Relatos con música

El Conde y la Voz

Frank Sinatra y William Basey (Sinatra Collection)

Sinatra necesitaba una buena orquesta y un arreglista que fuera capaz de darle un vuelco a su carrera como cantante. La experiencia con bandas anteriores no había sido nada buena. Primero con la orquesta de Harry James, aunque esta vinculación duró un suspiro. Y después con la de Tommy Dorsey que, como recordarán los lectores, tuvieron que solventar los amigos de Sinatra, oriundos de Sicilia, porque el glotón trombonista quería aprovecharse del joven cantante.

En 1962 le llegó la gran oportunidad. Conoció a William Basie, uno de los músicos más populares de la historia del jazz de todos los tiempos. Y se puso a las órdenes del músico y su banda. Count Basie (le llamaban conde, pues si Ellington era duque, a ver por qué Basie no iba a tener título nobiliario) tenía un arreglista extraordinario, Quincy Jones. Tal era su confianza en su trabajo, que le sustituía al frente de la orquesta cuando el titular debía ausentarse por algún motivo.

Sinatra y Quincy Jones

Basie y Sinatra comenzaron una carrera que ha marcado un antes y un después en la historia del jazz. El cantante, acostumbrado a la música melódica, al swing más ortodoxo, no había experimentado lo que significaba el puro jazz. Y con la orquesta de Basie consiguió los mejores registros como potente cantante jazzístico.

En 1962 grabaron su primer disco juntos: Sinatra-Basie: An historic musical firts. Fue un grandísimo éxito. Como buena muestra de jazz, Sinatra sólo estuvo acompañado de instrumentos de viento y maderas. Nada de cuerdas ni de otros elementos distorsionadores. Quincy Jones había sido el artífice del éxito, debido a su capacidad para adaptar la música de la banda de Basie a la voz de Sinatra.

La banda y el vocalista recorrieron los mejores escenarios norteamericanos con las melodías incluidas en el álbum.

Pero había que renovar repertorio. La experiencia de la grabación de un nuevo disco protagonizado por Sinatra-Basie llegó en 1964. Y ahí es cuando se produjo la apoteosis.

El trabajo llevaba por título It Might as Well Be Swing. Incluía una canción, compuesta en 1954 por Bart Howard y que el compositor había titulado In Other Words.  La canción se hizo popular y fue versionada por decenas de cantantes, desde los que animaban los cabarets nocturnos neoyorquinos hasta los más osados que intentaron, con poco éxito, hacer una versión sólo musical al estilo bossa nova.

Pero Sinatra y Basie esperaban sin prisa la salida del álbum. Y cuando el público escuchó la versión de Sinatra del Fly me to the moon (que así es como se rebautizó la composición de Howard), acompañado por la orquesta de Count Basie, no pudo resistirse en calificarla como la mejor versión de todos los tiempos. De nuevo, Quincy Jones había tenido algo que ver. Aceleró el ritmo y lo puso en un cuatro por cuatro uniforme. Además, la recargó de un swing directo que la hacía explotar de energía. Cuando Sinatra grabó Fly to the moon con Basie, se habían hecho más de 100 versiones de la partitura original. Ninguna como ésta.

Además, el disco incluía una versión del Hello Dolly. Sinatra improvisó una estrofa que no estaba contemplada en la partitura, en homenaje a Louis Armstrong, quien la había llevado a los primeros puestos en las listas de éxitos al principio de 1964.

La colaboración Sinatra-Bassie terminó en 1966 en el casino The Sound de Las Vegas. Y sobre esta actuación, también hay un álbum, grabado en directo. Pero, a decir de los expertos, nada que ver con el trabajo conjunto que vio la luz en 1964. Pero la experiencia mereció la pena.

Gabriel Sánchez

Sinatra canta en Fly Me To The Moon en el Teatro Opera The Kiel (hoy teatro Stifel) de St. Louis, Missouri (1962):

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