Semanario Cultural

Mercè Rodoreda: regreso a Barcelona ¿y al resto de España?

La noticia literaria de estos últimos días es sin duda la presencia de la ciudad de Barcelona como invitada en la Feria Internacional del libro (FIL) que se celebra en la ciudad mexicana de Guadalajara, y de la que ya hemos dado alguna noticia en este rincón del Patio. De los eventos y presencias de escritores que allí se han dado cita se viene informando en las páginas culturales de los diarios y en los suplementos. Ayer domingo, por ejemplo, podíamos leer en las páginas culturales de El País una entrevista a Javier Cercas en México, dentro del periplo, con El loco de Dios en el fin del mundo bajo el brazo, un libro sobre el Papa Francisco, por distintos países de América Latina; entrevista en la que deja una reflexión que nos ha llamado la atención en torno a la apreciación de los escritores en español a uno y otro lado del Atlántico: “He tenido lectores aquí desde el principio. He viajado con cierta frecuencia y siempre he sentido que [Latinoamérica] acogía muy bien mis libros. Siempre he notado que estaba presente aquí. También, siempre he sentido que es muy difícil, después del bum [latinoamericano], que escritores en español estén presentes aquí y en España. Lo bueno sería que los escritores valiosos estuviesen presentes en todos los países porque escribimos en la misma lengua, pero en la realidad no ocurre. Eso me parece un drama. Trabajamos con una tradición mutilada”.

Una reflexión que también nos podríamos hacer sobre escritores que escriben en catalán y son poco frecuentados (por no decir traducidos) en el resto de España. 

Mercè Rodoreda (F: Institut Ramon Llull)

¿Habría sido este el caso de Mercè Rodoreda? La respuesta la aborda Babelia en un reportaje de Álex Vicente en el que se habla de una “Fiebre por Mercé Rodoreda”, un titular al que añade: “De lectura escolar con fama de cursi a ser una voz radical y universal, las escritora catalana conquista el centro del canon con múltiples homenajes, relecturas y traducciones en todo el mundo. El reto pendiente es que el resto de España decida leerla”. 

El reportaje nos sitúa al principio en la calle de Manuel Angelon, una pequeña travesía del barrio barcelonés de Sant Gervasi, donde “se alzaba la torre donde nació Mercè Rodoreda en 1908, propiedad de su abuelo, Manuel Gurguí, un comerciante devoto que había erigido en el jardín un busto de Jacint Verdaguer, poeta nacional de la Renaixença, el movimiento cultural que impulsó la recuperación del catalán como lengua literaria”. Aquello es hoy un almacén sin encanto, con una fachada exhausta que hoy parece sostenerse por inercia, y donde el reportero ve un símil con el movimiento entre arraigo y pérdida que atraviesa toda la obra de la escritora: “Su prosa, de aspecto limpio y contenido, disfraza de sencillez lo que, en realidad, es una meditación sobre la violencia de su siglo, la metamorfosis necesaria del perdedor y la posibilidad, por pequeña que sea, de sobrevivir”.

Una plaza, la del Diamante, a recordar

Bueno será recordar que “Rodoreda acabaría viviendo lejos de esa Barcelona pequeñoburguesa que la vio crecer”, pues poco antes del fin de la Guerra Civil cruzó la frontera con todo el convoy de intelectuales camino de Francia. Vivió en Burdeos, Limoges y París, “siempre entre pisos prestados y con trabajos precarios”. Después se trasladó a Ginebra, donde escribió “algunas de sus obras más conocidas, como La plaça del Diamant, tal vez el libro más leído del siglo XX catalán”. 

Estos días también se homenajea a Rodoreda en Barcelona con una muestra en la que “se invita a recorrer el imaginario de la escritora a través de documentos históricos, obras de arte (también fue una destacada pintora), fotografías e intervenciones de artistas actuales como Oriol Vilapuig o Cabosanroque”. Y nos recuerda Álex Vicente que el lema con el que Barcelona ha viajado a la FIL es “Vindran les flors/ Vendrán las flores”, precisamente tomado de un relato de Rodoreda. 

Animamos a una (re)lectura de la novela que le dio fama, La plaza del diamante, una buena manera de acercarse de nuevo a esta escritora de la que se hablará a menudo en los próximos meses. Una novela de la que García Márquez dijo que era la “más bella que se ha publicado en España después de la Guerra Civil”, lamentando el desinterés del mundo hispanohablante. 

Sus libros están hoy traducidos a unas 40 lenguas, pero como señala uno de sus editores la paradoja sigue siendo que en el resto de España “se la sigue tratando con una mezcla de distancia y desinterés, pese a que sus traducciones al castellano existan desde hace décadas”. Porque mientras sus libros se traducen en Francia, Alemania o Italia, “país en el que ha protagonizado un fenómeno editorial, y se estudian en universidades de EE UU, donde autores como Colm Tóibín y Jia Tolentino la han elogiado repetidamente en público, Rodoreda apenas entra en la conversación literaria en el mercado español”.

Recordando a una noia en la ciudad

De la autora catalana escribió una biografía una de las autoras que hoy traemos a estas páginas, la periodista cultural y ensayista Mercè Ibarz. Aquel libro biográfico llevaba por título Abeja furiosa de su miel, título prestado de un verso de Rodoreda. Ahora llega traducida a las librerías la última novela de Ibarz, Una chica en la ciudad (en catalán, Una noia a la ciutat), con reseñas en un par de suplementos.

Mercè Ibarz (F: La Setmana del Llibre 2023)

De esta novela escribe Santos Sanz Villanueva en El Cultural que “aborda directamente su autobiografía (…) sin concesiones a la moda de la autoficción”, un género literario que gusta poco al crítico por lo que le hemos leído en otras reseñas. Género este, el de la autoficción, donde se mezcla autobiografía y ficción, siendo el autor, el narrador y el personaje principal la misma persona. 

La novela de Ibarz refleja “medio siglo largo de discreto protagonismo público e incisiva capacidad de observación”, que da para un “recorrido muy personal por sus recuerdos desde los últimos coletazos de la dictadura y hasta hoy mismo”, si bien el crítico hace hincapié, “por tener un mayor valor noticioso”, en la etapa de su vida donde recrea “el ambiente en los medios de comunicación y los cambios que se produjeron en ellos desde los años 80. Aunque también aquí importa la vivencia personal, avalada por significativas anécdotas, para la historia externa del periodismo catalán en aquellos tiempos decisivos. Estos recuerdos se entremezclan con las incertidumbres acerca de lo que a la larga sería su profesión, la escritura, de novelas, por una parte, y de singulares retratos de Mercè Rodoreda, por otra. Están las páginas de Ibarz al respecto entre las más llanas y menos presuntuosas que conozco sobre la forja de un escritor”, escribe Sanz Villanueva.

Señala también el modo admirable en que plasma “el latido urbano, la Barcelona de ayer y la de su transformación posterior. El libro es, en buena medida, un canto de entrañamiento con la capital; una identificación con la geografía urbana mediante la ensimismada contemplación de los lugares. En la mirada de Ibarz late el espíritu de quien, desde joven, suma como carne propia la ciudad a su experiencia vital”.

Y concluye la reseña elogiando su estilo: “El libro está escrito con una prosa de tono conversacional de una flexibilidad sintáctica que elude las rigideces académicas y consigue un encantador efecto de sencillez expresiva para estos originales recuerdos entre el sueño y la memoria”.

En Cultura/s, Julià Guillamon describe la novela como “una experiencia intensamente onírica. Empezando por las referencias al cine y a la fotografía que –para la generación de Ibarz– han sido pantalla de la experiencia interior. Siguiendo por el desdoblamiento: el lector se sorprenderá, seguramente, al constatar que el libro está protagonizado por dos personajes que son la misma persona: uno, Ibarz, periodista y autora. El otro, la noia, a la que se refiere en tercera persona en muchos momentos del libro. Se da un desdoblamiento que tiene que ver con la dimensión narrativa y simbólica del sueño. Y que afecta a la totalidad de amigos y colegas de la autora, citados en el texto con la inicial, incluso L., su pareja, cuya muerte es el destornillador que desenrosca la memoria”. 

Y se ayuda también de la idea del fantasma, “próxima a la imagen fotográfica y cinematográfica”, explica Guillamon, y que tiene un peso muy importante en el libro: “El fantasma conecta pasado y presente, el que fuiste y el que eres, solo y en medio de los otros”, y concluye la reseña destacando cómo “la escritura –esa escritura total que Ibarz lleva a las últimas consecuencias en Una noia a la ciutat– es la respuesta porosa y a veces algo dispersa a la ausencia de los amigos, a la muerte del mundo que se ha conocido y a la vejez. La vida, pasada de nuevo por el corazón”.

La difícil traducción

Jacqueline Crooks (F: Royal Society of Literature)

Defiende Franz G. Matute en El Cultural que “existe toda una tradición literaria sustentada en la invención de su propio lenguaje, ya provenga este deformado de la calle, derive simplemente de la explotación de los diferentes dialectos del mundo o sea obra de la más pura imaginación. La cuestión es que las narraciones que usan estos `neolenguajes´ no solo ponen de los nervios a los señores académicos, sino que traen de cráneo a los traductores, que a la hora de enfrentarse a ellos deberán optar por unas fórmulas u otras, siempre creativas, siempre controvertidas”. Y pone como ejemplos de esta utilización del lenguaje obras como La naranja mecánica, Mumbo Jumbo, Dudo Errante, Omeros, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Breve historia de siete asesinatos… Y a ello añade ahora Prende fuego, la primera novela de la jamaicana Jacqueline Crooks, que reseña para el citado suplemento cultural. 

En todos estos títulos, nos explica, se tuvo en algún momento que tomar la decisión de traducir literalmente lo que los personajes querían decir o apostar por “captar las musicalidades de su habla”.

De la traducción de esta novela al castellano es autor Enrique Maldonado Roldán, una traducción que “no puede dejar indiferente a nadie”, apunta Matute, y de la que se da explicaciones en una nota para los lectores donde se explican los motivos de “ciertas decisiones estéticas (llamémoslas así), alabables sin duda aunque solo sea por los riesgos asumidos, pues serán estos riesgos responsables de que el libro guste más o menos. Defiende el reseñista que “si Prende fuego engancha (y de qué manera) desde la primera página no es solo por la adrenalínica historia de venganzas que contiene sino también por la forma en que está escrita dicha historia”, y añade no tener empacho en “afirmar que estamos ante una novela poética, pero de una poética dura, cercana al realismo sucio; y además de poética la considera “una novela puramente musical”, en la que se capta una imbricación orgánica entre ritmo y prosa. Más de quince años ha estado la autora esculpiéndose esta novela, informa Matute, que concluye su crítica con entusiasmo ante lo conseguido por la debutante Krooks: “estamos ante uno de los textos más fascinantes que uno se ha echado al oído en mucho tiempo”. Por lo de la musicalidad, se entiende.

                                                                                                    E. Huilson

Un comentario en «Mercè Rodoreda: regreso a Barcelona ¿y al resto de España?»

  • Ibarz y Crooks…pueden ser dos diamantes sin plaza…y quizá Rododera más tarde.
    Salud.

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