Relatos con música

Divas a la greña

Detalle del grabado del desembarco en Inglaterra del castrato Senesino, por el que rivalizan las dos divas Francesca Cuzzoni y Faustina Bordoni. Probablemente Bordoni se encuentra a la derecha del cantante y Cuzzoni a su izquierda. (Anon, 1737-8, ©Gerald Coke Handel Collection, Foundling Museum, accession no. 5636)

Era regordeta, con pinta de aldeana, pero cantaba como los propios ángeles. No en vano a Francesca Cuzzoni se la conocía en toda Italia como “Voce d’angelo”. Y no era para menos. Un fraseo elegante  y patético la hicieron musa del barroco. Corría el riesgo de ser ensombrecida por la voz de aquellos que a principios del siglo XVIII representaban la pureza del canto en toda su extensión: los castrati. Pero la Cuzzoni supo hacerse un hueco debido a su vibrato  dulce y penetrante y su capacidad para modular y disminuir las notas con prodigioso efecto. 

Händel

En 1722, con una gran carrera a sus encorvadas espaldas, Francesca fue llamada por Händel para que formara parte de la Royal Academy of Music de Londres. Y hasta la isla se fue la italiana, no sin antes negociar un contrato de 2000 libras esterlinas, una cantidad desorbitada para la época. Pero a la diva no se la podía negar nada.

Para su presentación en la capital inglesa, Händel le escribió un aria: Falsa immagine. Pero la soprano rehusó cantar la obra porque, según le dijo al propio compositor, era muy simple y ella necesitaba algo mucho más trepidante. El compositor se agarró un grandísimo enfado y le dijo a la señora: “Sé que es usted el diablo, pero yo soy belzebú, el jefe de todos los demonios”. Y agarrándola por la cintura la llevó hasta la ventana, la abrió y  la amenazó con tirarla al vacío si volvía a hablar y a criticar su música. La soprano, naturalmente, se calló. 

Francesca Cuzzoni, dibujada por James Caldwall

En 1723, Francesca Cuzzoni debutó en Londres con la ópera de Händel Ottone. El éxito fue arrollador. Hicieron las paces, en apariencia, y la italiana llegó a interpretar nada menos que once óperas del maestro alemán en cinco años, los mismos que duró su contrato en la Royal Academy of Music.

Pero no era la única soprano con voz cautivadora que procedía de Italia. Su gran competidora era Faustina Bordoni. A sus cualidades como soprano había que añadir que, además, era bellísima, don que la pobre Cuzzoni no tenía. Y claro, siempre que pasan estas cosas, cada una tenía sus admiradores y sus detractores.

En mayo de 1726, las dos sopranos coincidieron en la ópera Alessandro, de Händel. El maestro tuvo buen cuidado de escribir el mismo número de arias y recitativos para cada una de ellas, con el fin de evitar el enfrentamiento, la envidia, los celos y, sobre todo, la ira del público partidario de una y de otra. Incluso incluyó dos dúos, uno para cada una, con el héroe de la historia, Senesino.

Faustina Bordini, retratada por la pintora italiana Rosalba Carriera

Pero la rivalidad seguía creciendo, jaleada, todo hay que decirlo, por el público que incluso se permitía lanzar panfletos desde la platea al patio de butacas de los teatros, apostando por una o por otra cuando ambas coincidían en una obra. Y así llegó el momento más desagradable: el 6 de junio de 1727, en plena representación de la ópera Astianatte, de Giovanni Bononcini, y en presencia de la Princesa de Gales, parte del público comenzó a pitar cuando apareció en escena Faustina Bordoni, a lo que siguieron gritos de sus defensores. Partidarios y detractores comenzaron a pelearse saltando por encima de las butacas. La gresca llegó al escenario, donde ambas divas la emprendieron a golpes, tirándosete de los pelos y arañándose. Un crítico escribió en la prensa: “Es una vergüenza que dos damas tan bien criadas se llamen perra y puta como vulgares callejeras en el escenario”.

Tras este incidente, las dos sopranos tomaron caminos diferentes. Bordini se instaló en París y Curzzoni se marchó a Viena, junto a su esposo, el clavecinista Pier Giuseppe Sandoni. Pero volvió a Londres y siguió con su carrera musical hasta que en 1737 abandonó furtivamente la capital británica. Se marchó el mismo día  en que apareció el cadáver envenenado de su esposo. Pero nadie la acusó.

¿Sus últimos años? Después de malgastar su fortuna (era una viuda de oro), Francesca Cuzzoni pasó 21 años en un asilo para indigentes en Bolonia, ganando unas cuantas liras haciendo botones.

Por lo que respecta a Faustina Bordini fue más ordenada. Instalada en Venecia, junto a su esposo, vivió un retiro feliz y holgado, conservando parte de su belleza y buen carácter.

Hasta en eso fueron diferentes.

Gabriel Sánchez

El conjunto de música barroca Capella Gabetta, con Andrés Gabetta en la dirección y el violín, grabaron en 2014 Rival Queens, que muestra la batalla musical que enfrentó a las divas. Para ello contó con la soprano Simone Kermes y la mezzosoprano Vivica Genaux. El resultado es espectacular. Dejamos este video iniciándolo con Spera che questo cor de la ópera de Giovanni Bononcini Astianatte, interpretado por Genaux, al que continúa Scoglio d’immota fronte (Scipione) de Händel, que interpreta Simone Kermes. Le siguen trece títulos más de diferentes autores:

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