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Obituario

La monstera que metí en agua hace unos cinco años ha crecido. Cada año le sale una hoja nueva. Suele ser en primavera o verano. Este año le han salido dos. Eso sí, a un precio. La hoja original, la fuente, la madre, la que fue mi monstera, ha muerto. He ido observando como se marchitaba, cada día más arrugada, cayendo casi hasta tocar el suelo. Su color ha ido transformándose de ese verde botella de hoja madura, adulta, a un amarillo enfermizo, irregular, seco. 

Hoy por fin ha muerto del todo. Con solo un roce se ha soltado, despegado, amputado del resto de la planta. Me da pena. Con ella empezó todo. Este experimento botánico al que llamo “monster monstera”, que ha visto tres pisos londinenses, sobrevivido a dos mudanzas. 

Quizás sea también un buen recordatorio de no apegarse a lo que ya no hace falta apegarse, de aprender a dejar ir, de entender la muerte como parte de la vida y no como su antónimo. 

PAULA

Un comentario en «Obituario»

  • Paula, eres la reina de los cotidiano, más aún, la notaria del día a día de una ser humana.

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