No queda otra

Basta que se me llene la agenda de tareas, compromisos y fiestas para que mi cuerpo decida declarar guerra. Empieza con un ligero picor en la garganta. Me invita a ser más selectiva con mis compromisos, a descansar y respirar, pero como no es suficiente para hacerme frenar, la estrategia se vuelve violenta. Va a por todas: dolor de garganta, tos, mocos, cansancio.
Me doy por vencida, no me queda otra que meterme en la cama y dejar pasar las horas y los síntomas. Quizá la solución contra el resfriado inoportuno sea no apuntar nada en la agenda. Ya os diré si funciona.
PAULA
