«Serán ceniza…»

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
José Ángel Valente
El nacimiento de un poeta
“Serán ceniza…” es el poema inaugural de una larga y admirada obra poética, la de José Ángel Valente, donde ya daba muestra de la hondura y cierto misterio que le acompañaría siempre. Trata aquí del amor, que considera fundamental para la existencia pues le da sentido y, aunque irremediablemente seremos ceniza, nos regala una ilusión: la esperanza de que la vida tiene un sentido. A ello alude cuando dice: Hay una luz remota, sin embargo, /y sé que no estoy solo. Ese no estar solo nos lleva hacia la mano que comparte mi vida como representación de una corriente de comunicación entre ambos personajes, el poeta y la amada.
Serán ceniza es también una referencia literaria (intertextual) a Quevedo y sus versos de Amor constante, más allá de la muerte, cuya última estrofa decía: su cuerpo dejará, no su cuidado;/serán ceniza, más tendrá sentido;/polvo serán, más polvo enamorado.
Quevedo fue un poeta querido para Valente, hasta le escribió un poema a la estatua que se puede ver en la plaza que lleva su nombre en Madrid. En ese poema Valente, que fue vecino en los años cincuenta durante un tiempo de la estatua, dejó escrito: Yo no sé quién te puso aquí, tan cerca/ –alto entre los tranvías y los pájaros–/ Francisco de Quevedo, de mi casa. Para después interrogarse: Yo me pregunto/ qué haces allá arriba, Francisco/de Quevedo, maestro,/ amigo, padre,/ con quien es grato hablar,/ difícil entenderse,/ fácil sentir lo mismo:/cómo en el aire rompen/ un sí y un no sus poderosas armas, y nosotros estamos/ para siempre esperando/ la victoria que debe/ decidir nuestra suerte.
A.S.
