encargó una composición para clave. Händel compuso ocho suites. La número 5 incluía un movimiento, el último, compuesto por un aria y cinco variaciones. Es el HW 430 de su catálogo. Este movimiento es conocido como El herrero armonioso. Este nombre, con el que la composición ha pasado a la historia de la música, fue idea del musicólogo del siglo XIX Richard Clark, quien lo introdujo en su libro Reminiscencias de Händel en 1836. Rápidamente, El herrero armonioso comenzó a popularizarse y a interpretarse separado del resto de la suite.

Todos los historiadores y musicólogos coinciden en señalar que las tres versiones que en este relato se han narrado no son más que leyendas urbanas y que ninguna tiene verosimilitud ni está demostrada su autenticidad. 

Pero ya se sabe lo que dicen los italianos: se non è vero, è ben trovato. Pues eso. ¿Qué más se puede añadir?

Gabriel Sánchez

La pianista Eri Mantani interprerta El herrero armonioso de Händel:

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