Desde hace años para siempre jamás

Desde hace años para siempre jamás
llevé hasta la costa mi barco de cedro;
y al camino y al lecho del río,
y a los verdes, ondulantes juncos,
dije mi último e ignorante adiós:
vivo ahora en el hogar, contento,
y ahora divido mi indolente vida
entre mi mujer y mis versos:
en vano; porque cuando la luz se enciende
y me siento junto al fuego, que ríe,
aún, con el desgastado atlas abierto
recorro caminos interminables.
Robert Louis Stevenson
(Traducción de Javier Marías)
El sueño melancólico de la aventura
La obra en prosa de Stevenson, de la que destacan novelas como La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, ocultó en cierto modo su obra poética. Escribió poemas para niños y para adultos. De estos últimos se ha dicho que estaban marcados por la emoción, la alegría y también un tono melancólico, dulce al principio y más trágico en su final. No hay que olvidar que una enfermedad lo fue minando desde joven, a pesar de lo cual siempre mostró alegría y vitalidad hasta que, ya al final de su vida y de años luchando contra la enfermedad, la melancolía se hizo dueña de su voz poética.
Lo expresa bien en este poema que hoy traemos al patio. Después de varar su barco “desde hace años”, metáfora de la juventud, no puede evitar al sentarse al fuego de la tarde, cuando la luz se enciende y “con el desgastado atlas abierto”, recorrer “caminos interminables”, singladuras como la que le llevó a Samoa a paliar la enfermedad o esperar la muerte. Allí está su tumba, donde él la quiso, y para la que escribió como epitafio estos versos que ya trajimos un día al Patio: “Aquí yace donde quiso yacer;/ de vuelta del mar está el marinero,/ de vuelta del monte está el cazador”.
A.S.
