Qué extraños frutos

Billie Holliday

Postrada en la cama de una de las habitaciones del Metropolitan Hospital de Nueva York, Billie, 44 años, se despedía, poco a poco, de la vida. Y en su interior, intentaba dar  gracias por tener la oportunidad de morir en un hospital, como los blancos. Su padre se había ido de este mundo en 1937, en plena calle, porque nadie quiso atenderlo en el centro médico al que acudió agonizante, simplemente porque era negro.

Junto a la cama de Billie, una persona que se había hecho inseparable durante más de 20 años: Harry Anslinger, un agente del FBI, responsable del departamento de narcotráficos  durante el largo mandato de Hoover, quien la perseguía día y noche, de Estado en Estado, para sorprenderla consumiendo drogas y poder detener a la mujer que elevó el jazz a la más alta categoría, la voz que dio voz a los que ni siquiera podían lamentarse y maldecir su suerte. No lo consiguió. Billie murió en 1959 aquejada de cirrosis, causada por la ajetreada vida que llevó con la más absoluta dignidad durante casi medio siglo.

Pero no sólo Billie Holiday era perseguida por agentes del FBI intentando implicarla en el consumo de drogas. La cantante se había vuelto muy incómoda en una sociedad drástica en su discriminación racial. Y todo por una canción, Strange Fruit, que Billie interpretaba siempre al final de sus actuaciones como segundo bis. Pero el público que se consideraba fanático seguidor incondicional de la cantante de jazz conocía la estrategia. Si interpretaba la canción (posiblemente la primera canción protesta de la historia) en medio del recital, se corría el riesgo de que la policía entrara en el local y desalojara al público y a todos los músicos, por considerar la canción un instrumento agitador y de propaganda subversiva.  Mejor esperar hasta el final, cuando ya el público se desalojaba solo. 

Abel Meerepol, autor de Strange Fruit

Paradójicamente, la letra de Strange Fruit fue compuesta por un blanco, el profesor judío y comunista Abel Meeropol. Se inspiró en la fotografía de dos negros que fueron linchados en Marion, Indiana, el 7 de agosto de 1930, Thomas Shipp y Abbe Smith. La fotografía fue publicada en todos los diarios norteamericanos y poco tiempo después dio la vuelta al mundo. En la instantánea se reflejaba el odio, la vileza, la impotencia y la injusticia que perseguía a la población negra en el sur de los Estados Unidos. Meeropol publicó el poema en la revista New York Teacher. Él mismo  compuso después la música. Y la canción se convirtió rápidamente en un himno de reivindicación racista. Billie Holiday la grabó en 1939 y a partir de ese momento, con la voz quebrada de la cantante de jazz, el ímpetu que daba a su recitado, la rabia disfrazada de sarcasmo para dar solidez a la historia, los ojos cerrados, las manos abiertas, Strange Fruit se convirtió en un alegato contra la injusticia al mismo tiempo que la sociedad blanca consideraba que era una provocación. El  FBI no lo podía tolerar.

En esta fotografía se inspiró Meerepol para su poema Strange Fruit. La imagen del linchamiento y posterior ahorcamiento de los dos adolescentes afroamericanos, rodeados de una multitud, fue tomada por el fotógrafo local Lawrence Beitler (imagen retocada por respeto a los jóvenes)

La revista TIME calificó Strange Fruit en 1939 como una provocación de propaganda política. Paradójicamente, en 1999 rectificó y consideró la obra como la canción del siglo XX. Pero ya era demasiado tarde.

Abel Meeropol siguió componiendo para los cantantes de moda estadounidenses, entre ellos, Frank Sinatra. Pero siempre será recordado por los extraños frutos que vio colgados de un árbol de Indiana aquel 7 de agosto de 1930 y que plasmó así:

“De los árboles del sur cuelga una extraña fruta/ Sangre en las hojas, y sangre en las raíces/ Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña/ Extraños frutos colgando de los álamos / Escena pastoral del galante sur/ Los ojos hinchados y la boca retorcida/ Aroma de las magnolias, dulce y fresco/ Y, de pronto, el olor a carne quemada/ Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos/ Para que reciba la lluvia, para que la chupe el viento / para que el sol la corrompa/ para que los árboles la suelten/ Esta es una extraña y amarga cosecha”.

GABRIEL SÁNCHEZ

Billie Holiday canta Strange Fruit en 1959:

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