Relatos con música

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Los tres tenores: Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti

Ni el propio Mario Dradi, productor de espectáculos italiano, autor de la idea, pudo llegar a imaginar jamás la repercusión de su iniciativa. Se trataba de una obra casi benéfica: recaudar fondos para una fundación que luchaba contra la leucemia. En principio, una propuesta sin ánimo de lucro como tantas otras que se proponen instituciones, organismos, personalidades, ciudadanos anónimos, cuyo único interés es el de colaborar y ayudar a los que necesitan de atención y fondos. Pero aquello se desbordó y alcanzó unas cotas en todos los sentidos nunca vistas.

El tenor español José Carreras acababa de recuperarse satisfactoriamente, aunque no al cien por cien,  de una leucemia. Desde que se le detectó la enfermedad, Carreras había puesto en marcha una fundación para recaudar fondos que propiciaran estudios e investigaciones para combatir este tipo de cáncer. Con aportaciones de su propio bolsillo y con la ayuda de patronos, la Fundación José Carreras consiguió parte de los objetivos que se había marcado.

Roma, la ciudad que albergaría la final de la Copa del Mundo de fútbol de 1990, sería el escenario ideal para organizar un gran concierto con el fin de dar la bienvenida a José Carreras, después de años retirado de los escenarios, debido a su enfermedad, y recaudar fondos para que la Fundación siguiera con su exitoso y solidario trabajo.

Los tres tenores y Zubi Mehta

Se pensó en los compañeros que tantas veces habían acompañado a Carreras en los escenarios de todo el mundo, los tenores más reputados del momento: Luciano Pavarotti y Plácido Domingo. Se trataba de organizar un espectáculo en el que se mezclarían arias de ópera y música tradicional y popular italiana. Había que buscar un director de orquesta: Zubi Mehta, entonces al frente de la sinfónica de Nueva York. Dradi puso en marcha la iniciativa y buscó el escenario adecuado: las termas de Caracalla, en el corazón de la Roma Imperial.

El 7 de julio de 1990, un día antes de la final que disputarían Argentina y Alemania,  los tres tenores ofrecieron un espectáculo que no se ha vuelto a repetir y que ha quedado en los anales de la música clásica de todos los tiempos. Como muestra, estos datos: las seis mil entradas que estaban dispuestas en las termas de Caracalla se agotaron en dos días. El concierto fue transmitido a 54 países a través de la televisión, lo que supuso una audiencia de más de 800 millones de espectadores. El CD  ha sido el disco de música clásica más vendido de todos los tiempos. Sólo en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania se vendieron más de cinco millones de copias. 

Lalo Schifrin

Doscientos músicos, miembros de la Maggio Musicale de Florencia y del teatro de la Ópera de Roma formaban la orquesta que acompañó a los tres tenores en el épico concierto. En la primera parte, cada uno de ellos interpretó arias de óperas muy conocidas. En la segunda parte, los tres se unieron para dar voz a canciones populares y tradicionales italianas que habían sido arregladas para la ocasión por Lalo Schifrin, músico argentino, autor, entre otras partituras, de la famosa banda sonora de Misión Imposible. No hay datos fehacientes del caché de los artistas. Lo que sí se sabe es que, en un gesto altruista del que después se arrepintieron, en el contrato figuraba que parte de sus emolumentos irían a parar a la fundación, como también parte de la recaudación. Así pues, se quedaron sin la parte más mollar: los derechos por la venta de los CD y de la retransmisión. 

Tibor Rudas

El que más vista tuvo fue el productor húngaro Tibor Rudas, quien se quedó con la marca de Los Tres Tenores. Parece ser que les dobló el caché y, cuatro años después, volvió a repetir el espectáculo en el Dodge Stadium de Los Ángeles, con motivo de la final del Mundial de Fútbol de Estados Unidos. Hasta mil dólares pagaron los 50.000 espectadores que acogió el estadio para ver el espectáculo. París también acogió el recital en el año 1998, con motivo de la final del campeonato de fútbol y Seúl en 2002 por el mismo motivo. Donde iba la copa del mundial de fútbol, allá acudían los tres tenores con el grueso cheque en el bolsillo del frac.

Lo que había de ser un acontecimiento único se convirtió, de la mano de Tibor Rudas, en una rentabilísima gira, con una treintena de conciertos entre 1994 y 2003. Se hablaba de que cada uno de los cantantes y el director cobraban por cada uno de los conciertos un millón de dólares. Se calcula que sólo en el año 2000 las ganancias por los conciertos superaron los mil millones de dólares. Cifras parecidas a las que se manejan en el mundo del fútbol. No hay que asustarse….

Gabriel Sánchez

Un vídeo no tan conocido de la actuación en Roma de los Tres Tenores (1990), entre bastidores:

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