Los poemas del patio

La alegría de escribir

La creación de las aves, obra de la pintora española Remedios Varo (1908-1963), realizada en 1957 (Museo de Arte Moderno de México)

¿Hacia dónde corre por el bosque escrito el corzo escrito?  
¿A saciar su sed a orillas del agua escrita 
que le calcará el hocico cual hoja de papel carbón? 
¿Por qué alza la cabeza?, ¿ha oído algo? 
Sobre sus cuatro patas, prestadas por la realidad, 
levanta la oreja bajo mis dedos. 
Silencio —palabra que cruje en el papel 
y separa las ramas que brotan de la palabra «bosque». 

A punto de saltar sobre la página en blanco acechan 
letras que acaso no congenien,
frases tan insistentes 
que consumarán la invasión.

Una gota de tinta contiene una sólida reserva 
de cazadores, apuntando con un ojo ya cerrado, 
preparados para el descenso por la pluma empinada, 
para cercar al corzo y llevarse el fusil a la cara.

Olvidan que esto, lo de aquí, no es la vida. 
Aquí, negro sobre blanco, rigen otras leyes. 
Un abrir y cerrar de ojos durará cuanto yo quiera, 
se dejará fraccionar en eternidades minúsculas 
llenas de balas detenidas en pleno vuelo. 
Nada sucederá si yo no lo ordeno. 
Contra mi voluntad no caerá la hoja, 
ni una brizna se inclinará bajo la pezuña del punto final.

¿Existe, pues, un mundo 
cuyo destino regento con absoluta soberanía? 
¿Un tiempo que retengo con cadenas de signos? 
¿Un vivir que no cesa si éste es mi deseo?

 Alegría de escribir. 
Poder de eternizar. 
Venganza de una mano mortal.

Wyslawa Szymborska
(Trad. Ana María Moix y Jerzy Woiciech Slawomirski)

Alegría de escribir, y atentos al leer
Se ha escrito de la premio Nobel Wisława Szymborska que “juega” con su poesía, que experimenta la escritura como una acción de poder con la que desafía la realidad y, con ella, a la muerte. El ciervo que en este poema se nos presenta corre (escrito) por efecto de una pluma y la tinta sobre un papel que antes estaba en blanco. Lo hace por el bosque y no en la llanura porque así lo quiere la poeta y, a la vez, el bosque es real en el mundo de la escritura, cuyas leyes son diferentes porque el poeta tiene el poder de hacer correr al ciervo o detenerle frente a un lago, detener el tiempo o acelerarlo. Y el juego incluye al lector pues interfiere su lectura para hacerle comprender que estamos ante la realidad de un acto de escritura, una realidad diferente, en la que “una gota de tinta” contiene una “sólida reserva de cazadores” que llevarán su ojo al punto de mira y su bala al ciervo solo si la poeta así lo ordena.

Se demora… “poder de eternizar”.
Y no ocurre… “venganza de una mano mortal”.

                                                                                                               A.S.

Un comentario en «La alegría de escribir»

  • El poder ilimitado del escritor, del poeta en este caso, que como un Dios omnipotente puede dar y quitar la vida.

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