Refik Anadol convierte en arte el ‘efecto Bilbao’
Dicen que el Museo Guggenheim de Bilbao, creado por el arquitecto Frank Gehry (Toronto, 1929), cambió para siempre la imagen de El Botxo, de tal forma que la ciudad industrial y gris quedó convertida en una ciudad cultural, moderna y brillante. La capacidad con que ese increíble edificio consiguió cambiar la imagen de una ciudad ante el mundo ha pasado a tener su propio término técnico: el efecto Bilbao.

Ahora la obra arquitectónica de Gehry pasa a integrarse y ser protagonista de una obra que puede visitarse en el interior del Museo hasta el próximo 12 de octubre. Su autor, Refik Anadol (Estambul, 1985), un artista turco-americano conocido por proyectar imágenes enormes abstractas e indeterminadas creadas con algoritmos automáticos basados en datos.
La sensación al visitar la instalación Arquitectura viva: Gehry de Anadol en el Guggenheim es la de un zambullimiento en un espacio alucinatorio donde permanecer horas alelado o subyugado por imágenes imprecisas y oníricas que bailan en una danza perfecta alrededor nuestro.
Millones de imágenes
¿Y todo esto es obra de los algoritmos? Pues sí. El estudio de Refik Anadol desarrolló un modelo personalizado de la IA al que llamó Large Architecture Model. Como si de un cachorro se tratase, el modelo fue entrenado durante meses alimentándole con más de 35 millones de imágenes, planos y bocetos -de acceso libre para todos- buscando traducir todo ese conocimiento arquitectónico de Gehry en movimientos, colores y formas dinámicas que se vieran en continua evolución en las amplias salas del Guggenheim.
Todo este espectáculo visual -explica el propio Museo- se intensifica por un “paisaje sonoro”, compuesto por el compositor y diseñador de sonido Kerim Karaoglu, quien, a su vez, ha generado esta sensación sonora fusionando un audio generado por la IA con grabaciones registradas en el propio Museo.
Anadol ha recibido numerosos premios y proyectado instalaciones enormes con su arte digital, como La máquina Alucinación, presentada en Nueva York en 2019, para la que utilizó más de 300 millones de imágenes públicas de la Gran Manzana. Considera la IA como una extensión de su mente, “una herramienta poderosa, que puede mejorar nuestra mente y nuestra capacidad cognitiva. “Pero -añade en una entrevista a DHub- también es muy peligrosa, porque utiliza nuestros recuerdos, recuerdos pasados, recuerdos colectivos, y los transforma en una herramienta, un producto y un servicio”.
¿Es arte sostenible?
Ahora bien, ¿son sostenibles estas instalaciones que utilizan ingentes cantidades de datos, lo que requiere a su vez enormes cantidades de agua para refrigerar los centros de datos que los ejecutan? La pregunta se la hacía la revista ArtNews el pasado marzo y la respuesta que dio el artista intenta apaciguar la inquietud que provoca esta cuestión. Anadol eliminó las 35 millones de imágenes utilizadas durante el proceso después de entrenar el modelo. Una parte de la exposición queda almacenada de forma local y “solo la parte final de la instalación se renderiza en tiempo real y se alimenta con energía renovable procedente de las granjas de servidores de Google Cloud en los Países Bajos. Anadol aseguró a ArtNews que “ejecutar la obra durante un año consume el equivalente a cargar cuatro teléfonos móviles en el mismo periodo”.
Parece pues que el arte generativo, para el que se utilizan códigos y algoritmos, ha venido para quedarse. Difícil llevártelo a tu casa. O no, ¡quién sabe!
Ana A.

Muy interesante y espectacular